En un emotivo encuentro que celebró la esencia de la familia aragüeña, el parque Las Cocuizas, en la emblemática zona que da el inicio hacia la costa de Choroní, se convirtió este domingo en un faro de alegría.

Entre el murmullo refrescante del río y las risas vibrantes de niños, adolescentes y de sus representantes que hacen vida en la entidad, se pudo develar un recordatorio poderoso: «la sonrisa de un infante es, sin duda, el motor más invencible de nuestra sociedad».
Más allá del festejo, fue un acto de fe y resistencia. Para los aragüeños el parque no es solo un espacio natural, sino un legado vivo. Belkis Rodríguez, madre y abuela, compartió con nostalgia cómo ella misma disfrutaba de esos paisajes en su juventud junto a su familia y ahora ella es el vivo ejemplo de cómo la tradición pasó de generación, inculcando lo verdaderamente bonito que es recordar su juventud con cariño.

También enfatizó la importancia vital de proteger la salud mental de los más pequeños: «Hay que preservar su paz y su alegría, evitando que absorban las tensiones del mundo adulto. Ellos merecen disfrutar plenamente de su niñez», reflexionó.
Es un día que te invita a valorar el significado de ser padres. Pero sobre todo de agradecer por tu familia y Las Cocuizas es muestra de ello, ya que te hace volver a ese niño interior que jamás debe de olvidarse.
Ciro José Correa, quien hace vida en la comunidad, resaltó la responsabilidad compartida de cuidar y proteger a las nuevas generaciones. «Ver a un niño sonreír es ver la libertad en su estado más puro. Esos seres nobles, que necesitan afecto de sus padres, ya que los niños son la promesa del mañana», expresó con convicción.
Por su parte, Leudy Delgado envió un mensaje de fortaleza que resonó entre los asistentes: «a pesar de las dificultades, siempre tenemos que levantarnos». Para Delgado, es imperativo realzar y rescatar las tradiciones venezolanas que rinden homenaje al amor que los niños entregan diariamente a sus familias.
El evento cerró con una invitación abierta de Luz Maira Delgado, a seguir compartiendo en familia en los espacios naturales de El Castaño y Las Cocuizas, reafirmando que la unión familiar es la bendición más grande.
En este rinconcito que nos regala Maracay, quedó claro que los niños son, en palabras de sus propios protagonistas, «la alegría que nos alegra el corazón», y que su felicidad es, y será siempre, la de todo un país. Porque, son los pequeños cimientos del futuro de una nación que se niega a rendirse.
YAJAIMAR OJEDA / elsiglo
CJL
