En la Carretera Panamericana, justo a la altura del sector San Cristóbal II, del municipio José Félix Rivas, en la vía hacia San Mateo, una zona caracterizada por siembras de caña de azúcar, ahora se puede apreciar la innovación nacida de la necesidad y el ingenio: un trapiche a motor improvisado, construido a partir del corazón de una motocicleta vieja.

El responsable de este «oasis de agua dulce» es Javier Serrano, un agricultor nacido y criado en el sector La Quebrada. Con la mirada puesta en no dejar morir la tradición culinaria de la región, Serrano ha logrado transformar una hectárea de caña en la Comuna Indio Rangel en una producción de papelón, melaza y el infaltable guarapo de caña.
Serrano, quien posee una amplia experiencia en el campo, explicó que la producción artesanal requería un salto tecnológico: «Me dedicaba a la agricultura donde aprendí a trabajar con mucha maquinaria. Tengo una hectárea de caña de azúcar, entonces busqué las maneras de producir los derivados… Me dediqué a hacer una máquina para procesar la caña, porque habíamos empezado de manera manual y era un trabajo arduo», relata Serrano.
Tras pedir con fe «a Dios todopoderoso» una alternativa para mecanizar el proceso, un amigo le ofreció una moto vieja. «Le hicimos algunas adaptaciones al motor porque no quería velocidad como está diseñada originalmente la moto, yo lo que necesitaba era fuerza, así que hice los engranajes necesarios para eso», detalló el emprendedor.

A pesar del éxito alcanzado en el último año, Serrano mantiene la ambición de seguir creciendo. «Somos pequeños productores, pero tenemos este conocimiento que ha pasado de generación en generación», afirmó, aunque reconoce que aún le falta maquinaria para procesar mejor el cogollo y el bagazo, pero «vamos a hacerlo posible».
Hoy, el punto de venta en la vía a San Mateo se ha convertido en una parada obligatoria para los viajeros que buscan refrescarse. Con un equipo de jóvenes que lo ayudan, Serrano atiende a quienes se detienen por un vaso de guarapo, manteniendo viva una costumbre.

«Las personas que pasen por esta carretera pueden venir a disfrutar de un frío guarapo de caña, muy económico y con ñapa para respetar la tradición. Este es nuestro oasis de agua dulce», concluyó.
CHIQUINQUIRÁ RIVERO | elsiglo
CJL
