En el marco de la celebración de su aniversario, el diario elsiglo ha decidido trascender las páginas impresas para sumergirse en una labor de conciencia ambiental. Como primer escenario para la iniciativa «Embajadores del Azul», los buzos de Arrecifes de Venezuela y el equipo reporteril del diario elsiglo llegó a la Unidad Educativa Privada El Araguaney.

Aproximadamente 170 niños se convirtieron en protagonistas de un aprendizaje dinámico sobre la biodiversidad y la salud de los océanos.

Bryan Rujano, estudiante de Biología en la Universidad de Carabobo y coordinador de Divulgación Científica de la fundación, al ser uno de los ponentes en este primer encuentro con los niños, expresó su entusiasmo porque, tras cinco años de labor, la iniciativa finalmente cobró vida en las aulas.
«Es muy interesante llevar todo este trabajo a los niños porque la educación ambiental empieza con los más pequeños. Son los agentes más propensos al cambio, son los más impactados cuando ven lo que es un ecosistema, cómo interactúa, qué animales hay», señaló.
Asimismo, destacó la sorpresa y curiosidad que despierta en los niños descubrir la naturaleza real del entorno marino: «Ha sido bonito ver la receptividad de los chamos, ver cómo su cara cambia cuando tú les dices que un coral no es una piedra ni una planta, sino que es un animal».
CUIDAR EL «METRO CUADRADO»
El concepto de Embajador del Azul no distingue categorías sociales ni edades; se basa en la acción individual con impacto colectivo. Según Rujano, ser embajador implica comprometerse con ese 75% de la superficie terrestre que es el océano, empezando por lo más cercano.

«El Embajador del Azul cuida su metro cuadrado de azul o de arena. Si estás en tu metro cuadrado, todo lo que esté a tu alcance lo puedes recoger; no te va a generar un sobrecargo, no va a ser un esfuerzo físico extra, sino que ayudas de alguna manera», puntualizó.
Además, resaltó que la misión de estos voluntarios es ser la «voz» de un ecosistema que sufre en silencio: «El mar no se comunica de una manera muy expresiva, no te dice: ‘Oye, estoy mal’; nosotros tratamos de ver esas señales y actuar como enlace».
UN MENSAJE MULTIPLICADOR
Por su parte, Francisco Cayama, Instructor de Buceo PADI y ponente en la actividad, subrayó la importancia de que el conocimiento no se quede solo en el salón de clases, sino que llegue a los hogares venezolanos.
«Realmente fue una actividad bastante enriquecedora donde casi 200 niños solo de este colegio pudieron hacerse eco de este mensaje; y no solamente que ellos pudieran entender la importancia de nuestros océanos, sino que también ellos puedan multiplicar este mensaje y difundirlo entre sus padres, sus amigos, sus vecinos», afirmó Cayama.
El instructor recordó que la salud del mar es vital para la supervivencia humana, rompiendo la idea de que el océano es algo distante: «Muchas veces la gente ve el mar como algo ajeno que está muy lejos, pero el océano es importante para nuestra vida cotidiana; de hecho, el océano es lo que nos permite respirar».
EL ARAGUANEY SE SUMA A LA CAMPAÑA

Para las autoridades académicas, la presencia de medios de comunicación y fundaciones científicas en las aulas es vital para transformar la cultura ambiental del país. Iván Sánchez, subdirector de la institución, expresó su entusiasmo por recibir esta jornada formativa.

«Estamos felices de que elsiglo nos visite hoy para darles charlas a nuestros estudiantes sobre cómo conservar el ambiente. Con este proyecto, ‘Embajadores del Azul’, es una forma de participar también en hablar con nuestra comunidad para proteger nuestro ambiente», señaló Sánchez.
El directivo enfatizó que la educación ambiental no puede ser un concepto abstracto, sino una práctica constante que involucre directamente a los jóvenes en su entorno escolar.
Durante el encuentro, se discutió la preocupante situación ambiental que atraviesa la región, haciendo un paralelismo entre la pérdida de espacios forestales y la degradación de las playas.
«Hoy en día es triste ver cómo nuestro Henri Pittier se ha ido quemando y a veces falta conciencia para proteger estos elementos naturales que son tan importantes para que la vida sea más sana», lamentó el subdirector.
Sánchez destacó que la Unidad Educativa El Araguaney ya posee una trayectoria de activismo, motivando a sus alumnos a participar en jornadas de saneamiento: «Ya tenemos varios años llevando a nuestros estudiantes a realizar actividades de limpieza de playas; entonces eso también concientiza».
EL NIÑO COMO MULTIPLICADOR DE CONCIENCIA
Al comprender el impacto de sus acciones, los niños se convierten en los principales fiscalizadores del comportamiento ambiental de sus padres y representantes. «Los niños van a llegar a sus casas a comentarles esto y a decirle a su papá por qué deben cuidar el ambiente. Es triste cuando uno ve familias donde los niños ni siquiera les decimos ‘boten la basura en tal sitio’, sino que lo hacen en el sitio donde ellos están sentados o participando de la playa», reflexionó Sánchez.

En este sentido, es preciso mencionar que lo más destacado de estas jornadas no ha sido solo la teoría científica, sino la respuesta inmediata de los más jóvenes, quienes han asumido el rol de guardianes de la naturaleza con una claridad sorprendente.
Miguel Tejada, estudiante y miembro activo de la Fundación Arrecifes de Venezuela, enfatizó que la prevención es la herramienta más poderosa para salvar los ecosistemas.
«Lo ideal sería que no haya basura. Así que si podemos desde los más pequeños concientizar y evitar que la basura llegue a nuestros océanos, nuestros ecosistemas, pues el trabajo sería muchísimo más fácil y todos saldríamos beneficiados», explicó Miguel.
El joven estudiante también resaltó la capacidad de observación de los niños como un mecanismo de control social dentro del núcleo familiar: «Los niños somos muy nobles y siempre vemos todo. Al ver quizás una conducta que no está bien, lo decimos».
Miguel concluyó con un agradecimiento a la casa editorial: «Me parece excelente que elsiglo apoye esta causa ya que tenemos más visibilidad».
Por su parte, Mariángel Tejada, estudiante de 4to grado sección A, compartió su visión sobre cómo las pequeñas acciones negativas se acumulan hasta generar grandes tragedias ecológicas.

«Me pareció interesante la información que nos dieron; cuánto tiempo debe pasar para que toda esa basurita se degrade y son cosas a veces decimos: ‘Ay no, qué pereza, yo no la voy a botar. Eso no va a hacer nada’. Pues sí, sí hace muchas cosas porque hace que los peces se mueren», reflexionó Mariángel con madurez.
Asimismo, la estudiante alertó sobre la cadena de consecuencias que termina afectando al ser humano de manera directa: «No deben botar basura y deben tener conciencia de que dejar una basura ahí, eso se va a quedar ahí. Todo eso va al mar».
¿CUÁNTO DURA LA BASURA EN LA PLAYA?
¿Qué ves cuando vas a la playa? Quisiéramos que la respuesta a esta pregunta fuese tan simple y obvia como decir: el mar, palmeras, arenas.
Sin embargo, la respuesta es aún más compleja que eso, porque seguramente asociaste inmediatamente la pregunta con toda la basura que suele estar en la arena: bolsas plásticas, chapas, palitos de chupetas, colillas de cigarro, entre otros.
Pero eso no queda allí, cada elemento tiene un tiempo para degradarse y te sorprenderá saber cuánto dura realmente la basura en nuestros océanos.
- Colilla de cigarro: Se queda en nuestras playas durante 10 años aproximadamente y no solo eso, cada cigarrillo tiene un filtro en su composición que una vez en la arena empieza a desprender componentes tóxicos que atentan contra la vida de muchos microorganismos que allí habitan.
- Chapas o tapas de botella: se quedan en nuestros ecosistemas durante 50 años. Sin embargo, el componente plástico que llevan en la parte interna, puede tardar muchos años más en degradarse.
- Palitos de chupeta: Deben pasar 20 años para que desaparezcan. Mientras tanto, son un peligro para animales como las tortugas marinas que suelen confundirlas con alimentos y las comen, una acción que puede ocasionar la muerte de las mismas.
- Botellas de plástico: no tendríamos vida para verlo, puesto que el plástico puede durar unos 450 años en degradarse, una cifra bastante alarmante para el principal contaminante de nuestras playas.
CHIQUINQUIRÁ RIVERO
GM
