A veces los caminos que cambian una vida comienzan con una simple visita familiar. Hace poco más de un año, Lucía Gómez salió desde El Corozo, un pequeño poblado del estado Monagas, para acompañar a su esposo a visitar a su suegra en Colonia Tovar.

Lo que parecía un viaje temporal terminó convirtiéndose en el inicio de una historia marcada por el trabajo, la perseverancia y el amor por las tradiciones venezolanas.
Hoy, quienes recorren las coloridas calles de este reconocido destino turístico del estado Aragua probablemente se hayan cruzado con ella. Siempre con una bandeja en las manos y una sonrisa capaz de iluminar cualquier jornada, Lucía ofrece a visitantes y lugareños una variedad de dulces criollos elaborados de manera artesanal, convirtiéndose poco a poco en un rostro conocido dentro de la comunidad.
Conservas de coco, coco con piña, turrones de maní, turrones de leche y otras preparaciones forman parte de la propuesta gastronómica que diariamente lleva consigo por los distintos rincones de la localidad.
UNA OPORTUNIDAD NACIDA DEL ESFUERZO
Lucía recuerda que los primeros meses no fueron sencillos. Adaptarse a una nueva tierra, construir una clientela y abrirse paso en un lugar desconocido representó un desafío importante. Sin embargo, asegura que encontró respaldo en muchas personas que creyeron en su proyecto desde el principio.

«Cuando llegamos no fue fácil, pero gracias a Dios encontramos gente muy buena que nos apoyó. Poco a poco comenzaron a conocernos y a valorar lo que hacemos con tanto cariño», comentó.
Ese respaldo trascendió incluso las calles de Colonia Tovar. Diversas plataformas digitales y creadores de contenido de la zona comenzaron a difundir su trabajo, permitiendo que su historia llegara a otros rincones del país.
Con el paso de los meses, turistas procedentes de distintas ciudades empezaron a buscarla específicamente para probar sus productos. Algunos llegan por recomendación de familiares y amigos; otros, porque conocieron su emprendimiento a través de las redes sociales.
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EL SABOR DE LO HECHO EN CASA
Más allá de las ventas, Lucía siente orgullo por ofrecer alimentos elaborados principalmente con ingredientes naturales.
Explica que la mayoría de sus preparaciones conservan las características tradicionales de la repostería criolla. El único producto que recibe un pequeño toque adicional es el dulce de coco con piña, al que incorpora colorante amarillo para hacerlo más atractivo visualmente.
«Todo lo hacemos de forma artesanal. Nos gusta mantener el sabor de siempre, ese que recuerda las recetas de nuestras abuelas», expresó.
Cada porción tiene un valor accesible para los visitantes y representa mucho más que un simple dulce. Para muchos turistas, adquirir una de sus conservas significa llevarse un pequeño recuerdo de la experiencia vivida en uno de los pueblos más emblemáticos de Venezuela.
MÁS QUE UN EMPRENDIMIENTO
Detrás de cada venta existe también una historia de superación familiar. Junto a su esposo, Lucía ha logrado construir una fuente de ingresos basada en el esfuerzo diario y en el deseo de salir adelante sin abandonar sus raíces.
Más allá de los logros alcanzados con su emprendimiento, asegura que una de las mayores satisfacciones que le ha dejado esta experiencia ha sido el cariño recibido por parte de los habitantes de Colonia Tovar.
«Me siento muy agradecida con la gente de Colonia Tovar. Aquí nos han tratado muy bien desde que llegamos. Nos han apoyado muchísimo y eso es algo que siempre voy a valorar», expresó.
Con una sonrisa que rara vez abandona su rostro, asegura que disfruta cada día viviendo entre las montañas aragüeñas y espera permanecer allí durante muchos años más, construyendo sueños junto a su familia.
«Nos encanta estar aquí. Colonia Tovar es un lugar hermoso, lleno de gente trabajadora y amable. Si Dios lo permite, esperamos quedarnos muchísimo tiempo más», comentó.
DANIEL MELLADO | elsiglo
