El Taller de Educación Laboral (TEL) San Carlos, que funciona actualmente en los espacios de la Escuela Básica Leticia Mudarra al sur de Maracay, llevó a cabo con éxito su cierre de proyectos correspondientes al segundo momento pedagógico.

En esta jornada, más de 30 alumnos con discapacidad intelectual demostraron las destrezas adquiridas en diversas áreas productivas, reafirmando el compromiso de una institución que lucha por la inclusión.
La exhibición mostró una amplia gama de habilidades, desde la elaboración de repostería, manualidades y artesanías, hasta la fabricación de productos químicos de limpieza.

Durante dos décadas, este centro educativo ha mantenido la ardua labor de formar a personas con necesidades especiales para que logren integrarse a la sociedad con herramientas que les permitan alcanzar autonomía. Todo esto se ha logrado a pesar de que la institución no cuenta con una sede propia ni con aulas diseñadas para sus requerimientos específicos.

MES DE LA EDUCACIÓN ESPECIAL
Irene Caldera, directora del TEL San Carlos, explicó que la actividad se realizó en un marco de celebración doble para la comunidad educativa. «Nos encontramos haciendo el cierre de proyectos del segundo momento pedagógico, aprovechando que estamos en el mes de la educación especial. Especialmente celebrando el día de la concienciación sobre el autismo».

La estructura del taller se divide en ocho especialidades ocupacionales, de las cuales seis funcionan en la sede prestada de la escuela Leticia Mudarra y dos en un aula de extensión en la institución Jesús Pacheco Rojas.

Sobre la situación del inmueble, Caldera fue enfática al señalar las limitaciones que enfrentan. «No tenemos espacio propio, tenemos este sitio prestado y trabajamos desde aquí para tratar de lograr en nuestros muchachos o nuestros participantes una independencia, que por lo menos les dé algo de herramientas para vivir», puntualizó la directora.
«Las inscripciones las hacemos en el mes de septiembre, pero desde el mes de julio, cuando ya comenzamos a ver cuántos egresos vamos a tener, entonces podemos establecer la cantidad de cupos», detalló Caldera, añadiendo que la matrícula máxima es de 10 personas por especialidad.
Actualmente, la institución atiende a 57 participantes en total, con un rango de edad asombroso que incluye adultos de hasta 67 años. Esta diversidad etaria demuestra que nunca es tarde para el aprendizaje y que el taller se ha convertido en un refugio vital para aquellos que habían sido excluidos de otros espacios sociales o educativos en el pasado.
La directora resaltó el impacto emocional y cognitivo que el programa ha tenido en los estudiantes con síndrome de Down, autismo y discapacidad intelectual moderada. «Muchos han logrado gran independencia. Algunos llegaron aquí sin pronunciar palabra y ahora están súper sueltos», comentó.
PETICIÓN A LA EMPRESA PRIVADA
Por su parte, el personal docente vive de cerca las dificultades materiales pero mantiene intacta la mística de trabajo. Milagros Alvarado, profesora de dulcería criolla, hizo énfasis en la importancia de preparar a estos ciudadanos para un futuro donde sus cuidadores principales ya no estén presentes, convirtiéndolos en seres productivos para su entorno.


Alvarado se refirió con ternura y respeto a sus alumnos, instando a la sociedad a ver más allá de las limitaciones físicas o mentales. «Son seres dignos y unos seres de luz, que ellos vinieron al mundo a llenarnos de su amor. Aquí en la escuela los formamos para un ser útil a la sociedad cuando sus padres ya no estén», expresó conmovida la docente durante la exhibición de dulces.
Sin embargo, la profesora aprovechó el espacio para hacer un llamado a la empresa privada y a personas de buen corazón para que colaboren con donativos esenciales. «Necesitamos acá en la institución ventiladores sobre todo, porque los muchachos se asan con el calor. Necesitamos cocina, necesitamos todos los insumos posibles que nos puedan dar», comentó.
El evento concluyó con la satisfacción del deber cumplido por parte de los ocho docentes y el personal obrero, quienes junto a los 33 participantes presentes, demostraron que la educación especial en Maracay sigue en pie. El TEL San Carlos continúa siendo un faro de luz para las familias de Maracay, apostando por la dignidad y el talento de quienes solo piden una oportunidad para demostrar su valor.
HABLARON LOS PARTICIPANTES
El entusiasmo y las sonrisas de los participantes fueron el testimonio vivo de que el esfuerzo docente rinde frutos.
En este sentido no desaprovecharon la oportunidad y hablaron a las cámaras del Diario elsiglo, expresando su satisfacción por haber logrado cada uno de los proyectos.
OSWALDO

«Me siento orgulloso de estar en el Taller Laboral San Carlos, este año me gradúo y voy a salir del colegio. Me gustó la experiencia de este proyecto, aprendí muchas cosas».
EUCLIDES

«Nosotros hicimos panecillos; utilizamos harina, agua, aceite, azúcar y huevo, y lo batimos. Fue muy divertido y quedaron deliciosos».
LEONARDO

«Mi proyecto fue la torta de yuca y panecillos, lo preparamos en el área de cocina. A mi maestra Milagros le doy las gracias y un reconocimiento especial a la profesora Jenny Martínez que está enferma y ojalá se recupere».
VÍCTOR

«En mi proyecto hicimos productos como cloro. También hicimos desinfectante, jabón, cera. Lo hicimos con el profesor Juan».
ARMANDO

«Hice la tarea, pulseras y collares con nylon y pepitas. Me fue muy bien con mis compañeros y mi maestra Maiza Escalona».
VANESA

«Me sentí muy bien con mi proyecto, hicimos collares y pulseras, los vamos a vender en un dólar. A la maestra Maiza la quiero mucho y a mi compañera Margarita».
MARGARITA

«Hice la pulsera cola de ratón con pepitas y muchos nudos. Trabajé con mis amigos y mi maestra».
ARIANNY

«Trabajé con foami y botellas plásticas, hicimos flores y muchos adornos, todo excelente, me gustó mucho».
KARINA

«Trabajamos con envases de refresco con foami, también hicimos tarjetas con cartulina y cajitas de regalo para el Día del Amor y la Amistad».
MARÍA JOSÉ

«Usamos foami y potes de refresco para hacer muchas cosas bonitas, no tengo una favorita, todas me gustaron, me gustó todo. Mi maestra se llama Carmen».
JUSTIN

«Hice corazones de foami, para hacer regalos. Yo se lo regalaría a mi mamá porque es la mejor»
CHIQUINQUIRÁ RIVERO | elsiglo
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