El doble sismo que estremeció a Venezuela el 24 de junio, pasó por San Francisco de Asís sin dejar grietas en las paredes de los comercios, pero sí una profunda huella en el ánimo de sus habitantes. Los negocios locales resistieron el movimiento telúrico sin pérdidas de inventario ni daños estructurales, aunque ahora enfrentan un desafío inesperado: la angustia de la población ha cambiado sus hábitos de consumo.

El temblor se sintió con fuerza en esta población del estado Aragua. Sin embargo, los testimonios de los comerciantes coinciden en un punto: las edificaciones se mantuvieron en pie sin mayores consecuencias. «Afortunadamente se sintió como en la mayor parte del país, pero sin ningún estrago que lamentar. No hubo ni rajadura ni pérdida de mercancía… más allá del susto», relató Gerson Hernández, comerciante frente a la Plaza Bolívar.
Aunque la infraestructura comercial no sufrió daños, el impacto psicológico ha golpeado la economía local. Hernández explica que las ventas han disminuido notablemente porque la gente ha redirigido su dinero hacia reparaciones de vivienda y necesidades básicas. «Han bajado bastante… la gente se está dedicando más a lo esencial», aseguró el comerciante, reflejando la preocupación de un sector que ve menguar sus ingresos.
RECUPERACIÓN DESIGUAL
Mientras algunos negocios enfrentan una caída en sus ventas, el sector agropecuario muestra una realidad distinta. Luis Miguel Sojo, comerciante del rubro que lleva cuatro años en el pueblo, afirmó que su local también salió ileso del sismo. «No hubo afectación más allá del susto», comentó Sojo, quien además reportó un flujo constante de más de 200 personas al día.
Sojo califica su situación económica como satisfactoria, a pesar del contexto nacional adverso. «A pesar de las dificultades, no nada más el terremoto y la situación económica del país, bueno, se ha mantenido satisfactoriamente», destacó el comerciante, evidenciando que los rubros esenciales mantienen su dinamismo.
ANGUSTIA QUE PESA
La diferencia entre ambos testimonios revela un patrón claro: el comercio que satisface necesidades inmediatas resiste mejor la crisis. Mientras que los negocios de bienes no esenciales sufren la reorientación del gasto familiar hacia la prevención. El temor latente entre los habitantes continúa siendo un factor determinante en sus decisiones de compra.
Los comerciantes de San Francisco de Asís enfrentan ahora un reto que va más allá de la reconstrucción física. La confianza de los consumidores, golpeada por el susto del movimiento telúrico, tarda en recuperarse.
RODOLFO GAMARRA | elsiglo
fotos JOEL ZAPATA
