Con luces encendidas, telones abiertos y la emoción vibrando en cada butaca, el municipio José Félix Ribas del estado Aragua fue testigo de una función sin precedentes del Festival de Teatro Venezolano 2025, una fiesta escénica que desde su primer acto dejó claro que el arte dramático no sólo entretiene, sino que también transforma, educa y une a la comunidad.


En el marco de los siete vértices emanados por el Ejecutivo nacional, de donde no escapa la cultura, el Festival llegó a la emblemática ciudad de La Victoria con una cartelera cargada de contenido social, emocional y educativo.
El imponente Teatro Ribas, joya arquitectónica y bastión cultural de la región, fue el encargado de albergar esta muestra teatral que durante varias jornadas convirtió su escenario en un espacio de reflexión, aprendizaje y disfrute colectivo.
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Un escenario con vocación
El director general de la Secretaría Sectorial de Cultura en Aragua, Weston Liscano, fue uno de los principales artífices de esta jornada cultural. En conversación con el equipo del diario elsiglo, manifestó su profunda alegría al ver el compromiso del pueblo aragüeño con el teatro y con las actividades que desde la institucionalidad se tejen para fortalecer el tejido social.

«Este Festival no es una temporada de funciones, es un llamado a la reflexión, al encuentro, a la memoria colectiva. Lo estamos haciendo con el mayor amor y en conjunto con el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, el licenciado Nicolás González, máxima autoridad regional en materia cultural, y bajo el liderazgo de la gobernadora Joana Sánchez, quien ha sido una aliada incondicional de todos los proyectos que buscan abrir cortinas al arte en todos los municipios», expresó Liscano.
Asimismo, el director agradeció el apoyo de los directores de cultura de los 18 municipios del estado Aragua, quienes vienen trabajando en perfecta sincronía para llevar actividades artísticas a todos los rincones del estado.
«Lo que se está construyendo aquí es mucho más que un Festival, es una verdadera puesta en escena colectiva, donde cada ciudadano es parte del elenco».

Obras con alma, obras con mensaje
Entre el sábado 30 y domingo 31 de agosto, las tablas del Teatro Ribas se estremecieron con dos obras cargadas de emotividad y contenido social. La primera «En Fragmentos», una desgarradora y honesta mirada al flagelo del maltrato contra la mujer, fue ejecutada por el grupo teatral Acción, bajo la pluma sensible de Imagros Batter, escritora oriunda de Aragua, que ha hecho del teatro su trinchera para luchar por los derechos humanos.
La segunda obra, dirigida al público infantil, fue la entrañable y a la vez irreverente «El Patito Feo o Bicho pa’raro», una reinterpretación criolla del clásico cuento que nos recuerda el valor de la diferencia, el respeto a la identidad y la búsqueda del amor propio desde la infancia.
La función de «En Fragmentos» tocó fibras profundas en el público. Con escenas cargadas de simbolismo, silencios elocuentes y diálogos punzantes, la obra provocó un auténtico coro emocional entre los asistentes. Aplausos espontáneos, lágrimas sinceras y reflexiones compartidas al salir del teatro, fueron el mejor testimonio de su impacto.

Voces que desde el escenario hacen eco en la comunidad
Imagros Batter, escritora de la obra, se mostró emocionada por la receptividad del público y reiteró la necesidad de seguir llevando su mensaje a cada comunidad del país. «Este trabajo nace del dolor, pero también de la esperanza. Lo he escrito con el corazón, como aragüeña que soy. Sé que el teatro tiene el poder de cambiar miradas, de generar conciencia. Por eso debemos llevar estas historias no sólo a los teatros, sino a las calles, a las escuelas, a las comunidades», afirmó.
De igual forma, la actriz Raquel Camacho, parte del elenco de «En Fragmentos», resaltó que este Festival permitió dar vida al texto teatral y además sembrar conciencia en el espectador.
«Desde nuestras trincheras queremos ayudar más. Queremos tender puentes con instituciones, con organizaciones sociales, para que esta obra sirva como herramienta educativa. El arte tiene que tener una función social, y eso lo estamos demostrando en cada función», expresó Camacho.

El público también sube al escenario con su voz
El teatro, como arte vivo, no existe sin público. Y en esta oportunidad, la comunidad aragüeña se convirtió en parte activa del guión. Al concluir cada función, las impresiones de los asistentes reforzaron la premisa de que este Festival no únicamente entretuvo, sino que también tocó corazones y dejó lecciones.
María Gabriela Salcedo, vecina de La Victoria, expresó emocionada: «Obras excepcionales, increíbles, llegaron a nuestra Victoria. Nos demuestran que aún tenemos mucho que aprender y qué mejor manera que hacerlo a través del teatro, que es tan noble, tan humano».
Por su parte, Geralbert Castillo no dudó en señalar que estas iniciativas son vitales para fomentar el amor por las artes escénicas. «A veces las personas piensan que el teatro es elitista o aburrido, pero cuando lo viven, se enamoran. Este Festival ha servido como una primera llamada para muchos que ahora están listos para el segundo acto».
Un recorrido con el alma nacional
El Festival de Teatro Venezolano 2025 inició el pasado 28 de agosto con una nutrida agenda que incluyó conversatorios, talleres, censos culturales y encuentros comunitarios. Todo esto, con el objetivo de reactivar la escena teatral y dar voz a nuevas propuestas y dramaturgias emergentes.

Durante esta edición, el Festival recorrió varios municipios del estado Aragua, entre ellos Girardot, Ribas, Sucre y Lamas, presentando una cartelera variada con obras como:
Rengifo en Femenino
La Balada de Aquiles
La Torta que puso Adán
Historias del Piato Daktai
Naranja Surrealista
Historias y cuentos de los valles
El Patito Feo o Bicho pa’raro
Cada presentación fue cuidadosamente curada para llegar a públicos diversos, combinando propuestas clásicas y contemporáneas, obras infantiles y temas de alta sensibilidad social. En palabras de Weston Liscano, «la selección de la cartelera responde a un ensayo general de lo que queremos como país: inclusión, memoria, reflexión y belleza».
Aplausos finales, pero sin cierre de telón
El Festival de Teatro Venezolano en Aragua ha sido más que un evento, ha sido una declaración de principios sobre el poder del arte para transformar realidades. Las luces del Teatro Ribas pueden apagarse temporalmente, pero la llama que encendió en cada espectador seguirá ardiendo.
Con la promesa de nuevas funciones, de más obras con sentido y de un trabajo sostenido desde las instituciones y las comunidades, el teatro venezolano reafirma su vigencia como herramienta de construcción social.
Y mientras el telón cae por esta edición en La Victoria, el eco de los aplausos resuena como un llamado a no dejar vacías las butacas del alma. «Porque en Venezuela el teatro sigue, y la función apenas comienza».
Daniel Mellado | elsiglo
MG
