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Las arepitas dulces siguen siendo símbolo de Villa de Cura

En medio de los vaivenes económicos y la constante lucha de los emprendedores por sostener sus oficios, la venta de arepitas dulces continúa siendo una opción firme y querida por los habitantes de Villa de Cura, municipio Zamora.

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Las arepitas dulces siguen siendo las consentidas de los villacuranos

A medida que se acerca diciembre, las plazas, esquinas y puestos improvisados del centro del pueblo comienzan a llenarse de ese característico aroma a papelón y anís que anuncia la llegada de las fiestas navideñas.

Entre las vendedoras más conocidas se encuentra Thaís Maestre, quien lleva 22 años dedicándose a este oficio, que más que un sustento económico se ha convertido en una tradición familiar y cultural.

«Vamos a decir que vamos a la par de la inflación, pero gracias a Dios estamos esperando la víspera de la Navidad, las misas de aguinaldo. Por lo menos se han recuperado algunas ventas en estos meses, y siempre con la voluntad de Dios seguimos trabajando todos los días positivamente, haciendo un buen trabajo para que la gente quiera y le gusten las arepitas dulces», comentó Maestre.

Thaís Maestre

Asimismo, relató que se inició en este oficio siendo apenas una muchacha y desde entonces ha visto pasar generaciones completas disfrutando de su producto.

«El 23 de marzo del año que viene cumplo 23 años llevando esta tradición a mi pueblo. He tenido hasta vendedores, he ayudado a muchas personas, he trabajado en vendimias, he hecho labores sociales y he dictado talleres en escuelas e instituciones para que la tradición no se pierda», aseveró.

Con la llegada de diciembre y las misas de aguinaldo, la vendedora espera un repunte en las ventas, pues asegura que estas fechas son «una bendición para quienes vivimos del trabajo diario».

«Con fe, esperamos que la Navidad se lleve a cabo de una manera positiva, para que uno pueda llevar esa alegría a la familia», añadió.

En cuanto a los desafíos del oficio, la vendedora reconoció que la fluctuación del dólar ha impactado la rentabilidad, aunque no ha impedido que mantenga su negocio.

«Hasta el momento no se ha hecho difícil conseguir la materia prima, siempre está disponible, pero a veces cuando tú tienes una ganancia, esa misma tienes que reinvertirla. Hay que tratar de ir a paso firme o incluso adelantarse al dólar. Pero hemos tratado de mantenernos más con el bolívar que con el dólar», explicó.

Actualmente, las arepitas dulces se venden a 160 bolívares la unidad, un precio que, según Maestre, sigue siendo accesible para los vecinos. «Creo que es un precio fácil de adquirir. Ahorita un dulce no vale eso, pero lo hacemos para que la gente pueda llevar esta tradición y deleitarse con ella», finalizó.

HERNÁN GONZÁLEZ | elsiglo

CJL