Multimax
Inicio En Aragua Manuelita Sáenz en San Joaquín de Carabobo lucha por su identidad y...

Manuelita Sáenz en San Joaquín de Carabobo lucha por su identidad y sus servicios

A pocos kilómetros de la zona rural de El Ereigüe, en el municipio San Joaquín del estado Carabobo, se asienta la comunidad Manuelita Sáenz. Lo que comenzó hace 14 años como una toma de terrenos deshabitados, donde imperaban las viviendas improvisadas de láminas de zinc, hoy transita un camino de transformación urbana. Con ocho calles que trazan su geografía, sus habitantes experimentan desde el año 2024 un proceso de consolidación que les ha devuelto la esperanza de vivir en un sector digno, aunque el camino por recorrer aún es largo.


Durante más de una década, los fundadores de este sector hicieron malabares para acceder a los servicios más elementales. La realidad empezó a cambiar de manera tangible en los últimos dos años, marcando un antes y un después en la dinámica diaria de las familias que allí hacen vida.

AGUA Y LUZ: CONQUISTA Y APOYO GUBERNAMENTAL
El acceso al agua potable y a la energía eléctrica constante eran las deudas más urgentes en el sector. Amarilis Cervantes, fundadora de la comunidad, recuerda que los primeros esfuerzos para llevar agua a las viviendas se dieron bajo la gestión de Fairuth Ortega, cuando se instalaron las primeras tuberías básicas para recibir el recurso «prestado» desde el sector vecino de Panamericana.


Sin embargo, el verdadero salto hacia la independencia de los servicios ocurrió recientemente. Desde hace aproximadamente dos años, ya en la gestión del actual alcalde Diego Corrales, la comunidad cuenta con un sistema de alumbrado público y un tendido eléctrico adecuado. A esto se sumó, hace un año, la puesta en funcionamiento de un pozo de agua propio, un logro que transformó la cotidianidad de Manuelita Sáenz.


«El pozo sí tiene como un año. Ahora tenemos agua propia, directa de aquí de la comunidad. Antes nos prestaban el apoyo con una bomba desde Panamericana y nos bombeaban, pero ahorita ya la tenemos directa», relata Cervantes con alivio.

LA ANTESALA DEL ASFALTO
A pesar de las notables mejoras que incluyen la instalación del sistema de cloacas, las ocho calles de Manuelita Sáenz siguen mostrando un rostro de tierra y piedras. La vialidad es la principal carencia actual del sector, una realidad que dificulta el tránsito, especialmente durante la temporada de lluvias.


Actualmente, las cuadrillas de trabajo avanzan en la construcción de aceras y brocales, una obra que los vecinos ven como el paso previo y necesario para recibir la capa asfáltica.


Entre la expectativa y la cautela, los residentes esperan que las promesas oficiales se cumplan una vez concluidos los trabajos de concreto. La comunidad comenta con frecuencia que las autoridades prometieron iniciar el asfaltado inmediatamente después de terminar las aceras, una afirmación que los vecinos esperan ver materializada muy pronto para dejar atrás el polvo y el barro.

DESAFÍO DE LA PROPIEDAD LEGAL
Más allá de los servicios públicos, existe una incertidumbre silenciosa que acompaña a los habitantes desde el primer día: la seguridad jurídica de sus hogares. Al haber nacido como un asentamiento informal, ninguna de las familias posee título de propiedad registrado a su nombre.


La historia del terreno añade un matiz particular a esta lucha. Richard Rodríguez, propietario y vecino del sector, explica que la zona originalmente no tenía el acceso actual y estaba proyectada por su antiguo dueño para el desarrollo de un complejo turístico tipo chalet.


De hecho, en el mapa geográfico oficial del municipio, el terreno figura bajo el nombre de Altos del Ereigüe. Sin embargo, la identidad popular fue más fuerte; los propios fundadores rebautizaron el espacio como Manuelita Sáenz, un nombre que, según aseguran los líderes vecinales, ya empieza a ser reconocido formalmente en las oficinas de catastro municipal.


El anhelo de obtener la titularidad de las tierras es el siguiente gran objetivo de la comunidad. Tras 14 años de esfuerzo, construcción y mejoras progresivas, los vecinos consideran que es el momento de que el Estado les otorgue la potestad legal de sus parcelas, garantizando que el esfuerzo de toda una vida quede protegido por la ley y asegurando, finalmente, la paz mental de saberse dueños legítimos de su propio destino.

LINO HIDALGO | elsiglo