Este domingo, decenas de familias acudirán al Cementerio Metropolitano de Maracay para rendir homenaje a sus madres fallecidas.

La fecha, marcada por el recuerdo y la tradición, se vivirá con especial intensidad entre quienes sufrieron pérdidas recientes. La visita al camposanto se convierte en un acto de amor y resistencia ante la ausencia.
Geraldine Rodríguez perdió a su madre hace solo una semana. La joven explicó que su progenitora era «el pilar de la familia».
Rodríguez adelantó las compras para el domingo por un motivo: los precios suben en días festivos. «Hay que asegurarse unos días antes», recomendó la doliente. Ella y sus familiares compartirán pastelitos, desayuno y refrescos junto a la tumba.
RITUALES QUE CONSUELAN
Joana Ortiz, otra hija en duelo, enterró a su madre el sábado previo a la entrevista. La señora falleció a los 59 años, una edad que Ortiz calificó como muy joven. Para honrar, mandó a confeccionar «franelas» con la imagen de su madre. Las camisetas serán usadas por hijos, hermanas y tías durante la visita dominical. Ortiz afirmó que «nada va a ser igual», pero insistió en la necesidad de «seguir viviendo».
EL VALOR DE HONRAR EN VIDA
Geraldine Rodríguez lanzó una reflexión sobre el sentido de los homenajes. «Todo hay que dárselo en vida», sentenció la entrevistada. Para ella, los rituales en el cementerio benefician más a los vivos que a los fallecidos. La difunta, explicó Rodríguez, ya goza de una paz espiritual ajena a las celebraciones materiales. Pese a ello, la familia mantendrá las tradiciones.
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RESILIENCIA Y ENCUENTRO FAMILIAR
Joana Ortiz coincidió en que no se debe «destrozarse» por la pérdida. La hija mayor interpretó el deseo de su madre como un mandato a seguir adelante. Ambas entrevistadas coincidieron en que el cementerio no es solo un depósito de restos, sino un espacio de interacción social. Compartir alimentos y flores ayuda a procesar el duelo y reafirmar los lazos familiares.
La madre ya no está físicamente, pero su legado sigue reuniendo a la familia bajo el sol del camposanto.
RODOLFO GAMARRA | elsiglo
