Gana demanda a una universidad que la despidió por “gritona”

Después de que en la Universidad de Exeter de Reino Unido despidieran a la doctora Annette Plaut cansados de sus gritos, tras 30 años como docente en la institución, la física se dio una batalla judicial que finalmente terminó a su favor, gracias a sus argumentos de “racismo”.

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El tribunal laboral encontró injusta la decisión de despido luego de que la académica alegara que su voz “naturalmente fuerte” había sido heredada de sus padres alemanes y su crianza judía de Europa del Este. Por tanto, catalogaba las críticas a su estilo de conversación como “discriminatoria y racista”.

Ella describió que la física la apasionaba tanto que cuando hablaba sobre esos temas era “intrínsecamente ruidosa”, “naturalmente argumentativa con interrupción” y usaba muchos gestos con sus manos. E insistió en que “no había nada que pudiera hacer al respecto”.

La física argumentó que las razones de su despido eran racistas pues su alto tono de voz era parte de su herencia cultural.

Sin embargo, eso no gustaba a muchos colegas de la institución educativa, que la encontraban “autoritaria” y “muy incómoda” de tratar, pese a que a la mayoría de sus estudiantes les gustaba su estilo al enseñar.

Plaut alegó que para ella era ofensivo e insultante que digan que su volumen de voz es alto, ya que es un “racismo inconsciente”, pues proviene directamente de su educación cultural inherente.

Las críticas a su voz venían de tiempo atrás, pues ya había recibido varias citaciones y posteriores acuerdos con la oficina de Recursos Humanos. Incluso en 2019 había sido suspendida por mala conducta con sus estudiantes por los gritos.

Después de varios incidentes, un día una estudiante de doctorado pidió que le cambiaran de profesora, y el departamento le dijo falsamente que solo lo podían hacer si presentaba una queja contra la doctora Plaut.

Entonces, luego de una audiencia disciplinaria realizada en diciembre de 2019, sus jefes determinaron que con sus gritos le causaba estrés y ansiedad a los estudiantes de doctorado, y tomaron eso como excusa para despedirla.

Pero el juez de empleo Paul Housego no pensó lo mismo. Encontró a la universidad culpable de acoso, victimización y despido injusto.

“Esta es una organización muy grande, de muy alta reputación, y se esperan altos estándares profesionales en el manejo de las carreras de sus académicos. Las cosas buenas que había hecho a lo largo de los años no tenían peso”, dijo.

Ahora, la doctora Plaut recibirá una compensación por los perjuicios sufridos. Ella fue la primera mujer en integrar el departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Exeter, en 1990. Sus padres salieron de Alemania antes de la Segunda Guerra Mundial.

La universidad, a través de una vocera que habló con The Guardian, dijo que apelarán la decisión ante el tribunal de apelaciones laborales porque “creemos que hay inexactitudes en esta sentencia”.

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