En una reciente entrevista con Harper’s Bazaar, Mariah Carey dejó de lado los adornos y habló con el corazón en la mano sobre una etapa que, aunque estuvo llena de éxito, también la sumergió en una especie de jaula dorada: su matrimonio con Tommy Mottola.

Entre 1993 y 1998, Mariah y Tommy estuvieron casados. Pero antes de enamorarse, él fue quien le dio su primera gran oportunidad al escuchar su demo y firmar su primer contrato musical, convirtiéndola en una de las artistas más exitosas de la industria. Sin embargo, con el correr de los años, ella no lo sentía así.

«A veces me siento enojada por ese momento, pero creo que lo he superado. En cualquier caso, juré que dejaría de hablar de ello», dijo la cantante a la publicación.
A pesar de la gran repercusión que alcanzó su música de la mano de Mottola, Mariah confesó que sus deseos profesionales iban en otra dirección.
«Quería hacer más R&B, más música urbana, y cada vez que lo mencionaba, me lo negaban. No es que no me gustara la música que hacía, simplemente sentía que había algo más dentro de mí que quería liberar», reveló, dando a entender las presiones que sufrió al lado del actual marido de Thalía.

En sus primeras memorias, The Meaning of Mariah Carey, la artista insinuó que Mottola controlaba su vida y su carrera musical al punto de dejarla al margen de las decisiones. Incluso, comparó su mansión en Bedford como si fuera la prisión de máxima seguridad Sing Sing.
Según lo que reveló la propia intérprete, vivía atrapada como una reclusa, ya que no podía salir sola ni tenía libertad de movimientos en su propia vivienda; el servicio que trabajaba para ellos la vigilaba y espiaba todo el tiempo.
CJL
