Para Andy Borregales, el Súper Bowl LX en Santa Clara, mañana, desde las 7:30pm (hora Venezuela), no es solo una cita con la historia por ser el primer venezolano en pisar ese escenario; es, ante todo, un desafío extremo de psicología deportiva. En la NFL, el pateador habita una paradoja emocional: es el jugador que menos tiempo pasa en el campo, pero sobre quien recae, a menudo, el peso absoluto del destino de una franquicia.

El rol de Borregales demanda una gestión de la atención casi sobrehumana. Mientras el resto del equipo está inmerso en el flujo físico y constante del juego, el pateador permanece en una «isla mental» en la banda. Su reto psicológico principal es mantener el nivel de activación óptimo (el estado de alerta justo entre la relajación y el nerviosismo) durante largos periodos de inactividad.
Cuando llega el momento del field goal, Borregales debe pasar de la quietud a la ejecución máxima en segundos. Esta transición requiere una rutina de pre-rendimiento blindada, un ritual de movimientos y pensamientos que actúe como un «ancla» para ignorar el ruido de los 70,000 espectadores en el Levi’s Stadium y los millones que observan por televisión.
En un Super Bowl, el miedo al error es el principal enemigo. La psicología del pateador se basa en el control del diálogo interno. Borregales ha demostrado en su temporada de novato con los Patriots -especialmente tras sus aciertos bajo la nieve en la Final de Conferencia- una notable capacidad de resiliencia cognitiva.
Para tener éxito, su mente debe funcionar como un procesador de datos, no de emociones. Debe aislarse del resultado; es decir, no pensar en el «qué pasará si fallo», sino en la técnica mecánica del golpeo. Y su memoria tiene que ser selectiva. En este último caso, olvidar instantáneamente un error previo para que no contamine el siguiente intento.
IDENTIDAD Y PRESIÓN CULTURAL
A la presión intrínseca del juego se suma el peso de la representatividad. Ser «el primer venezolano» añade una capa de expectativa nacional. El manejo de esta carga emocional requiere convertir la presión en motivación, utilizando la identidad como un motor de orgullo en lugar de una mochila de responsabilidad.
En conclusión, el éxito de Andy Borregales en Santa Clara dependerá de su capacidad para ser un «especialista del presente». Su pie izquierdo solo ejecutará lo que su mente haya visualizado y aceptado previamente: que en esos tres segundos de acción, él es el único dueño del tiempo.
LA VORÁGINE PSICOLÓGICA
Casi mil millones de personas siguen cada año el Súper Bowl. Una vitrina de ensueño y, a la vez, una de las más estresantes del mundo. Ejecución bajo presión. Gestión del miedo al fracaso. Alcanzar el estado de máxima concentración. La final de la NFL se gana con la mente. Nicoletta Romanazzi, ganadora del premio a la mejor preparadora mental del año en los Globe Soccer Awards, quien para EFE desgranó los desafíos psicológicos que esperan a Patriots y Seahawks.
Fijarse en imágenes positivas, potentes, exitosas y enfocadas en los puntos de fuerza es una de las claves para alcanzar el estado de máxima concentración, que lleva al mejor rendimiento bajo presión, afirmó Romanazzi.
Galardonada en Dubái con el primer premio a la ‘mental coach’ del año en los Globe Soccer Awards, Romanazzi ha trabajado con deportistas de élite como Marcell Jacobs, ganador del oro olímpico en los 100 metros de Tokio 2021, o el portero del Manchester City Gianluigi Donnarumma, entre muchos más.
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De los ‘quarterback’ y los jugadores de movimiento, que pueden descargar sus emociones de forma explosiva en el campo, a los pateadores, llamados a pasar de la calma del banquillo al centro de los focos para lanzar un ‘field goal’, el Súper Bowl pone a prueba la fortaleza mental de cada protagonista. Emociones humanas que, de no gestionarse adecuadamente, pueden paralizar incluso al deportista más talentoso.
«El miedo más grande del ser humano es que se le excluya, que se le juzgue. Cuando nacemos, entendemos inmediatamente que para poder sobrevivir debemos adecuarnos a las reglas de nuestro grupo, y a partir de ese momento lo hacemos todo para ser aceptados. Todas las situaciones en las que percibes el peligro del juicio externo, y el riesgo de que los demás se puedan alejar, activan ese miedo profundo. Es algo de que el deportista no es consciente», asegura Romanazzi.
«Además, a menudo en esas situaciones te centras en lo que no sabes hacer. En cambio, la diferencia la haces precisamente con tus puntos de fuerza, con tus talentos», prosiguió.
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