La volatilidad del tomate se ha convertido en un problema que afecta la dieta del aragüeño. Este producto, clave en la mesa venezolana, refleja una distorsión que mezcla escasez crítica y factores climáticos.


En este sentido, los comerciantes aseguran que el alza de los precios en la actualidad no responde solo a una inflación ordinaria, sino también a una ruptura en la cadena de suministro deficiente.
El mercado popular ha segmentado el tomate por su grado de madurez. El de primera calidad de madurez intermedia alcanza llamado «tomate 3/4», que alcanza los 1.900 bolívares por unidad. El de segunda oscila entre 1.100 y 1.200 bolívares.
Jorge Gómez, comerciante del rubro de verduras del sector de La Coromoto, municipio Girardot, explicó que la causa principal es la «poca llegada del producto» al Mercado Mayorista. «El calor excesivo ha mermado el rendimiento de los cultivos», afirmó el vendedor, quien atribuye el alza al estrés térmico que sufren las plantaciones durante el verano.
EL CLIMA COMO ENEMIGO

Por su parte, José Martínez, también comerciante de verduras en la avenida José Félix Ribas, en el municipio Mario Briceño Iragorry, ofreció una visión complementaria. El vendedor señaló que se espera que con el inicio de las lluvias la producción aumente y en consecuencia bajen los precios. «La tendencia actual es ascendente», advirtió Martínez, quien cree que el mercado aún no ha encontrado su techo.
Este comerciante explicó que el tomate sufre tanto con el calor extremo, que detiene la producción, como con el exceso de humedad, que genera hongos y dificulta la cosecha. «El producto se daña rápido y perdemos la inversión», agregó el verdulero.
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PRUDENCIA PARA PREVENIR PÉRDIDAS
La escasez de productos acelera la competencia entre mayoristas. Menos producto significa un mayor costo de adquisición para el comerciante, quien traslada ese incremento al consumidor.
Los vendedores de los sectores populares operan con cautela extrema. Evitan comprar grandes stocks para no quedar atrapados con mercancía costosa o perecedera. José Martínez estima que el mercado necesitará al menos un mes para iniciar una normalización, siempre que las lluvias ayuden sin saturar los suelos.
Mientras que las condiciones estacionarias no se estabilicen, el consumidor pagará las consecuencias.
RODOLFO GAMARRA | elsiglo
