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Vialidad en ruinas marca la cotidianidad en Unisol I

Lo que alguna vez fue proyectado como uno de los desarrollos urbanísticos con mayor potencial en el municipio José Félix Ribas, hoy exhibe una realidad muy distinta. En el sector La Chapa, específicamente en la comunidad Unisol I, sus habitantes denuncian el progresivo deterioro de la mayoría de sus vías de acceso, una dificultad, que según explican, los ha acompañado prácticamente desde la fundación del urbanismo.

Las calles permanecen en franco estado de deterioro

Residentes consultados coinciden en que, en sus inicios, Unisol I prometía convertirse en una de las mejores zonas residenciales de la localidad, tanto, que familias comenzaron a levantar sus viviendas con la esperanza de consolidar un espacio organizado, con servicios y vialidad adecuada.

Sin embargo, con el paso de los años, ese proyecto inicial fue quedando rezagado, especialmente en lo que respecta al asfaltado integral de sus calles.

«Aquí nunca hemos tenido una jornada de asfaltado completa», aseguró Ricardo Torres, quien tiene al menos dos décadas residenciado en el sector. «Desde que llegué, lo único que hemos visto es la visita de algunas autoridades, pero no se concreta nada que realmente mejore nuestras calles», expresó.

Actualmente, los vecinos señalan que la única vía que se encuentra en estado «Aceptable» es la calle principal de Unisol; el resto de las arterias internas presenta un panorama desigual: Tramos de tierra, pequeñas capas de asfalto deteriorado y hundido, y zonas donde el pavimento prácticamente desapareció bajo el polvo acumulado.

En este sentido, los vecinos indican que la situación no sólo afecta la estética del urbanismo, sino también su calidad de vida. Durante la temporada seca, el polvo se convierte en un elemento constante que invade hogares y dificulta la permanencia en espacios abiertos.

«Hay días en que el polvo es insoportable, entra por puertas y ventanas. No se puede ni barrer porque vuelve y se levanta», comentó  María Díaz.

En contraste, cuando llegan las lluvias, el escenario cambia, pero no mejora; el polvo se transforma en lodo espeso que complica el tránsito peatonal y vehicular. Conductores deben maniobrar con precaución para evitar quedar atascados, mientras que peatones, incluyendo adultos mayores y niños, sortean charcos y zonas pantanosas para poder movilizarse.

Paradójicamente, Unisol I cuenta con otros servicios que los habitantes califican como relativamente estables, disponen de recolección de desechos sólidos, una distribución de agua por tubería considerada buena por los vecinos y un sistema de alumbrado público que, aunque perfectible, cumple su función en la mayoría de las calles. No obstante, el problema vial se mantiene como la principal preocupación comunitaria.

«Tenemos agua, tenemos luz, pasa el aseo. Pero las calles siguen igual. Es como si el urbanismo se hubiese quedado a medias», manifestó Torres.

Más allá del malestar diario, los vecinos advierten que el deterioro de las vías también impacta en el valor patrimonial de sus viviendas y en la imagen general del sector. Lo que en su momento fue visto como un espacio en crecimiento, hoy proyecta una apariencia de abandono, que contrasta con el esfuerzo que cada familia ha invertido en mejorar sus hogares.

Los habitantes esperan que este problema sea resuelto o por lo menos que entre en proyectos de atención

A juicio de los habitantes, la solución no requiere intervenciones parciales, ni paliativos temporales, sino un abordaje integral que contemple nivelación del terreno y asfaltado adecuado en todas las calles internas del urbanismo. Insisten, en que no se trata de una exigencia reciente, sino de una deuda acumulada durante años.

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Ante este panorama, quienes residen en Unisol I hacen un llamado respetuoso, pero firme a las autoridades competentes del municipio Ribas, a fin de que evalúen la situación y se incluyan estas vialidades dentro de los próximos planes de recuperación urbana.

Para ellos, mejorar las calles no sólo significaría optimizar el tránsito, sino también dignificar el espacio donde han construido su vida familiar. «No pedimos lujos, sólo queremos calles en condiciones, que estén a la altura de la comunidad que somos».

Mientras tanto, en La Chapa, el polvo y el barro continúan marcando el ritmo cotidiano, de un sector que aún espera que el proyecto urbanístico que un día prometió progreso pueda, finalmente, completarse.

DANIEL MELLADO | elsiglo

RG