Entre los múltiples apostolados que lleva adelante la Congregación Hermanas Agustinas Recoletas del Sagrado Corazón de Jesús, una de las obras más sensibles y conmovedoras es el Servicio Maternal, un espacio donde las religiosas acogen a niños en situación de vulnerabilidad y les brindan no sólo atención y cuidados, sino también amor, educación y formación en valores.

La hermana Roselvi Cabrera, quien presta servicio en esta área, explicó que la labor que se realiza va mucho más allá de lo asistencial.
«Aquí cuidamos de los pequeños, estamos pendientes de sus medicinas, de sus visitas al médico, de su progreso escolar. Se les brinda un ambiente de aprendizaje, recreación y cariño. Tienen su rutina diaria, se levantan, desayunan, juegan, aprenden y nosotras siempre estamos con ellos, acompañándolos en todo momento», comentó.
El Servicio Maternal funciona como un verdadero hogar temporal para niños y niñas remitidos por el Consejo de Protección del Niño, Niña y Adolescente, quienes llegan a este lugar tras vivir situaciones difíciles.

«Aquí atendemos a los niños que nos envía el Consejo. Algunos permanecen por un tiempo y luego son reubicados, otros se quedan más tiempo con nosotras. Hemos llegado a tener entre diez y doce pequeños, aunque actualmente son seis», detalló la hermana Cabrera.
Las religiosas les brindan atención integral, que incluye alimentación, educación, acompañamiento emocional, terapia ocupacional y atención psicológica, todo en un ambiente lleno de fe y calidez humana.
El objetivo principal del Servicio Maternal no es sólo cuidar, sino formar en valores a los niños, guiándolos en su crecimiento emocional y espiritual.
«Más allá de atender sus necesidades materiales, procuramos darles lo que más carecen, amor. Ese amor de Dios que tratamos de transmitirles cada día. Nosotras nos donamos completamente para ellos, en caridad, en servicio y en entrega», expresó la religiosa.
Las hermanas, junto al equipo de trabajadoras y voluntarios se convierten en una familia para los pequeños, quienes encuentran en ese espacio la seguridad, la ternura y la atención que en muchos casos la vida les ha negado.

Esta labor, fiel al espíritu de la Madre María de San José, fundadora de la Congregación, se sostiene sobre el principio agustiniano del amor en acción, «servir al necesitado es servir al mismo Cristo».
En ese sentido, el Servicio Maternal es una extensión viva del legado de esta mujer venezolana que dedicó su vida a los pobres, enfermos y huérfanos.
«Cada sonrisa, cada abrazo de estos niños es un reflejo de la presencia de Dios entre nosotros. Y cada día que pasamos con ellos reafirma nuestro compromiso de seguir cuidando, educando y amando con todo el corazón», concluyó la hermana Roselvi Cabrera.
HERNÁN GONZÁLEZ
GM
