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Residencia Tamarindo tiene 20 años esperando consolidación

Seis familias de Residencia Tamarindo, ubicada en el sector Niño Jesús de El Limón, están a la espera de que el Ministerio de Hábitat y Vivienda y el Gobierno nacional, ejecute la construcción de nuevas viviendas y servicios públicos, para de esta forma constituir formalmente la comunidad en terrenos perteneciente al municipio Mario Briceño Iragorry.

Hay viviendas aun hechas con láminas de zinc.
Zuleima Mendoza.

En este contexto, Zuleima Mendoza, vocera principal de Hábitat y Vivienda del consejo comunal de la zona, destacó que tienen ya 20 años en esta lucha para el Estado realice las gestiones necesarias para que los residentes puedan vivir en mejores condiciones.


La vocera de Residencia Tamarindo aseguró que no han dejado de tocar puertas en busca de un apoyo gubernamental para que se construyan las soluciones habitacionales, destacando la solicitud hecha a la gobernadora Joana Sánchez, a quien Mendoza afirma conocer personalmente por años de lucha compartida.


«Le pedimos que por favor, primeramente Dios, que se ponga su mano en su corazón y vea el mal estado que estamos viviendo, ya estamos desesperados», expresa Mendoza, en un llamado que mezcla la fe con la exigencia política.


Recordó que incluso hace apenas quince días entregó un escrito a la presidenta encargada Delcy Rodríguez durante su visita a Maracay, buscando que el clamor de su sector llegue a los oídos indicados.


Su mensaje para la gobernadora y el alcalde, Brullerby Suárez es de reciprocidad: «Hemos estado con usted en la lucha, la hemos apoyado… ahora nos toca recibir de su apoyo y de su ayuda de una vivienda digna», agregó.

NO QUIEREN FALSAS ESPERANZAS


El temor más grande de las familias de Residencia Tamarindo es que su situación se convierta en una eterna promesa incumplida. Mendoza hace un énfasis especial en la figura de Fernando Álvarez, director de Hábitat y Vivienda, a quien el alcalde supuestamente instruyó para comunicarse con ellos, un contacto que, hasta la fecha, no se ha producido.

Solo esperan el apoyo del Ministerio de Hábitad y Vivienda.


«Fernando Álvarez, director, si usted ve esta información por favor comuníquese conmigo que de verdad lo estamos esperando. Venga», insta la vocera.


Mientras los planos de mensura y las cartas de solicitud se acumulan en carpetas que las instituciones a veces ya ni siquiera quieren recibir, las seis familias fundadoras y el resto de la comunidad permanecen en vilo.

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TEMOR CON LAS LLUVIAS

Ya tienen años esperando.


Con respecto a las condiciones que se encuentran Residencias Tamarindo, solo una de seis viviendas construidas ya está levantada con ladrillos, mientras que el resto están elaboradas con madera y láminas de zinc, lo que no figura en el concepto de progreso en estos tiempos.


Los habitantes de la comunidad también denunciaron que no cuentan con servicios públicos básicos, como sistema de cloacas, electricidad y agua potable, haciendo más difícil la instancia de esta comunidad que fue fundada en el año 2007.


Por otra parte, Juana Ramona Figueroa, vocera de calle y representante del comité de Adulto Mayor, describe el panorama con una crudeza que duele. Según explica, la comunidad se enfrenta a una «situación precoz y dura» que se agrava cada vez que el cielo se oscurece y avisa que va a llover.

Juana Ramona Figueroa.


«Esto se anega y no tenemos pozo séptico, no tenemos el alumbrado eléctrico. Pedimos una colaboración para la luz, para el agua, tampoco hay agua, no nos llega el agua», lamenta Figueroa.


Para ella, el sentimiento de abandono es total, pues a pesar de haber gestionado toda la documentación requerida, ninguna institución ha cruzado el umbral de su sector para brindar soluciones tangibles.


«Nos tienen como olvidados, estamos olvidados aquí en este lugar. En ninguna parte aparecemos», sentencia la vocera con la resignación de quien ha esperado casi veinte años por una respuesta.

VIVIR ENTRE PAREDES HÚMEDAS

Dani Hernández.


La lucha no es solo por la infraestructura, sino por la dignidad cotidiana. Dani Hernández, vocera de Salud del consejo comunal de Niño Jesús, relató cómo el terreno municipal en el que habitan, bajo contratos de arrendamiento y fichas catastrales otorgadas por la alcaldía, se convierte en una trampa de humedad durante la temporada de lluvias.


El respaldo legal que poseen, firmado por el alcalde Brullerby Suárez, parece ser solo un consuelo burocrático ante la pérdida material que sufren cada año.


«Todo se nos moja por dentro, por fuera, tenemos niños pequeños, vivimos en tan malas condiciones. Las paredes húmedas, las ropas se nos mojan, los televisores, la cama», explica Hernández con preocupación.


La vocera enfatiza que han entregado innumerables escritos a la gobernación y a diversas instituciones, pero el resultado es siempre el mismo: una firma de recibido y un silencio posterior. Para Hernández, la urgencia es clara: «Nosotros necesitamos una respuesta para una vivienda digna como todo ser humano necesita vivir en buenas condiciones», sentenció.

LINO HIDALGO | elsiglo
fotos | JOEL ZAPATA