La demanda de tomate en Villa de Cura, municipio Zamora, experimenta un comportamiento fuera de lo común. Comerciantes del rubro del centro de la localidad aseguran que las ventas se mantienen constantes mientras que los que están en áreas más alejadas de la fluida circulación peatonal las reportan como «lentas». A pesar que el municipio es conocido como productor del rubro, los precios se mantienen anclados a los distribuidores de Maracay.

Esta intermediación introduce costos de flete que anulan la ventaja geográfica. Los productores locales prefieren despachar su mercancía a la capital, donde obtienen mejores márgenes de ganancia. Incluso igualan sus precios con los de las plazas mayoristas regionales, eliminando cualquier beneficio para el habitante de Villa de Cura.
En este sentido, María Bello, comerciante del sector desde hace más de quince años, observa con preocupación cómo la situación se ha tornado cada vez más compleja. «Uno quiere vender barato para ayudar al vecino, pero no se puede porque el producto sale caro desde los distribuidores», explicó.
Aseguró que la erosión del poder adquisitivo ha llevado a los consumidores a optar por tomates de menor tamaño y calidad inferior, ajustando sus compras a un presupuesto cada vez más reducido.
LAS LLUVIAS GOLPEAN LA COSECHA

La abundancia de precipitaciones afecta directamente el rendimiento de las cosechas. Bello señaló que el tomate y la cebolla son los productos más perjudicados por el clima, lo que deriva en un incremento inmediato de sus costos al consumidor final. La entrevistada detalló que aunque los precios se mantienen en «niveles razonables», entre los 1.250 y 1.300 bolívares, la tendencia en este momento es al alza debido a la entrada de la estación lluviosa. «Cuando llueve mucho, el tomate se daña y escasea, entonces el precio sube de manera obligada», afirmó.
DEPENDENCIA EXTERNA
A pesar del estatus de Villa de Cura como zona productora, el acceso directo a la producción local es limitado y esporádico. Bello explicó que la mayoría de los vendedores locales no se abastecen directamente de las fincas circundantes, sino que deben acudir al Mercado Mayorista de Maracay para adquirir su mercancía.
«Los productores de San Francisco vienen a veces, pero no es constante. Uno no puede contar con ellos para surtir el negocio», comentó la comerciante. Esta dependencia de intermediarios externos encarece el producto final y elimina cualquier ventaja competitiva que pudiera ofrecer la cercanía geográfica.
Los productores locales ajustan los precios a los del mercado mayorista para igualar dichas tasas, priorizando el margen de ganancia. Esta práctica, según Bello, perjudica directamente a los comerciantes y consumidores de la localidad.
UNA EXCEPCIÓN LOS SÁBADOS
Existen excepciones puntuales a esta dinámica de comercialización tradicional. Los sábados se realiza un mercado de campo abierto en la avenida Lisandro Hernández, donde productores de los Valles de Tucutunemo venden directamente al público. Estos espacios suelen priorizar el pago en efectivo, lo cual permite obtener precios ligeramente más accesibles en comparación con el comercio establecido.
Bello reconoció que esta iniciativa representa un alivio temporal para los consumidores, aunque no soluciona el problema estructural. «Allí se consigue más barato, pero es solo un día a la semana y no siempre hay suficiente para todos», puntualizó la comerciante.
RODOLFO GAMARRA | elsiglo
fotos: JOEL ZAPATA
