La Escuela Básica Nacional Bolivariana (EBNB) Ciro Maldonado Zerpa celebró su 61º aniversario el pasado 9 de abril en la comunidad de La Coromoto, municipio Girardot.


El acto reunió a docentes, estudiantes, familiares y autoridades para honrar una historia marcada por el desplazamiento, la tragedia y la reconstrucción.
La institución, que comenzó como «Escuela Turiamo» en las costas de Aragua, hoy es un símbolo de identidad regional.
«No es solo un aniversario, es un ejercicio de memoria colectiva», expresó Nayivi Rodríguez, directora del plantel. Bajo su gestión, la escuela organizó la semana «Dejando Huellas» desde el lunes 6 de abril. Los estudiantes dibujaron la bahía de Turiamo y la estructura actual del colegio, fortaleciendo así su sentido de pertenencia. También hubo bailes tradicionales y encuentros con exalumnos y exdirectores.
UN NOMBRE CON PESO

La historia del plantel lleva el nombre de Ciro Maldonado Zerpa, un docente nacido en Turmero que lideró el traslado de la escuela desde Turiamo hasta Maracay. Su sobrina, Moraima Maldonado Guevara, relató que Ciro falleció el 23 de agosto de 1964 en la tragedia del Salto de la Llovizna, en Bolívar, junto a otros 45 educadores. Ese hecho motivó al entonces presidente Raúl Leoni a bautizar varias escuelas con nombres de esos mártires.

«Mi tío representa compromiso y entusiasmo docente», afirmó Moraima. La familia Maldonado Zerpa tuvo una influencia decisiva en la educación aragüeña: varios hermanos fueron directores, supervisores y docentes de carrera. En Aragua existen escuelas con su nombre en Maracay y Cagua, y también en Coro, estado Falcón.
EL AMOR QUE SE TRANSFORMÓ EN MAGISTERIO
Flor María Abreu, exsubdirectora y prometida de Ciro Maldonado Zerpa, emocionó a los presentes con su testimonio. Ella estudió en Turiamo bajo la tutela de Ciro cuando tenía 15 años. Luego ejerció la docencia en la escuela durante cinco años, y acumuló 35 años más en El Limón, donde fue subdirectora y directora.
«Soy Flor María Abreu novia de Ciro», dijo con orgullo. Con 40 años de servicio educativo, su vida es un puente entre la historia privada del epónimo y la memoria institucional. La docente aseguró que Ciro soñaba con formar generaciones, y ella decidió cumplir ese sueño tras su muerte.
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VISIÓN DE FUTURO
Auristela Alvarado, directora de educación del municipio Girardot, destacó que preservar la historia escolar es un acto de soberanía cultural. «Debemos sistematizar esta historia en registros investigativos», explicó. La funcionaria propuso tres ejes: legado documental, reivindicación de la lucha gremial y el modelo del «maestro investigador».
Según Alvarado, ese modelo convierte al educador en un analista de su realidad social. La meta es que el legado de Ciro Maldonado Zerpa no sea un recuerdo estático, sino una herramienta de transformación social vigente.
RODOLFO GAMARRA | elsiglo
fotos | JOEL ZAPATA
