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Dulces criollos mantienen a flote a familias de Palo Negro

En Palo Negro, municipio Libertador, estado Aragua, las familias han convertido la tradición en sustento. La elaboración de dulces criollos y productos complementarios representa un modelo de resiliencia económica y preservación cultural. Vender productos fabricados de forma artesanal se ha convertido en emprendimientos que sustentan a familias enteras.

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Algunos productos son llevados fuera de nuestras fronteras

Un ejemplo claro es Sandra Arteaga, quien lidera un emprendimiento familiar, en el sector Ocumarito, que opera sin descanso durante todo el año.

La actividad comercial de los artesanos no tiene un momento de inicio único. Sandra Arteaga explicó que se trata de una evolución continua. «La producción de dulces es una herencia directa de nuestras abuelas y mi madre», afirmó la emprendedora.

El conocimiento técnico para elaborar dulces en almíbar, conservas y otros productos criollos se ha transmitido de cada generación mediante la práctica compartida que ha sido el sustento de muchas familias palonegrenses por generaciones.

Originalmente una tradición doméstica, la necesidad de subsistencia transformó estos saberes en un emprendimiento formal. Sandra Arteaga recuerda que experimentaron con otros rubros, como la cría de aves de corral. Sin embargo, la dulcería y la leña demostraron ser las fuentes de ingreso más estables ante la compleja situación del país.

Una oferta para todos los gustos

La familia mantiene la producción activa durante todo el año. Sandra Arteaga detalló que ofrecen pan de horno, un dulce típico de Palo Negro elaborado con harina de maíz Cariaco. También preparan dulces en almíbar de lechosa, higo y toronja, esta última en versión abrillantada. Los aliados, el carato de maíz y las conservas de coco forman parte del catálogo habitual.

Arte culinario que trasciende generaciones

La panela de tamarindo se procesa internamente, al igual que la jalea de mango, aunque esta última depende de la temporada de cosecha. Arteaga comentó que el alfondoque lo traen desde Choroní. «Cada producto tiene su historia y su momento», señaló la vocera del negocio familiar.

La venta de leña se ha convertido en un pilar del emprendimiento. Sandra Arteaga indicó que no talan árboles, sino que aprovechan aquellos caídos o talados por terceros. El proceso incluye el pago de flete para el traslado y la contratación de personal para picar la madera, ya que el patriarca de la familia ya no puede realizar el trabajo pesado.

La demanda de leña aumenta durante periodos de escasez de gas doméstico. Arteaga señaló que también es muy buscada para comidas especiales, parrilladas de fin de semana en el Día de las Madres y para la elaboración de hallacas en diciembre. Los haces de leña se venden a un costo aproximado de tres dólares.

Ubicación estratégica y alcance internacional

Sandra Arteaga destacó que, al encontrarse en una vía de tránsito obligatorio, viajeros frecuentes de Caracas y Valencia consideran el sitio como una parada obligatoria. «Vienen especialmente por nuestra jalea de mango y los aliados», comenta la emprendedora con orgullo.

La leña más que una necesidad energética es una tradición

El alcance ha traspasado fronteras. La emprendedora confirmó que sus productos han llegado a México y Perú. El caso de la familia Arteaga demuestra que la tradición bien gestionada puede convertirse en motor de desarrollo local.

Sandra Arteaga: «Es una herencia directa de nuestras abuelas y mi madre»

La combinación de herencia cultural, adaptación a las crisis y atención permanente al público permite que pequeños emprendimientos no solo sobrevivan, sino que trasciendan generaciones y fronteras. Palo Negro tiene, en sus dulces criollos, un sabor de identidad que merece ser preservado y valorado.

RODOLFO GAMARRA | elsiglo

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