Aunque de manera discreta, ya arrancó la demanda de pescado salado o seco en Maracay. De cara a la temporada de Semana Santa, los comerciantes del sector indicaron que las ventas han comenzado a fluir, especialmente durante los fines de semana. El Mercado Libre de la ciudad se convierte así en el espacio que mide la capacidad adquisitiva de los consumidores frente a la tradición cuaresmal.

OFERTA VARIADA PARA TODOS LOS BOLSILLOS
Belquis Castro explicó que su estrategia comercial se basa en la diversificación de productos para atraer a clientes con distintos presupuestos.
La comerciante ofrece pescado rayado, uno de los más cotizados por su densidad cárnica, a 4.500 bolívares, lo que equivale a unos 10 dólares según la tasa del BCV.
También tiene disponible dorado a 3.600 bolívares (aproximadamente 8 dólares) y curvina, una opción más económica debido a su cantidad de espinas, cuyo precio ronda los 6 dólares.
«Las ventas se activan los fines de semana, que es cuando la gente tiene más liquidez», comentó Castro, quien añadió que los clientes pueden llevar desde medio kilogramo hasta porciones familiares. La comerciante lleva tres semanas con inventario disponible, lo que le ha permitido anticiparse al pico de demanda que se espera para los días previos a la Semana Mayor.
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OBSTÁCULOS EN LA CADENA DE SUMINISTRO
Por su parte, Julio Hernández destacó que su negocio funciona «de enero a enero», pero este año enfrenta serias dificultades para abastecerse. El comerciante, que aún mantiene su local en fase de adecuación, denunció que los mayoristas exigen el pago en dólares en efectivo, marginando a quienes operan con bolívares.
«Los proveedores ignoran a los que no tenemos divisas; están reteniendo la mercancía para liberarla más cara cuando se acerque la fecha», afirmó Hernández. La inestabilidad cambiaria impide fijar precios estables, lo que genera temor a la descapitalización al momento de reponer existencias.
REALIDADES PARALELAS
Mientras Castro ya capitaliza los fines de semana con inventario consolidado, Hernández permanece a la espera de que se regularice el suministro. Esta fragmentación evidencia un mercado a dos velocidades, donde el acceso al producto depende más de la capacidad de pago en divisas que de la planificación comercial.
La tradición del pescado seco en Semana Santa sigue vigente, pero el éxito de la zafra dependerá de que los mayoristas liberen inventarios en condiciones que no excluyan al pequeño comerciante.
RODOLFO GAMARRA | elsiglo
