Una flotilla de limusinas y cientos de paparazzi se arremolinaban en el exterior del Petit Palais antes del desfile, a medida que llegaban los grandes nombres, en una fría mañana. Demi Moore apareció para sentarse junto a Carla Bruni, Farida Khelfa y Vincent Cassel, que acudió con su última novia, Narah Baptista. Mientras, Lauren Sánchez, con un vestido de Schiaparelli rojo, causó un gran alboroto cuando hizo su entrada junto a su marido, Jeff Bezos.

Con los gigantescos ventanales del edificio oscurecidos, el elenco desfiló sobre una enorme pasarela alfombrada de negro. Aunque claramente inspirada en la obra maestra de Miguel Ángel, no había nada literal en la interpretación de Daniel Roseberry, que dejó volar su imaginación
Se trató, ante todo, de una colección de pura fantasía, cuyo punto culminante fue un final apoteósico que mezcló toda una serie de criaturas reptilianas y arácnidas. El modisto estadounidense las bautizó como «infantas terribles… los héroes de la colección… aves en pleno vuelo, desafiando la gravedad, audaces en color, explosivas en silueta».


Sus estrafalarias propuestas de insectos incluían una serie de colas de escorpión revestidas de plumas que se enroscaban sobre las cabezas de varias modelos. Por todas partes, las plumas, tanto reales como ramilletes de seda en trampantojo, estaban pintadas a mano, aerografiadas o sumergidas en resina y cristales, en un impresionante despliegue de técnica y arte.
Por su parte, la fascinación de Elsa por la vida animal se evocó con propuestas aviares: gigantescas bolas de tul que sugerían exóticos pájaros surrealistas. Todo muy Schiaparelli. Algunas criaturas incluso recibieron nombre propio, como «Isabella Blowfish», un extraordinario traje de chaqueta con falda en capas de tul y organza, espolvoreado con cristales en tonalidades de pez globo y rematado con púas de organza.


Las flores parecían desafiar la gravedad mientras flotaban sobre muchos looks; brotaban púas en cuellos, hombros y cinturas. El encaje cortado a mano, trabajado como un bajorrelieve, adquirió un volumen tridimensional y sombrío. Capas de tul neón se superpusieron bajo varias de las primeras salidas para aportar un efecto ‘sfumato’.
El desfile culminó con una serie de looks de aves del paraíso: blazers de corte impecable con cuellos altos tipo catedral, realizados en combinaciones de plumas de ganso, pavo y gallo, bañadas hasta 50 veces para captar todos los matices. El trabajo de plumas corrió a cargo de un recurso francés verdaderamente brillante, la casa de plumas Maison Février, que Daniel Roseberry empleó con notable brío.
Lluvia de estrellas
El escenario elegido para el desfile fue el Museo Petit Palais de París, donde los diseños se apoderaron del espacio con una fuerza casi museística. Entre las invitadas destacaron varias actrices que elevaron aún más el aura del evento.


Teyana Taylor deslumbró con un top transparente de hombros estructurados en encaje Chantilly negro, combinado con una falda lápiz a juego. Como pieza central, llevó una corona tipo diadema en plata antigua con perlas y pedrería, acompañada de un broche chandelier en plata antigua con un nudo de cristales, logrando un equilibrio perfecto entre dramatismo y sofisticación.


Por su parte, Demi Moore apostó por un abrigo de leopardo bordado en terciopelo mate y faille de satén lavado, realzado con hombreras de inspiración ecuestre, pompones de matador y pantalones torero a juego. El estilismo se completó con pumps de punta afilada en terciopelo negro, acentuados por el icónico candado plateado, y un pequeño tocado que reforzaba el aire teatral y aristocrático del conjunto.
También, entre los asistentes destacaron el famoso dj Andrew Taggart, Aaron Paul, Jodie Smith, Carla Bruni, Lauren Sanchez y Jeff Bezos, Chiara Ferragni, por mencionar algunos.
