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En San Mateo mantienen viva la magia de la Navidad

La llegada de diciembre volvió a encender la esperanza en San Mateo, municipio Bolívar del estado Aragua, donde sus habitantes, fieles a su identidad y a las costumbres heredadas por generaciones, se preparan para recibir la Navidad con el mismo afecto, entusiasmo y devoción que ha marcado por décadas la época más especial del año.

La Navidad se siente en San Mateo


Aun cuando la cotidianidad esté atravesando por diversas dificultades, los sanmateanos aseguran que harán todo lo posible para mantener viva las celebraciones del mes que muchos consideran «el más bonito», porque renueva el corazón y fortalece los lazos familiares.


Durante un recorrido realizado por el equipo del diario elsiglo, vecinos del casco central y sectores adyacentes compartieron como se organizan para preservar los rituales navideños, que más allá de lo material, representan un legado afectivo, cultural y espiritual.


Para ellos, diciembre nunca llega solo, llega acompañado del olor a hallaca recién hecha, del brillo de las luces que adornan el arbolito, del sonido suave de las gaitas y parrandas, y de una vibra festiva que envuelve hasta al más distraído.


Uno de los aspectos más arraigados entre los sanmateanos es la elaboración del pesebre y el tradicional nacimiento; muchas familias lo colocan en un espacio principal de su hogar, no sólo como un elemento decorativo sino como un símbolo de fe, gratitud y esperanza.


De igual manera, armar el arbolito, ya sea pequeño, grande, tradicional o improvisado, es para muchos una ceremonia sentimental que marca el comienzo oficial de la temporada decembrina.


A estas expresiones se suma la preparación de los característicos platos navideños. La hallaca, el bollo, la ensalada de gallina, el pernil, el dulce de lechosa o de cabello de ángel continúan siendo protagonistas de las mesas de esta parte de la región aragüeña, aú cuando en algunos hogares se elaboren en menor cantidad, debido a la situación económica. Pero para sus habitantes, la Navidad se mide menos en abundancia y más en compañía; compartir en familia constituye el verdadero corazón de la celebración.


«Las tradiciones de mis padres y abuelos siguen vivas y prometo continuarlas», comentó la señora Josefina Rodríguez, quien recuerda con orgullo como desde niña ayudaba en la preparación de las hallacas. Aunque reconoce que este año hará menos, asegura que no puede dejar pasar diciembre sin sentir el olor del guiso, sin elaborar su dulce de cabello de ángel, una receta que afirmó con una sonrisa, «le queda delicioso». Para ella lo más importante no es la cantidad, sino la alegría del encuentro. «Lo que más me gusta es compartir. Eso no puede perderse.


Esa misma convicción la comparte Liseth Delgadillo, otra vecina de la localidad, quien prepara junto a su familia las festividades «Como Dios manda», repitiendo los rituales que aprendió desde niña. Explicó que todos los miembros del hogar se organizan para hacer su tradicional «vaca», en la que cada uno aporta algo, ya sea para los arreglos de la casa, las compras navideñas o la cena del 24 y el 31. Para ella, esta unión familiar representa una costumbre profundamente venezolana que debe mantenerse a pesar de las dificultades. «Esto no se puede perder. Siempre agradeciendo a Dios por darnos la oportunidad de celebrarlo juntos», comentó.


Otra voz que refleja el espíritu comunitario de esta época es la de Yosibeth González, quien afirmó que en su familia la Navidad es un momento de recuentro y unidad. Explicó que realizan celebraciones «de traje», donde cada integrante lleva un plato preparado con cariño: su hermana, por tradición materna, se encarga de los dulces navideños; otros llevan la ensalada, las hallacas o algún postre especial.


González ya adornó su casa con luces, colocó su árbol y armó el nacimiento, convencida de que estas tradiciones deben mantenerse vivas para que sus hijos comprendan el valor emocional de la Navidad. «Quiero que mis hijos vean lo hermoso de la Navidad, que entiendan que aunque estemos pasando por momentos difíciles, debemos estar unidos, en alegría y agradeciendo a Dios», expresó.


Para muchos habitantes de San Mateo, diciembre es también un periodo espiritual que invita a la reflexión, al agradecimiento y a la renovación. La fe, el amor y la esperanza son tres elementos que han acompañado por generaciones las tradiciones venezolanas, convirtiéndose en una guía para enfrentar el año que termina y recibir el que comienza. En ese sentido, González puntualizó que estos días son propicios para pedir al Niño Dios, paz, unión y bienestar para todas las familias del municipio, así como para dar gracias por las oportunidades recibidas a lo largo del año.


La Navidad en el municipio Bolívar es más que una tradición, es un tesoro emocional que se ha preservado incluso en los momentos más adversos. Es la memoria viva de sus abuelos, las recetas guardadas con cariño, las luces que los niños observan con ilusión, el sonido de las voces que se unen para cocinar, rezar, celebrar o abrazar. Es, en definitiva, la certeza de que la magia decembrina no depende de lujos, sino de afectos.


A medida que avanza diciembre, las calles sanmateanas comienzan a perfumarse con la mezcla inconfundible de tradición y esperanza, desde las ventanas decoradas, hasta los patios iluminados; desde los hogares que se organizan para la cena, hasta los grupos familiares que se reencuentran; San Mateo demuestra que la Navidad no se pierde, se reinventa, se adapta y vuelve a florecer en cada gesto de solidaridad y amor.


Y así, entre luces, villancicos y el inconfundible espíritu que caracteriza a su gente, el municipio Bolívar se prepara para recibir una vez más la noche más esperada del año. Con menos o con más, pero siempre con el corazón lleno, los sanmateanos reafirman que la Navidad continúa siendo el recordatorio más hermoso de que la unión familiar, es el regalo más valioso que existe.

DANIEL MELLADO

GM