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Entre raíces y billetes: El arte como retorno a lo esencial

En los espacios del Centro de Arte Los Galpones, de la ciudad de Caracas, dos exposiciones recientes han confluido en un diálogo silencioso, pero profundo sobre la memoria, el símbolo y la naturaleza del ser.

Los amantes del arte se dan gusto al deleitarse con ambas exposiciones

Por un lado, «Retorno a lo eterno» de Matías Toro, en la galería ABRA, y por el otro, «Biyuyo» de Pedro Tineo, en Cabinet Gallery, revelan una misma pulsión estética; la necesidad de reencontrarse con lo esencial, de transformar lo cotidiano; sea un billete desgastado o un árbol contemplado, en un signo de permanencia.

Ambos artistas, desde lenguajes y materiales distintos, transitan el mismo territorio espiritual, la restitución del sentido, ese que el tiempo moderno parece haber disuelto entre la prisa y el olvido.

Tineo parte del desecho del valor económico para rescatar la riqueza simbólica del arte; Toro, del silencio del paisaje para reconectar con lo eterno. En ambos, la materia se redime; el papel deja de ser soporte para convertirse en memoria; el color en plegaria; el gesto en acto de fe.

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Pedro Tineo, creador de la obra “Biyuyo”

PEDRO TINEO: DEL BILLETE AL VUELO DEL PÁJARO

En la muestra «Biyuyo», inaugurada en septiembre de 2025 en el espacio de Cabinet Gallery, el artista Pedro Tineo, oriundo de Caripito, estado Monagas, presenta una serie de obras que más allá de su impecable factura, constituyen una meditación sobre la pérdida y la transformación del valor.

El artista rescata billetes devaluados, gastados por el tiempo y la economía, para convertirlos en soporte de una poesía visual donde el color, la forma y la historia converge en un nuevo relato.

Según la curadora Tahía Rivero, quien acompañó el proceso con una investigación minuciosa, Tineo «recupera los billetes devaluados y desgastados, transformando su sinsentido económico en una valiosa declaración sobre la riqueza natural».

Con una paciencia casi monástica, el artista recorta y reubica fragmentos de papel moneda, separa por color, por textura, por figura. De esa disección minuciosa surge un nuevo orden, un universo donde los animales, en especial los pájaros, recuperan el vuelo perdido de una nación que los imprimió y los olvidó.

Más detalles

No se trata de un collage tradicional. Es, como señaló Rivero, «un encolado artesanal que suprime deliberadamente las técnicas de las bellas artes», un gesto que devuelve al arte su dimensión más esencial; la del oficio, la del trabajo silencioso, la de la construcción paciente.

En cada pieza, los fragmentos de billetes se transforman en paisajes cromáticos saturados, dinámicos, donde el azul de la tonina, el verde del turpial o el amarillo de la oropéndola componen una fauna simbólica que parece custodiar el territorio de la memoria.

Rivero destaca que estas obras «no son una entidad estática, sino una colección de fragmentos y elementos susceptibles de deconstruir y reconstruir».

Matías Toro, presenta “Retorno a lo eterno”

El resultado es un testimonio visual de la transfiguración, lo que alguna vez fue signo de valor económico se convierte en arca de especies, en testimonio sensible del país y su riqueza natural.

En palabras de la curadora, «Tineo, como un moderno Noé, gestiona la preservación de los animales en un arca que testimonia la transfiguración de lo devaluado en creación».

MATÍAS TORO: EL ÁRBOL COMO SÍMBOLO DE LO ETERNO

A escasos metros, en el galpón 6 de la galería ABRA, el artista caraqueño Matías Toro presentó «Retorno a lo eterno», una exposición compuesta por 30 pinturas en gouache sobre papel, realizadas entre 2024 y 2025.

Si Tineo trabaja con el residuo del sistema, el billete; emblema de lo efímero; Toro trabaja con la raíz, con el símbolo que precede y trasciende a toda civilización, el árbol, metáfora del tiempo, de la conexión y del renacer.

La investigadora Rigel García, en el texto curatorial que acompaña la muestra, escribe: «Puede que no se tenga suficiente concienciasobre la pérdida del pensamiento simbólico, ese mecanismo de conexión con una realidad, otra que ofrecía conocimiento y arraigo en lo metafísico. ¿Cómo recuperar el símbolo como promesa de unión con lo eterno? Esta preocupación guía el trabajo de Matías Toro».

Cada obra de Toro es un acto de contemplación, sus árboles, plasmados en delicados degradados de verdes, ocres y violeta, parecen flotar en una atmósfera detenida. El artista convierte la pintura en meditación, en puente hacia lo inmaterial.

Su diálogo con la naturaleza, forjado en largas caminatas por El Ávila, le permitió descubrir el «potencial significante del paisaje», una noción que va más allá de lo estético; el paisaje como espejo del alma, como refugio del espíritu frente al vacío contemporáneo.

En palabras de García, «la naturaleza constituye para Toro una vía de escape, un espacio de contacto con lo más estable y universal».

Los presentes analizando la belleza de las obras

Así, sus gouaches no representan árboles concretos, sino emanaciones de energía, ritmos internos que evocan la respiración de la tierra y la memoria de lo sagrado.

DOS MIRADAS, UN MISMO SENTIDO DEL ARTE

Aunque sus caminos formales divergen, Pedro Tineo y Matías Toro convergen en una poética común, la del arte como retorno; Ambos rescatan el símbolo, el pájaro, el árbol, el color; para restituir el lazo entre el hombre y lo trascendente.

Tineo revaloriza lo perdido en el vértigo económico; Toro, lo olvidado en el ruido racional del mundo moderno. En ambos, el arte se erige como un acto de redención, donde lo desechado o lo cotidiano adquiere una nueva vida a través de la mirada y el gesto.

Sus exposiciones, presentadas casi simultáneamente en Los Galpones, construyen un relato sobre el poder restaurador del arte: Un lenguaje que, lejos de la estridencia, vuelve a hablar en susurros, con la paciencia de quien observa, recorta, pinta, contempla.

Biyuyo y Retorno a lo eterno son, en esencia, dos manifestaciones de una misma búsqueda espiritual, dos maneras de volver a mirar el mundo con ojos nuevos.

En la obra de Tineo, el vuelo de los pájaros recompone la esperanza; en la de Toro, las raíces del árbol sostienen el alma.

Ambas exposiciones recuerdan que, incluso en tiempos de desgaste y de pérdida, la creación sigue siendo un acto de fe, una forma de permanecer, un retorno luminoso a lo esencial.

DANIEL MELLADO |elsiglo

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