Sobre la planada alta del Cerro Aguirre, donde el viento parece acariciar la tierra y el cielo se abre en un horizonte prometedor, se prepara el terreno para la segunda fase de construcción del Monumento en honor a la Virgen de Belén. Una obra que no sólo se levanta en ladrillos y concreto, sino en la fe y la devoción de toda una comunidad.

El padre Ángel Fernández, párroco de la localidad, dijo que los estudios para esta etapa ya han comenzado, tras completar la primera fase que incluyó la construcción de la carretera de acceso y la planada alta, la atención ahora se centra en la profundización del terreno y en los análisis estructurales a cargo de arquitectos e ingenieros, quienes trabajan para garantizar que el monumento se erija con firmeza y seguridad.
«Cada paso que damos es un paso de fe. Cada análisis, cada estudio nos acerca a la materialización de un sueño que pertenece a toda la comunidad», expresó el padre Fernández. Para él, esta obra simboliza un referente religioso, al tiempo que fortalece la identidad cultural y espiritual de San Mateo y de toda Venezuela.
La participación de los feligreses ha sido clave. Con oraciones, aportes económicos y materiales, la comunidad ha demostrado que cuando la fe se une con la voluntad, los proyectos trascienden. «Cada granito cuenta», insistió el sacerdote, recordando que cada contribución, por pequeña que parezca, suma en la construcción de este símbolo de esperanza y devoción.

La parroquia ha dispuesto canales directos para quienes deseen colaborar, asegurando que cada aporte se destine de manera transparente a la continuación de la obra. De esta manera, la comunidad no únicamente participa como espectadora, sino como protagonista de un proyecto que llevará la espiritualidad a nuevas alturas.
Los estudios en curso incluyen evaluaciones topográficas y estructurales que permitirán que la monumental obra se sostenga con seguridad sobre el Cerro Aguirre, un sitio que gracias a su ubicación, permitirá que la figura de la Virgen sea visible desde distintos puntos de la localidad y sirva de guía espiritual para visitantes de otras regiones del estado.
Más allá de la construcción física, esta fase representa un crecimiento en la conciencia colectiva. Cada familia, cada feligrés, siente que forma parte de un legado que trascenderá generaciones. La Virgen de Belén, desde su futuro pedestal, se fortalece como un símbolo de unidad, esperanza y perseverancia, recordando que la devoción y la cooperación pueden transformar el paisaje y el espíritu de una comunidad.

«Este monumento es de todos; es nuestra fe materializada. Nos une, nos inspira y nos recuerda que cuando trabajamos juntos, podemos alcanzar lo que parece imposible», concluyó el padre Fernández.
Entre tanto, con la II fase ya en marcha, la parroquia y la comunidad esperan ver como poco a poco la devoción se transforma en una obra tangible, que desde las alturas del Cerro Aguirre elevará no sólo la figura de la Virgen de Belén, sino también la esperanza y la fe de todo un pueblo.
DANIEL MELLADO | elsiglo
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