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Comerciantes se mostraron satisfechos porque las ventas estuvieron buenas

El centro de Maracay celebró el Día del Niño entre nostalgia y esperanza que entrelaza la alegría festiva con la reflexión tras los recientes sucesos en el país, las calles se llenaron de globos y corazones felices.

Comerciantes se mostraron satisfechos porque las ventas estuvieron buenas elsiglo.com.ve
Comerciantes lograron vender con optimismo

Los comerciantes y familias se volcaron a la calle con una convicción: de proteger la magia de la infancia. El comercio local se convirtió en escenario de afecto y tradición.

En el Mercado Social Ayacucho, Elvira Vargas, comerciante, trabajó con mucho optimismo, ofreciendo desde indumentaria deportiva hasta piezas personalizadas. Vargas manifestó que, «La vida continúa y tenemos que seguir adelante». Recordando que la fe sigue siendo el motor para sobrellevar las dificultades.

La experiencia de oficio se hizo presente en la voz de Fanny Domínguez, quien con casi 40 años en el comercio calificó las ventas como «buenas» que lograron vender algo, desde el día viernes. «Los niños siempre son los reyes», afirmó Domínguez, resaltando además que el esfuerzo de los padres por comprar un detalle es, en sí, un acto de amor que preserva la tradición.

Entre globos coloridos engalanaron a la ciudad jardín

Consciente de la realidad económica, María León resaltó la importancia de la accesibilidad: globos desde 1.000 bolívares y cotillones de chucherías desde 1.500 bolívares, tacitas en 6 dólares al cambio del día en al BCV, opciones pensadas para que más familias puedan llevarse un pedacito de ilusión. «Se me arruga el corazón cuando recuerdo las tragedias, pero estos días de ‘zafra’ son fundamentales para iluminar los hogares», confesó.

Para algunos comerciantes la decisión de salir a trabajar estuvo teñida de dudas en este contexto post-terremoto. «Fue difícil, pero lo hicimos por la magia que el niño espera», explicó Leisa Bocourt. Su convicción y la de otros vendedores fue clara: honrar a los niños -y a quienes ya no están- es una forma de resistencia y memoria. «Somos del tamaño del compromiso que nos toque asumir», añadió Bocourt.

El cierre de la jornada dejó una lección sencilla, pero potente: la prosperidad auténtica nace del servicio y de la capacidad de sostener la esperanza. Las calles del centro, adornadas de colores y amor, confirmaron que en Venezuela la alegría sigue siendo un acto cotidiano de coraje y entrega, y que el regalo más valioso para los reyes de la casa es el sentirse amados por los seres que admiran.

YAJAIMAR OJEDA / elsiglo

CJL