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Mariareños consiguen el vital líquido en los manantiales de El Jagüey

En las faldas de la montaña, el sector El Jagüey se ha convertido en el epicentro de una dinámica social y económica vital para el municipio Diego Ibarra.


Ante las dificultades en el suministro de agua potable por tuberías, los habitantes han vuelto la mirada a una fuente ancestral: el agua de manantial que brota directamente del «corazón de la montaña».
Lo que comenzó hace décadas como un secreto a voces entre vecinos, hoy es una estructura organizada de «emprendedores» que, con carruchas y botellones, distribuyen el líquido cristalino a diversos sectores de Mariara.
Para muchos, buscar agua en El Jagüey pasó de ser una tarea del hogar a un empleo a tiempo completo. Alejandro José Melero, de 70 años, es testigo de la evolución de este sitio que conoce desde su infancia.
«Anteriormente venía a buscar agua para mi casa. Hoy en día, ya lo agarré como un trabajo. Ya tengo mi horario y todo. Tengo mis clientes fijos», relata Melero.
El servicio que prestan estos trabajadores informales es fundamental para quienes no cuentan con servicio regular en sus hogares. Según Melero, existen cerca de 80 vendedores contabilizados, con precios que varían según el cliente: «Tenemos un precio de 150 bolívares el botellón… Hay personas que venden dos botellones por un dólar».
A pesar de ser una fuente natural captada a través de tubos incrustados en el cerro, la confianza de la comunidad en esta agua es absoluta. Los usuarios destacan su frescura y pureza frente a otras opciones.
Moisés Cáceres, quien acude al sitio desde hace seis años, comentó sobre la calidad del recurso: «Esta agua está garantizada en 99%. Hace algún tiempo un señor trajo un laboratorio y determinó que solamente por los tubos de plástico no era 100% pura, pero la mayoría de las personas aquí prefieren esta agua».

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Sin embargo, el «regalo de la Pachamama» enfrenta retos críticos. La temporada de sequía y la quema indiscriminada de la vegetación han mermado drásticamente el caudal. La espera para llenar un envase se ha vuelto eterna para algunos.
Para preservar este recurso, la comunidad ha instalado carteles con normas visibles. Se prohíbe lavar envases con cloro o verter residuos de refrescos en el área.
«Esto es para el bienestar de todos, puesto que en realidad todos podemos beneficiarnos de este líquido tan valioso», concluye Cáceres, haciendo un llamado a la conciencia ciudadana para proteger la fuente que hoy mantiene hidratada a gran parte de Mariara.
Douglas Morillo, usuario del manantial, advierte sobre la situación ambiental: «Ahorita casi no sale agua porque hay sequía, y con tanta quemazón y contaminación se disminuye el volumen. Una botella dura más de media hora para llenarse».

CHIQUINQUIRÁ RIVERO | elsiglo
fotos | JOEL ZAPATA