Entre las obras espirituales y sociales que realiza la Congregación Hermanas Agustinas Recoletas del Sagrado Corazón de Jesús, destaca una labor de profundo significado eucarístico, la elaboración artesanal de las hostias, desde el hostiario ubicado en la sede principal de la comunidad en Los Teques, estado Miranda.

Allí, un grupo de religiosas continúa con amor y dedicación una misión que se remonta a los orígenes de la Congregación, inspiradas en el legado de su fundadora, la beata Madre María de San José, quien consideraba esta tarea una de las expresiones más puras de amor al Santísimo Sacramento.
La hermana Williamni Jiménez, responsable del hostiario, explicó a elsiglo que esta labor tiene un profundo valor espiritual dentro de la comunidad religiosa.
«El hostiario era la actividad favorita de nuestra Madre María de San José, su oficio predilecto. Ella decía que hacer hostias es multiplicar comuniones. Nosotras, haciendo eco de ese legado, continuamos con fidelidad esta misión que ella tanto amó», comentó.

El proceso, aunque sencillo en sus ingredientes, requiere precisión, paciencia y oración.
«Comenzamos haciendo la mezcla con harina de trigo todo uso y agua potable, nada más. Luego se vierte en las planchas o hierros, donde se forman las láminas grandes. Estas pasan un tiempo de reposo antes de llegar a los mesones, donde realizamos la hidratación para que queden suaves y puedan consumirse adecuadamente, sin parecer una galleta», detalló la hermana Jiménez.
Posteriormente, las hostias son aplanadas, cortadas y seleccionadas según su tamaño. Las grandes, destinadas a las celebraciones presididas por los sacerdotes y las pequeñas, para los fieles.
«Finalmente, se hace la revisión de calidad para asegurarnos de que todas estén en óptimas condiciones para su uso litúrgico», agregó.
Cada tanda del proceso puede tardar alrededor de cinco horas, dependiendo del calor de las planchas, el clima y la experiencia de las religiosas que participan en la preparación.
El hostiario de las Hermanas Agustinas Recoletas del Sagrado Corazón de Jesús no sólo abastece las necesidades internas de la Congregación, sino que también provee hostias a distintas parroquias, comunidades religiosas y capillas dentro y fuera del estado Miranda, extendiendo así su servicio eucarístico a toda Venezuela.
Para las religiosas, esta tarea va mucho más allá de un oficio cotidiano, es una forma de oración activa, una manera de servir a Dios desde la humildad y la devoción.
HERNÁN GONZÁLEZ
GM
