Hay noticias que no sólo se informan, sino que se sienten; acontecimientos que no se limitan a ocupar titulares, sino que se instalan en el alma colectiva de los pueblos y se transmiten como herencia espiritual y cultural. Son hechos que no envejecen con el paso de los días, porque nacen destinados a la memoria. Así fue la declaratoria de las Fiestas Patronales en honor a la Virgen de Belén como Patrimonio Cultural inmaterial de la Nación, un reconocimiento que consagra siglos de fe, devoción, identidad y arraigo cultural en el corazón de San Mateo y de todo el estado Aragua.

Este nombramiento no surge de la casualidad ni de un hecho aislado; es la culminación de una relación profunda y sostenida, entre un pueblo y su advocación mariana, una fe bordada lentamente por generaciones, que han encontrado en la Virgen de Belén refugio espiritual, consuelo en la adversidad y esperanza en los momentos más difíciles de su historia.
El acto formal de entrega del documento que oficializa esta distinción nacional se llevó a cabo este sábado 17 de enero de 2026, en una jornada marcada por la solemnidad, la emoción compartida y un profundo sentimiento de orgullo colectivo.
La atmósfera estuvo cargada de simbolismo, abrazos silenciosos, miradas humedecidas y gestos de gratitud que dejaron en evidencia que San Mateo vivía uno de esos momentos que marcan un antes y un después.

No se trató únicamente de un evento protocolar; fue una celebración del alma sanmateana y aragüeña, un acto de afirmación, de identidad, donde el pueblo se reconoció a sí mismo en sus tradiciones, en su historia y en su fe, reafirmando que aquello que se cuida con amor y constancia termina por convertirse en legado nacional.
UNA EUCARISTÍA QUE MARCÓ UN ANTES Y UN DESPUÉS
La jornada comenzó con una Solemne Eucaristía presidida por el monseñor Enrique Parravano, obispo de la Diócesis de Maracay, acompañado por sacerdotes de distintas parroquias de la región. El templo de San Mateo Apóstol se vio colmado de fieles que acudieron con recogimiento, devoción y profundo agradecimiento, conscientes de estar participando en un momento histórico.
La imagen de la Virgen de Belén presidió la ceremonia como testigo silencioso de un pueblo que, a lo largo de los años, ha depositado en ella sus promesas, alegrías y dolores. Y es que, cada oración elevada parecía resumir siglos de historia compartida entre la fe y la vida cotidiana.

Durante la homilía, el monseñor Parravano resaltó el valor espiritual y cultural de las manifestaciones de fe popular, subrayando que las tradiciones religiosas no sólo fortalecen la vida espiritual de las comunidades, sino que también construyen identidad, cohesión social y sentido de pertenencia. Destacó que la fe vivida en comunidad se transforma en un lenguaje común que une generaciones y preserva la memoria de los pueblos.
Sus palabras encontraron eco en una feligresía consciente de que lo que se celebraba trascendía la liturgia; se celebraba la dignificación de una tradición viva, profundamente arraigada en el corazón del pueblo.
RAÍCES HISTÓRICAS DE UNA DEVOCIÓN CENTENARIA
La devoción a la Virgen de Belén en San Mateo se remonta a los primeros tiempos de conformación del poblado, cuando la fe mariana acompañó los procesos de evangelización y organización comunitaria. Registros históricos y la tradición oral, coinciden en señalar que la advocación fue adoptada por los habitantes como símbolo de protección y guía espiritual.
A lo largo de los siglos XVIII y XIX, la imagen de la Virgen de Belén fue ganando centralidad en la vida religiosa del municipio, convirtiéndose en referencia obligada durante épocas de bonanza, crisis, conflictos y reconstrucción. La fe en su intercesión se transmitió de padres a hijos, consolidando una devoción profundamente arraigada en la identidad sanmateana.
Las fiestas patronales fueron evolucionando con el tiempo, incorporando elementos litúrgicos, culturales y comunitarios que reflejan la diversidad y riqueza del pueblo.
Procesiones, novenas, encuentros familiares, cantos tradicionales y expresiones artísticas, fueron dando forma a una celebración que hoy representa una de las manifestaciones más auténticas del patrimonio espiritual aragüeño.
UN CAMINO LARGO, PERSEVERANTE Y PROFUNDAMENTE COMUNITARIO
El reconocimiento otorgado a las Fiestas Patronales en honor a la Virgen de Belén es el resultado de un proceso sostenido en el tiempo, iniciado formalmente en el año 2021. Fue entonces cuando el padre Ángel Fernández, párroco de la Parroquia San Mateo Apóstol, junto a un grupo comprometido de mujeres de la Sociedad Virgen de Belén, asumió la tarea de documentar, sistematizar y defender el valor histórico, cultural y espiritual de estas celebraciones ante las instancias correspondientes.
Este proceso implicó la recopilación de más de cien años de historia, testimonios orales, documentos antiguos, registros fotográficos y narraciones que evidencian la continuidad ininterrumpida de la devoción. Un trabajo paciente, silencioso y profundamente comunitario que fue ganando fuerza con el respaldo de la feligresía y de las instituciones locales.
«Este logro no es personal ni institucional, es profundamente comunitario. Es el fruto de la fe de un pueblo que nunca dejó de creer, de celebrar y de transmitir su devoción de generación en generación», expresó el padre Ángel Fernández durante su intervención.
El sacerdote destacó que este nombramiento también representa una responsabilidad histórica; preservar la esencia de la festividad, resguardar su autenticidad y garantizar que las futuras generaciones reciban intacto el legado espiritual y cultural heredado.
Tras años de gestiones y un proceso que se fue acelerando gracias a la articulación entre iglesia, comunidad y autoridades, la aprobación fue concedida en 2025, materializándose finalmente en este acto solemne que consagra a San Mateo, como referente nacional de fe y tradición.
Cultura viva que se expresa en las calles de San Mateo

Concluida la ceremonia religiosa, las calles del municipio se transformaron en escenario de celebración colectiva. Manifestaciones culturales propias de la región central del país acompañaron el acto, evidenciando que la fe en la Virgen de Belén, no se limita al espacio litúrgico, sino que se expresa en la música, la danza, la oralidad y las tradiciones populares.
Cánticos, oraciones, expresiones artísticas y la participación masiva de la comunidad aragüeña, dieron cuenta de un pueblo que reconoce en esta declaratoria una oportunidad para fortalecer el turismo religioso, dinamizar la economía local y reafirmar sus raíces culturales.
La Virgen de Belén se erige así como un símbolo que articula espiritualidad, historia e identidad, uniendo pasado, presente y futuro en una misma expresión de fe.
LA VISIÓN INSTITUCIONAL CON FE, IDENTIDAD Y FUTURO

Durante el acto, la alcaldesa del municipio Bolívar, Marisol Rodríguez, destacó el significado profundo de este reconocimiento para la identidad local y regional, subrayando que la declaratoria como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Nación representa un acto de justicia histórica con el pueblo de San Mateo.
«Hoy Venezuela reconoce lo que San Mateo ha sabido cuidar durante siglos, su fe, su cultura y su memoria colectiva. Este nombramiento nos llena de orgullo, pero también nos compromete a seguir trabajando unidos, instituciones y comunidad, para proteger y proyectar este patrimonio como legado para el futuro», expresó Rodríguez.
La mandataria municipal enfatizó que la Virgen de Belén, no sólo representa una advocación religiosa, sino un punto de encuentro para la convivencia, la solidaridad y la construcción de ciudadanía, fortaleciendo el tejido social del municipio.
El orgullo que nace desde el pueblo
Más allá de los actos solemnes y los discursos institucionales, el verdadero pulso de esta declaratoria histórica se sintió en la voz de la gente, en el testimonio sencillo y profundo de quienes han vivido la devoción a la Virgen de Belén, como parte inseparable de su cotidianidad.
Para los habitantes de San Mateo y de las comunidades vecinas, este reconocimiento no es un hecho distante, sino una victoria íntima y colectiva que reivindica la fe heredada de padres y abuelos.

Minry González, residente de San Mateo, expresó que esta declaratoria representa un acto de amor con la memoria del pueblo. «Esto no es algo nuevo para nosotros, la Virgen de Belén siempre ha sido patrimonio del corazón de San Mateo. Lo que hoy se reconoce a nivel nacional es una fe que hemos vivido toda la vida, en nuestras casas, en nuestras promesas y en cada procesión», afirmó.
González recordó que desde su infancia las fiestas patronales han marcado el calendario familiar y comunitario. «Nuestros abuelos nos enseñaron a respetar y amar esta tradición. Cada año esperábamos con ilusión las fiestas, porque no era sólo religión, era unión, era comunidad, era sentirnos orgullosos de ser de aquí. Hoy siento que todo ese esfuerzo y esa fe han sido valorados», agregó.

Desde la parroquia Zuata, Dayana Flores compartió un sentir que trasciende las fronteras del municipio Bolívar. Para ella, la declaratoria tiene un significado regional. «Aunque no soy de San Mateo, siento este logro como mío. Estas fiestas representan la fe del pueblo aragüeño, una fe que nos une más allá de los límites geográficos. La Virgen de Belén es símbolo de esperanz
a para muchos de nosotros», expresó.
Flores destacó que este reconocimiento fortalece la identidad cultural del estado Aragua. «Aquí se demuestra que nuestras tradiciones siguen vivas, que no se han perdido con el tiempo. Es un mensaje para las nuevas generaciones, para que entiendan que la fe y la cultura también son formas de resistencia y de amor por nuestras raíces», señaló.

Por su parte, Rosa Guevara, habitante de La Victoria, resaltó el impacto cultural y simbólico que tiene esta declaratoria para todo el eje metropolitano aragüeño. «Esto demuestra que nuestras tradiciones sí importan, que lo que hacemos desde el amor y la fe tiene un valor nacional. No es sólo una fiesta religiosa, es parte de nuestra historia como pueblo», manifestó.
Guevara añadió que la Virgen de Belén ha sido, por décadas, un punto de encuentro entre comunidades. «Aquí no importa de dónde vengas, cuando llegan las fiestas todos somos uno solo. Este reconocimiento nos llena de orgullo y nos compromete a cuidar aún más nuestras tradiciones, para que nunca se pierdan», puntualizó.
Las voces del pueblo coincidieron en un sentimiento común, la declaratoria como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Nación no es un punto final, sino un nuevo compromiso colectivo. Un compromiso que nace desde la fe popular, se fortalece en la comunidad y se proyecta hacia el futuro como legado espiritual y cultural para las generaciones venideras.
UN PATRIMONIO QUE MIRA AL PORVENIR
La declaratoria de las Fiestas Patronales en honor a la Virgen de Belén como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Nación garantiza la protección institucional de esta manifestación, pero, sobre todo, reafirma su vigencia como expresión cultural viva.
En San Mateo, la fe no es estática, camina con su gente, se transforma sin perder su esencia y se proyecta hacia el futuro. Este reconocimiento no marca un punto de llegada, sino un nuevo comienzo en la tarea de preservar, difundir y honrar un legado que pertenece a todos.
Así, bajo la mirada amorosa de la Virgen de Belén, San Mateo y Aragua celebran con orgullo un capítulo imborrable de su historia, consciente de que la fe, cuando se vive en comunidad, se convierte en patrimonio eterno.
DANIEL MELLADO
GM