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San José: Santo del silencio y pilar espiritual

Este jueves, la Ciudad Jardín renovó su fe al celebrar el Día de San José, quien no solamente es el patrono de esta jurisdicción, sino de su Diócesis que comprende territorialmente todo el estado Aragua a nivel eclesiástico.


Es válido decir entonces que ese hombre fiel, trabajador y honrado, patrono además de la Iglesia Universal, representa un pilar en la fe cristiana de los maracayeros y su identidad está profundamente ligada a la figura de San José.
Más que una simple tradición, su patronazgo tiene raíces legales y religiosas que se remontan a los albores de la ciudad en el siglo XVIII, ya que su elección como patrono no fue casual.
Según la tradición eclesiástica de la época, la designación de un titular para una nueva parroquia se realizaba mediante decretos de elevación. En el caso de Maracay, esto ocurrió el 5 de marzo de 1701, cuando se creó la Parroquia de Maracay-Tapa tapa.
Existen dos vías principales por las cuales se asignaba un santo en aquel entonces: la petición popular o la decisión Episcopal. En este caso, desde ese mismo momento fundacional, el padre putativo de Jesús quedó establecido como el protector espiritual de la feligresía maracayera.
Todo esto, pese a que también se registra en la historia una fuerte conexión con la Virgen de Chiquinquirá, que presidía el altar mayor. Durante ciertos periodos, la devoción hacia «La Chinita» fue tan intensa que algunos sectores la consideraban una especie de copatrona. Todo esto quedó registrado en investigaciones realizadas por el fallecido cronista Olman Botello.

EL PATRONO DE LOS MARACAYEROS

Sin embargo, desde el punto de vista estrictamente jurídico y eclesiástico, San José ha mantenido su título único desde la elevación de la parroquia.
En el ámbito religioso, la figura de José es fundamental por su papel como custodio de la Sagrada Familia. A menudo llamado el «Santo del Silencio» debido a su discreta presencia en los evangelios, su importancia radica en ser el nexo que otorga a Jesús la descendencia de David.
«José pasa de ser una figura casi desapercibida a ser protagonista cuando el ángel le revela su misión: él es quien debe ponerle el nombre a Jesús, asumiendo una paternidad esencial en una sociedad patriarcal», aseguró el padre Jesús Díaz, párroco de la Catedral de San José en Maracay.
Además de su relevancia teológica, San José representa el valor del trabajo y la enseñanza. Como carpintero, fue el responsable de la crianza y formación de Jesús durante su etapa como hombre en la tierra, enseñándole su oficio y guiándolo en su crecimiento.

SOLEMNE EUCARISTÍA Y BENDICIÓN A LOS NUEVOS ACÓLITOS

En este sentido, no podía pasar por alto tan importante fecha, así que, en un ambiente de profunda devoción, se llevó a cabo la misa solemne en honor a San José.
La celebración eucarística fue presidida por el obispo de la Diócesis, monseñor Enrique Parravano, quien estuvo acompañado por los miembros del Cabildo Catedralicio y una nutrida concurrencia de fieles que se dieron cita para rendir tributo al Santo patrono.
Durante la homilía, monseñor Parravano hizo un llamado a la comunidad a seguir el ejemplo de lealtad y fe que caracterizó a San José como custodio de la Sagrada Familia. En este contexto de júbilo, el prelado extendió una felicitación especial a las Hermanas Agustinas Recoletas, quienes inician su año jubilar al cumplir 125 años de fundación, y exhortó a los presentes a «seguir orando por la pronta canonización de la Madre María de San José, primera beata venezolana».
Uno de los momentos más significativos de la ceremonia fue la institución de 13 nuevos acólitos para la Iglesia Católica. Los ciudadanos Benjamín, César, Ciro, Gerardo, Javier, Jorge, José Gregorio, José Ramón, Luis, Manuel, Néstor, Richard y Jhonny dieron este paso fundamental en su formación religiosa, asumiendo el compromiso de servir al altar y a la comunidad en el camino hacia sus futuras metas eclesiásticas.

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padre Jesús Díaz

Al culminar la ceremonia religiosa, el padre Jesús Díaz, párroco de la Catedral de Maracay, explicó la trascendencia de este acto: «Hoy hemos realizado esta Eucaristía que fue presidida por nuestro obispo monseñor Enrique Parravano, en el cual han recibido el ministerio del acolitado, que es uno de los pasos previos a la ordenación diaconal, los candidatos al diaconado permanente».

Díaz subrayó que este ministerio representa una apertura importante dentro de la estructura eclesial. «El diaconado permanente lo ofrece la Iglesia Católica a hombres casados, los cuales se incorporan al sacramento del orden en el grado diaconal para el servicio y la atención a las parroquias, a las comunidades y colaboradores, pues cercanos del obispo y de los sacerdotes», puntualizó el párroco.

CONTINÚAN LAS ACTIVIDADES

La jornada festiva continuó durante la tarde con una misa de acción de gracias para conmemorar el tercer aniversario del Movimiento Diocesano San José. Según detalló el padre Díaz, esta organización fue una iniciativa del obispo para profundizar la devoción a San José en las distintas parroquias de la región, logrando consolidar un grupo de fe dedicado a difundir los valores del patrono.
Respecto a las actividades de cierre. «En la tarde vendrán todos los del Movimiento Diocesano San José para la consagración a San José y luego tendremos la gran procesión», comentó, extendiendo además una invitación a la colectividad año tras año a acrecentar nuestra devoción como parte fundamental de la vida espiritual del estado.
Para las autoridades eclesiásticas, esta festividad está ligada al sentido de pertenencia del maracayero. «Una de las aspiraciones que tiene nuestro obispo y que tenemos los sacerdotes de nuestra diócesis, y yo particularmente como deán y párroco, es que podamos cada vez más rescatar esa devoción a nuestro patrono como identidad de los maracayeros», afirmó Díaz, recordando que la programación inició el 5 de marzo para vincular la fiesta patronal con la elevación de Maracay a parroquia eclesiástica.
En tal sentido, el mensaje central de la celebración se enfocó en la transformación personal a través de la fe donde el objetivo es «imitar las virtudes de San José», destacando que, aunque el Evangelio es breve sobre su vida, lo define como un hombre justo y prudente. «Así también nosotros tenemos que dejarnos llevar por esa acción del Espíritu Santo, dejarnos guiar por el Señor y sobre todo tener estas virtudes de San José: un hombre justo, un hombre prudente y un hombre obediente a la voluntad del Señor», sentenció.

CHIQUINQUIRÁ RIVERO | elsiglo