Vendedores del Mercado Municipal de Santiago Mariño manifestaron su preocupación ante lo que describen como una «decadencia» en las ventas, una situación que los obliga a subsistir con ingresos mínimos. La inestabilidad económica y el impacto del dólar son señalados como los principales responsables de esta crisis.

Antonio Alvarado, un vendedor con años de experiencia en el mercado, manifestó la cruda realidad que enfrentan diariamente. «Estamos sobreviviendo con lo poco que tenemos. Hay días que se vende un poquito y otros que no se vende nada. Ahorita los negocios que quedan la mayoría son de alimentos para animales», señaló, destacando como la actividad comercial ha sido reducida a lo esencial.
Alvarado rememoró con nostalgia la época dorada del mercado, cuando el flujo de compradores era constante y provenía de diversas jurisdicciones. «En años anteriores el mercado se llenaba y era muy famoso en la jurisdicción, venía gente de Maracay hasta de Valencia a comprar aquí. Esto se llenaba, la gente hacía cola para pagar, para comprar y todo», actualmente los comerciantes pasan las horas sentados, esperando por algún cliente.

Por su parte, Freddy José, otro comerciante del mercado, responsabilizó directamente a la inestabilidad económica. «Las ventas están malísimas, uno de broma come, de broma vive. Y el dólar es un tema serio», afirmó, reflejando la frustración del sector ante la fluctuación económica.
Freddy José, quien tiene 27 años trabajando en el mercado, expresó su tristeza por el estado actual del lugar. Explicó que la falta de ventas se debe a que el dólar interfiere constantemente en los precios. «Ese dólar nos está comiendo, porque no puede estar anclado en la economía».
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En medio de la baja afluencia, los vendedores se concentran en la comercialización de productos específicos que mantienen alguna demanda, como artículos para animales o insumos naturales buscados por sus propiedades medicinales. Alvarado comentó que la miel, buscada para la gripe, se vende bien, con precios cercanos a los mil bolívares.
Finalmente, los comerciantes manifestaron su profunda frustración ante la situación y su deseo de que el panorama mejore pronto. Las esperanzas es lo último que pierden, aun cuando la realidad económica golpea con dureza. «Yo tengo aquí 27 años y primera vez que veo el mercado en este estado», concluyó José.
FABIOLA RODRÍGUEZ
GM
