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Revenga elevó una sola oración por quienes más lo necesitan

Mientras el país continúa avanzando poco a poco hacia la recuperación tras los acontecimientos que marcaron el pasado 24 de junio, en el municipio José Rafael Revenga, del estado Aragua, cientos de personas encontraron una forma distinta de acompañar a quienes hoy enfrentan las consecuencias del doble terremoto: Reunirse para orar.

Las plegarias engalanan el municipio José Rafael Revenga


Más allá de credos o denominaciones religiosas, el sentimiento fue el mismo. Pedir por el eterno descanso de quienes perdieron la vida, por la pronta recuperación de los heridos, por las familias que aún intentan reconstruir sus hogares y por una Venezuela que, entre tantas dificultades, continúa encontrando motivos para mantenerse unida.


Durante dos jornadas consecutivas, plazas y templos de la jurisdicción se transformaron en espacios de encuentro donde el silencio, las plegarias y los abrazos ocuparon el lugar que, por estos días, también ha llenado la solidaridad de miles de venezolanos. En medio del dolor, la comunidad revengueña dejó claro que la esperanza también puede construirse desde la fe.

LA FE TAMBIÉN ABRAZA
La primera actividad se desarrolló en la plaza Miranda de El Consejo, donde representantes de distintas iglesias cristianas evangélicas convocaron a la comunidad para elevar oraciones por las víctimas, los damnificados y cada uno de los hombres y mujeres que permanecen desplegados en las labores de atención y rescate.

El sentimiento nacional estuvo a flor de piel


Durante el encuentro, los asistentes compartieron momentos de reflexión acompañados por cánticos de adoración y mensajes de fortaleza, recordando que, incluso en medio de las circunstancias más difíciles, la solidaridad también se expresa acompañando espiritualmente a quienes atraviesan el dolor.

Padre Pedro Hurtado, párroco de El Consejo


Más que una concentración religiosa, la actividad terminó convirtiéndose en un espacio donde vecinos, familias y creyentes coincidieron en un mismo propósito, el de mantener viva la esperanza y seguir impulsando las distintas iniciativas de ayuda que continúan desarrollándose en favor de las comunidades afectadas.

UN MISMO CLAMOR DESDE EL ALTAR
Ese mismo sentimiento se trasladó hasta la iglesia Nuestra Señora del Buen Consejo, donde decenas de feligreses participaron en una eucaristía presidida por el párroco Pedro Hurtado, quien dedicó la celebración a las víctimas del movimiento telúrico y a todas aquellas familias que aún enfrentan las consecuencias del desastre natural.


Durante su homilía, el sacerdote invitó a los presentes a fortalecer la esperanza en medio de la adversidad, recordando que los momentos difíciles también representan una oportunidad para reencontrarse como sociedad y acompañarse mutuamente.


«Hoy más que nunca estamos llamados a ser instrumentos de consuelo para quienes sufren. La reconstrucción de nuestro país no depende únicamente de levantar paredes; también pasa por reconstruir la esperanza, acompañar al que llora y recordar que nadie está solo cuando una comunidad decide caminar unida desde la fe y la solidaridad», expresó Hurtado.


El sacerdote también elevó una oración especial por los funcionarios de los organismos de prevención, personal médico, voluntarios y todas aquellas personas que, desde diferentes espacios, han dedicado sus esfuerzos a atender la emergencia.

UNA LUZ PARA QUIENES AÚN ESPERAN
Al concluir la eucaristía, uno a uno los asistentes se acercaron hasta el altar para encender velas blancas frente a la imagen de la Virgen de Coromoto, patrona de Venezuela. Cada llama representó una intención distinta. Algunos pidieron por quienes ya partieron; otros por la recuperación de familiares y amigos; muchos simplemente agradecieron seguir con vida y tener una nueva oportunidad para abrazar a los suyos.


Afuera, Revenga continúa desarrollando jornadas solidarias, centros de acopio y diversas acciones en apoyo a las familias afectadas por el terremoto. Adentro, entre oraciones, abrazos y silencios compartidos, la comunidad recordó que existen heridas que el concreto podrá reparar con el paso del tiempo, pero que únicamente la solidaridad, el acompañamiento y la fe ayudan a sanar en el corazón de quienes las viven.


Porque, al final, aquella jornada no reunió únicamente a creyentes; reunió a un pueblo que decidió mirarse nuevamente como comunidad, convencido de que, incluso en los momentos más difíciles, siempre habrá una oración capaz de devolver un poco de esperanza a quien más la necesita.

DANIEL MELLADO | elsiglo