Residentes de Mariara, municipio Diego Ibarra, que laboran o estudian en Maracay aseguran que el costo del pasaje pega fuerte en el presupuesto mensual. La necesidad de movilizarse a sus zonas de trabajo o estudio en la vecina Ciudad Jardín representa un reto difícil de afrontar en la situación económica actual. El diagnóstico de movilidad en esta ruta revela una oferta frágil de transporte y tarifas que se convierten en barreras de acceso.


Deivid Flores cursa estudios de ingeniería en Maracay y detalló que, por su condición de estudiante, paga 120 bolívares por cada viaje. Este joven, residente del sector Aguas Calientes, explicó que su jornada académica tiene bloques desde las 7:00 a.m. hasta las 10:00 a.m., y luego de 2:00 p.m. a 5:00 p.m. «No hay condiciones para quedarme en Maracay entre clases, entonces me toca regresar a Mariara a mitad del día», relató. Ese doble viaje diario eleva su gasto semanal a más de mil bolívares.
También te puede interesar: Muebleros de Magdaleno se adaptan al alza de la madera

pocas unidades
POCAS UNIDADES
Por su parte, Marlin Bello, aseguró que existen pocas camionetas y autobuses en el Terminal Central de Maracay, especialmente en las horas de mayor demanda. La usuaria reportó que en plena hora pico solo había una unidad disponible para cubrir la ruta hacia Mariara.
«No hubo problema en abordar y fue rápido», admitió, aunque desde una perspectiva esa única unidad evidencia una precariedad alarmante. La ausencia de flota de reserva impide que los trabajadores establezcan rutinas confiables.
TARIFAS DISPARES

Luis López destacó que, aunque la movilidad de Maracay a Mariara en general es buena, sin embargo, los costos del pasaje en 210 bolívares son difíciles de afrontar todos los días. «Es fuerte, algunos pueden pagar, otros no», sintetizó. La percepción del pasaje como algo caro confirma que el transporte consume una parte desproporcionada del ingreso diario.
RIESGO EN CADA VIAJE
El sector estudiantil es el más vulnerable. Deivid Flores describió condiciones extremas por la escasez de unidades de gran capacidad: «Toca viajar guindado ahí en la puerta». Esa imagen de un usuario suspendido, adherido al estribo y expuesto al flujo vehicular en una autopista peligrosa, constituye un riesgo letal.
La movilidad entre Mariara y Maracay se sostiene sobre la resistencia de usuarios que sacrifican su seguridad y su economía ante un sistema deficiente. La desconexión entre la oferta de transporte y la demanda real ha normalizado condiciones inaceptables.
RODOLFO GAMARRA | elsiglo
foto | JOEL ZAPATA
MG
