Fue en 1959. Un año antes Venezuela había salido de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y gobernaba Rómulo Betancourt, quien derrotó en elecciones libres y democráticas a Wolfgang Larrazábal Ugueto.

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Larrazábal encabezó el movimiento que terminó con Pérez Jiménez en Miraflores, formó parte de la junta que se instaló posteriormente y renunció a esa posición para medirse en las elecciones apoyado por el partido de Jóvito Villalba, Unión Republicana Democrática.
Un gran sector político e intelectual veía con simpatía el triunfo de “los barbudos de Sierra Maestra” y Larrazábal habría apoyado con pertrechos a Castro, quien llegó de visita a Caracas 22 días después de su triunfo. Pero esa es otra historia.

Entre los jóvenes cubano que se “emborracharon” con el triunfo de la revolución estaba el escritor Carlos Alberto Montaner , quien recuerda que se sentía “muy feliz” y junto a un grupo de muchachos como él compartió esa alegría con el abogado Óscar Gans, quien había sido Primer Ministro de Carlos Prío, el último presidente constitucional cubano y “tenía fama de honrado e inteligente”. Gans lo escuchó “y sólo atinó a decirnos una frase enigmática que no he olvidado: ‘las revoluciones son como las grandes borracheras … el problema es la resaca’”.

Y es que luego de la algarabía los cubanos y el mundo comenzaron a vivir “la resaca” o “el ratón” como se dice en Venezuela.

En palabras de Montaner: “Estábamos en manos de unos revolucionarios iluminados, guiados por consignas aprendidas en los cafetines, dispuestos a cambiar a punta de pistola las señas de identidad de una sociedad que tenía varios siglos de existencia. Un país que, hasta ese momento, a trancas y barrancas, había sido receptor neto de inmigrantes, el mejor índice que se conoce para medir la calidad de cualquier conglomerado humano”.

En Venezuela “la resaca” se tradujo en el apoyo que dio Fidel Castro a grupos subversivos que intentaron derrocar a Betancourt quien recibió en Miraflores a Castro el 23 de enero de 1959 y le negó mayor respaldo. Pero, repito, esa es otra historia.

En Cuba, Fidel Castro gobernó hasta noviembre de 2016, tenía 90 años. Lo siguió su hermano, Raúl Castro, quien sigue en poder tras bambalinas.

Lo que no logró Castro con Betancourt lo consiguió 30 años después con Hugo Chávez Frías y luego con Nicolás Maduro.

El tango dice que “veinte años no es nada” pero 60, es más de medio siglo, especialmente si se está en el poder de una nación.

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