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«Las mujeres están rompiendo el silencio»

Hace cuatro años, en el municipio Mario Briceño Iragorry, estado Aragua, se registró uno de los femicidios más atroces de la región. En agosto de 2021 fue hallado el cadáver de Ana Gabriela Medina Blanco, una joven de 19 años, que había permanecido desaparecida durante nueve meses. El caso estremeció a la comunidad y puso en evidencia la magnitud de la violencia contra la mujer en Venezuela.


Por lo tanto, la violencia de género, que durante siglos fue alejada de la realidad social como un problema, hoy se reconoce como una violación de los derechos humanos. Sin embargo, este proceso tomó tiempo y esfuerzo.


Desde las primeras civilizaciones, las estructuras patriarcales legitimaron la subordinación femenina. En sociedades como la griega, romana o mesopotámica, las mujeres eran consideradas propiedad del padre o del esposo, de igual manera la iglesia y las leyes feudales reforzaron durante siglos la idea de que el maltrato doméstico era una forma legítima de corrección.


A partir del siglo XX, en el año 1979, la lucha feminista comenzó a tener eco en organismos internacionales, la ONU aprobó la Convención para la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (Cedaw).


En 1981, activistas latinoamericanas instauraron el 25 de noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en memoria de las hermanas Mirabal, asesinadas por la dictadura de Trujillo en República Dominicana.


En 1993, la Conferencia Mundial de Derechos Humanos en Viena reconoció que los derechos de las mujeres son derechos humanos, y en 1995 la Conferencia de Beijing incluyó la erradicación de la violencia como prioridad global.

REALIDAD VENEZOLANA


Estos avances marcaron un cambio de paradigma, no obstante, la violencia persiste. Según la ONG Utopix, en el primer semestre de 2025 se registraron 76 femicidios en Venezuela, cifra que sólo refleja los casos publicados en medios de comunicación.


Para profundizar la investigación se consideró pertinente visitar al Instituto de la Mujer, organización que protege y ampara a la mujer víctima de violencia en el estado Aragua, con el fin de obtener testimonios y datos proporcionados por su personal especializado.


La abogada Ángela Acosta, defensora delegada de los Derechos de la Mujer, explicó que su labor consiste en orientar y asesorar desde el momento en que la mujer decide denunciar hasta la culminación del juicio. «Ha sido un trabajo de hormiguita, pero hemos logrado que la ley nos visibilice», afirmó.

Ángela Acosta, abogada


El Instituto impulsa la campaña «Habla Para Salvar», que busca romper el silencio y rescatar a mujeres atrapadas en relaciones violentas. Durante el mes violeta se despliega un operativo regional en consejos comunales y municipios, promoviendo valores como la empatía y el respeto. «Las mujeres están hablando, están denunciando y eso marca una diferencia respecto a años anteriores», señaló Acosta.


«La invitación desde el Instituto de la Mujer de Aragua, es llamar a todas aquellas mujeres que están siendo víctimas de la violencia. Aquí serán orientadas y asesoradas, nosotras te podemos ayudar amiga, para que sientas verdaderamente que si puedes seguir adelante», con esto concluyó la abogada Ángela Acosta.

VOCES PROFESIONALES
Mientras que Jennifer Vázquez, psicóloga clínico del Instituto Nacional de la Mujer, específicamente en el área de atención y prevención de la mujer víctima de violencia, con más de 10 años de trayectoria, aportó datos relevantes ante este estudio.


«La raíz de la violencia contra la mujer se desprende desde un contexto cultural patriarcal, donde el machismo es lo primero». El Instituto tiene como reto reconstruir comunidades que erradiquen la violencia desde la educación de hombres y mujeres.

Jennifer Vásquez, psicóloga


Vázquez destacó que muchas mujeres aún no identifican si son víctimas o no del hombre, es por eso, que como parte fundamental de las campañas realizadas en diversos municipios y comunidades, incluyen el uso del «violentómetro», una herramienta que ayuda a reconocer conductas como humillaciones, ofensas o maltratos que suelen disfrazarse de bromas.


«La violencia se esconde en lo social, en la dependencia emocional y económica. Muchas mujeres soportan porque dependen del agresor para sobrevivir», agregó.


El trabajo es constante y no sólo se hace en noviembre o en marzo por ser el mes en que se honra a la mujer, «sino que es un esfuerzo de días, noches y hasta fechas navideñas. Hemos tenido que salir corriendo un 31 de diciembre para atender a una víctima. Es fuerte, pero es necesario».

ECOS DE LA COMUNIDAD


Con el objetivo de conocer la percepción ciudadana sobre la violencia de género, el equipo del diario elsiglo se trasladó al casco central del municipio Girardot, donde se aplicó una encuesta para recoger opiniones de los transeúntes y habitantes del sector.


Un señor, que prefirió omitir su nombre por medidas de seguridad, expresó: «La violencia todavía sigue siendo como un tabú. Las leyes hay que seguir difundiéndolas, es necesario».


Por otro lado, una mujer intervino con firmeza, «si al hombre no le conviene una mujer, déjela. No la golpee. Y la mujer también, si ve que al hombre no le conviene, déjelo».


Asimismo, la señora Blanca Pinto compartió su reflexión, «Dios nos dijo, ámense unos a otros. Entonces, porqué tenemos que ser violentos con los demás, la violencia parte del machismo, del querer estar por encima de la mujer. No le dan importancia a lo que ella piense ni nada de eso. Violencia y más violencia… lo que termina es en los hombres matándolas».

LLAMADO A LA CONCIENCIA

Blanca Pinto


La violencia de género en Venezuela sigue siendo un tema alarmante. En los últimos 11 meses se han registrado más de 70 casos de distintas formas de maltrato y feminicidio, hechos que reflejan la gravedad de este problema social.


Hoy se recordó a Ana Gabriela Medina Blanco, pero junto a ella, resuenan los nombres de Daniela Hernández, Deismar Jiménez, Angely Benavides y muchas mujeres más que hoy no están físicamente, porque sus vidas fueron arrebatadas por la violencia. Pero que sus voces permanecen en la memoria de quienes no las olvidan y mantienen la esperanza de una justicia.


Es momento de trabajar desde el hogar y la crianza, de sembrar valores en la infancia y sumarse al cambio como sociedad, cada vida perdida es un recordatorio de que no se puede seguir siendo indiferente.


Por ti, tu mamá, hermana, prima o amiga. ¡Ni Una Más!

ORANMAR ALCALÁ (pasante)