La aplicación de la que dependen Uber, Coca-Cola, WhatsApp y otras 40.000 empresas

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El 15 de septiembre de 2008, Jeff Lawson estaba a punto de reunirse con dos posibles inversores de Silicon Valley.

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Pero la noche anterior había colapsado el Lehman Brothers, dando origen a la última gran crisis financiera: la de las hipotecas subprime.

“Entramos y fue como si se cerraran los talonarios. La gente se preguntaba: ‘¿Se está acabando el mundo?'”, recuerda Lawson

“Mis cofundadores y yo nos miramos y pensamos: ‘Tal vez fue una mala idea. A lo mejor todo esto es una estupidez ‘”, continua.

La idea que tuvo el emprendedor y sus colegas Evan Cooke y John Wolthuis fue crear un software empresarial que ayudara a las empresas a automatizar las comunicaciones con sus usuarios, ya fuera por mensaje de texto, llamadas telefónicas o videollamadas.

Twilio, con base en San Francisco, California, cotiza en la Bolsa de Nueva York y está valorada en más de u$s1.400 millones .

Con unos ingresos anuales de u$s650 millones en 2008, entre sus miles de clientes –más de 40.000, según su sitio web– están Uber, WhatsApp, Coca-Cola, AirBnB, Twitter, eBay y la cadena de supermercados británica Marks & Spencer (M&S)

Cuando recibís un mensaje de tu conductor de Uber, la tecnología de Twilio es la que hace posible esa interacción.

El éxito de Twilio todavía se veía muy lejano en 2008. Cuando la financiación falló, Lawson afirma que sintió como si la compañía, en la que habían comenzado a trabajar en marzo de ese mismo año, hubiera regresado al punto de partida.

Determinados a conseguir su sueño, él y sus cofundadores tomaron dinero prestado de familiares y amigos y comenzaron a desarrollar un MVP, mínimo producto viable. Era, en definitiva, la reencarnación más básica de su idea.

Una vez que se agotó el financiamiento, el emprendedor vendió sus regalos de boda con el consentimiento de su mujer Erica.

El primer cliente de Twilio fue un hombre que había diseñado un sitio web para ayudar a la gente a encontrar sus celulares perdidos. Podías visitar la página, introducir un número, pagar u$s1 y hacer sonar tu teléfono.

Jeff y sus colegas hicieron de este proceso algo más automático. El proyecto no iba a cambiar el mundo, pero un cliente es un cliente.

El gran salto

En noviembre de 2008, Twilio logró un gran paso hacia adelante cuando presumió de su tecnología gastándole una broma a uno de los blogueros tecnológicos más importantes del momento, Michael Arrington , fundador del sitio de noticias TechCrunch.

Lo llamó por teléfono, haciéndole sonar la canción de pop ” Never Gonna Give You Up” del cantante británico Rick Astley. En esa época, se puso de moda hacer sonar ese tema inesperadamente, un fenómeno de internet al que se llamó “rickrolling”.

La publicidad que ganó Twilio le permitió llamar la atención de la discográfica Sony Music, que llamó a Jeff al día siguiente.

“Había un tipo que era el gerente de una de sus marcas”, dijo Lawson, quien ahora tiene 41 años.

“Y me dijo: ‘Mira, estamos tratando de hacer una pequeña promoción en la que una banda grabe un mensaje de voz y se lo podamos enviar a los fans que lo pidan. ¿Podemos hacerlo?'”, recuerda.

“Le dije: ‘Sí, por supuesto. Nunca había escuchado una idea así'”, completa.

Con Sony Music como nuevo cliente, el emprendedor pudo volver a hablar con los inversores que antes le habían rechazado. Esta vez, le dijeron que sí y Twilio obtuvo u$s1 millón de capital semilla en 2009.

Creció hasta alcanzar los u$s261 millones en inversiones y en 2016 debutó en el mercado de valores. Hoy, tiene 16 oficinas en 10 países de todo el mundo y 1.275 empleados.

El modelo de negocio de Twilio le permite cobrar a las empresas por cada comunicación con un cliente.

Por un simple mensaje de texto en EE.UU., la tarifa es de US$0,0075. Eso no parece mucho, pero cuando una empresa envía mensajes a sus decenas de millones de clientes, pronto suma.

Un empresario precoz

Jeff creció en Detroit, Michigan, y su carácter emprendedor ya estaba latente cuando tenía 13 años. A esa corta edad lanzó una compañía de producción, pese a que no sabía muy bien cómo funcionaba.

“Mi primer evento fue una fiesta de cumpleaños de un niño de 3 años. En ese entonces había acabado la secundaria y hacía videos para bodas con los que ganaba u$s15.000. Así que cuando me gradué en la escuela secundaria ya tenía muchos ahorros”, cuenta a BBC.

También aprendió a programar cuando era un adolescente y escribió programas informáticos para la empresa de su padre, la cual proporcionaba software para impresoras industriales.

Jeff hizo después un curso de ciencias informáticas y de grabación de videos en la Universidad de Michigan.

Entre sus intereses empresariales destacó la dirección de una compañía llamada Notes for Free , que ofrecía a los estudiantes una nueva manera de compartir notas y material para estudiar en internet.

Más adelante ocupó altos cargos en la firma de venta de boletos StubHub y en Amazon, antes de que naciera la idea de Twilio.

El éxito de la empresa se debe en parte a haber nacido en el momento perfecto, pues emergió justo cuando las empresas se dieron cuentan de que los clientes, sobre todo los más jóvenes, preferían recibir un mensaje de texto a tener que hacer una llamada telefónica.

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Sin embargo, no todo fue color de rosas. Las acciones de Twilio cayeron en 2016 y 2017 al no alcanzar los objetivos de Wall Street.

 

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