Si hay un aragüeño consciente de su misión en el planeta, ese es Andrés Arteaga Camacho, que aunque es oriundo de Choroní, desde hace ocho años echó raíces en Cuyagua, otro pueblo costero, pero del municipio Ocumare de la Costa y desde su llegada, por causalidades de la vida, se ha encargado de devolverle los maravillosos cocoteros a la playa.

El proyecto de Andrés tiene nombre, uno simple, pero gigante en propósito: «Reciclaje Cuyagua». Desde este espacio a pocos metros del mar, se ha dedicado a mantener un vivero donde reproduce plantas frutales como el coco, el almendrón y la uva de playa, para luego sembrarlos donde haga falta.
Pero, adicional a esto, su pintoresca y acogedora casita, es una muestra de las maravillas que puede hacer el hombre si se plantea proteger la naturaleza. Con materiales de reciclaje, construyó paredes, su cama, su cocina. Solo le bastó recoger las botellas que los turistas faltos de conciencia dejan en la costa.
Aunque muchos no ven la importancia del trabajo de Andrés, más allá, de contribuir a la sombra a orilla de playa y unos cocos magníficos para bebidas refrescantes, los cocoteros son fundamentales por su capacidad de estabilizar el suelo arenoso mediante sus extensas raíces, actuando como barrera natural contra la erosión costera, vientos y tormentas.
«La intención mía de sembrar en la playa es porque yo quiero que la superficie se endurezca a la orilla del mar con las raíces de los cocos; ya que el mar está hundiendo la playa. Al sembrar coco a la orilla del mar, las raíces por debajo de la corteza terrestre harán que cuando haya un mar de leva traiga arena y pueda subir el nivel y el mar se puede echar más hacia allá automáticamente, sin piedras, sin máquinas, sin destruir», dijo Arteaga al equipo reporteril del diario elsiglo.
En este sentido, el hombre recordó con cariño a su amigo Paracoto, conocido por los lugareños como «El Rey del Coco», que fue quien inició esta labor. «Cuando murió, seguí con este trabajo; a él le decían el Rey y a mí me decían el General», relató.
CASI 2.000 PLANTA SEMBRADAS
En ocho años, el esfuerzo de este «reino de los cocos», como le llamó Andrés de manera jocosa, ha dado como resultado 1.859 plantas sembradas, incluyendo las que no han prosperado.
Otra de las ventajas de este vivero es que ya se siente en la capacidad de poder proveer a otras organizaciones para seguir sembrando incluso en otras playas. «Siempre y cuando haya suficiente y haya semillas, yo puedo proveerles a cada lugar cierta cantidad de cocos, uva de playa y almendrón», dijo.
En cuanto a su casa hecha con materiales reciclados, dijo lo siguiente: «Es para mostrarle a la gente que no solamente puede depender de bloques, cemento, de cabillas; puede usar el reciclaje como botellas de plástico, vidrio. Porque esa casa que yo hice evitó cabillas, evitó hierro que se extrae y al mismo tiempo son botellas que se recolectan de la playa», detalló.
Sin embargo, este nivel de conciencia no resulta sencillo, significa sentirse comprometido con una causa en la que se necesitan muchas manos, pero son pocos los que se suman, sin embargo, hay quienes no se rinden. «Hablando incoherencias, yo había pensado que necesito mínimo 300 años para lograr lo que quiero hacer en el planeta Tierra», dijo Andrés.
«Yo quisiera lograr que la humanidad tome en cuenta a la madre naturaleza, que es la que le da soporte. Yo veo que la raza humana trata a su planeta como si tuviera otro esperándolo. Contaminan el mar, contaminan el aire y después andan rezando por un milagro», continuó el hombre en su mensaje.
LA AYUDA LLEGÓ
Recientemente, un video en redes sociales, publicado por el reconocido fotógrafo venezolano Isaac Paniza, recorrió el mundo; actualmente lleva casi 700.000 reproducciones solamente en Instagram. A través de este audiovisual, Arteaga solo pedía apoyo con las bolsas de vivero, abono y otros implementos que las personas pudieran donar para continuar con la labor de reproducir estos árboles.
Aunque no han sido multitudes los que han decidido ayudar, el buen corazón del venezolano se ha hecho presente. Este domingo 22 de febrero, la organización pro ambientalista Ecoembajadores, logró establecer una alianza entre el vivero de Padres y la Compañía Nacional de Reforestación, quienes hicieron una donación de bolsas y abono.
Tres ecoembajadoras se encargaron de trasladar este donativo hasta la población de Cuyagua, donde Andrés celebró el hecho de que su mensaje estuviera llegando a más personas.
«Me llegó una donación de bolsas de Ecoembajadores y estoy agradecido también con la Compañía Nacional de Reforestación CONARE que facilitaron esas bolsas. Les aseguro que les voy a sacar provecho en beneficio del bien, se lo puedo garantizar», expresó el hombre.
Por otra parte, mencionó el compromiso de estas organizaciones de monitorear su trabajo y brindarle apoyo y asimismo, estrechar lazos para reforestar en otras zonas. «Eso me alegra mucho porque entonces siento que no estoy solo y tengo menos miedo de continuar, porque para hacer lo que yo hago tienes que ser valiente y tienes que tener fuerza de voluntad», acotó.
«Me donaron casi 1.000 bolsas y comida, eso me incrementó las ganas de seguir adelante porque yo lo veo como una señal. He llegado a la hipótesis de que hay algo invisible que está conspirando conmigo para que yo haga esto. hay algo que no se ve que me está apoyando y me está ayudando, que es más poderoso que un general, que un capitán, que una palanca o dinero. Algo divino, que también está interesado en que la humanidad despierte y se ponga las pilas y empiece a apreciar la naturaleza antes que sea tarde», finalizó Andrés.
El mensaje de este ciudadano común, que sin temor a nada, se ha dedicado a hacer algo por el planeta, deja entredicho, que la humanidad no se ha perdido y que todavía hay acciones que están al alcance de todos, para contribuir y salvar esta casa que es la Madre Tierra.
CHIQUINQUIRÁ RIVERO | elsiglo









