Los peces se están volviendo adictos a las metanfetaminas arrojadas a los ríos

La exposición directa a metanfetaminas y otras drogas ilícitas provoca adicción en las truchas salvajes, lo que compromete su reproducción y alimentación.

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La prescripción siempre representa un duelo personal. Asimilar el hecho de que necesitamos consumir algún tipo de fármaco para recuperar la estabilidad de nuestro sistema nervioso compromete. Aunque los fármacos pueden ser la solución a nuestro problema, los alicientes ecológicos de este consumo han traído consecuencias en la vida del planeta, antes ignoradas. Algunos peces ya son adictos a las metanfetaminas arrojadas a los caudales fluviales, como consecuencia de la contaminación que estos generan al entrar en contacto con ellos.

El agua no se lo lleva todo

De acuerdo con el Reporte Mundial de Consumo de Drogas de Naciones Unidas, un aproximado de 269 millones de personas al año utilizan algún tipo de fármaco. Al mismo tiempo, la misma cantidad de población secreta estas sustancias, que eventualmente llegan por el desagüe a los cuerpos de agua dulce. Es ahí donde interactúan con las especies que ahí habitan.

A diferencia de lo que podría creerse, las plantas de tratamiento de aguas no pueden filtrar estas sustancias nocivas para la vida silvestre, según un estudio realizado en la República Checa. De esta manera, una vez que los residuos llegan a los ríos y aguas costeras, las especies que habitan en esos ecosistemas no cuentan con una barrera que les permita tener agua purificada.

Los investigadores consideraron específicamente el caso de la trucha marrón salvaje, notablemente afectada por la exposición a metanfetaminas en el río. Las concentraciones de estas drogas ilícitas en las aguas les han generado una poderosa dependencia, según la evidencia recopilada directamente en los cerebros de los animales.

elsiglo

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