La venta de trajes de Nazareno en Maracay se mantiene constante, aunque la oferta comercial ha disminuido en comparación con años anteriores. Sin embargo, comerciantes en el sector afirman que la demanda se sostiene, especialmente en tallas infantiles, y esperan un repunte durante los días de la Semana Santa.

Cada Miércoles Santo, la imagen del Nazareno recorre las principales calles de Maracay escoltada por una multitud vestida de morado. Esta procesión representa el momento central del pago de promesas, una práctica en la que los devotos agradecen favores recibidos o solicitan intervenciones divinas mientras acompañan a Jesucristo cargando la Cruz.
La simbología del atuendo morado identifica a los penitentes y remite a los calvarios vividos por Cristo. Para quienes cumplen con esta tradición, la túnica se convierte en el uniforme de la fe durante la Semana Mayor. Carolina Morales, comerciante con más de dos décadas de experiencia en el sector, explicó que «la devoción sigue viva, aunque ahora menos personas se animan a comprar con anticipación».
Un mercado que se especializa
En décadas anteriores, las túnicas del Nazareno se conseguían en múltiples tiendas de ropa general durante la temporada. Hoy, la comercialización se ha concentrado en negocios especializados. Esta contracción de la oferta no solo responde a factores económicos, sino que también refleja una pérdida de vigencia de las costumbres religiosas en ciertos sectores de la población. Carolina Morales señaló que «las ventas han sido pocas, pero constantes, y eso nos da tranquilidad porque sabemos que la tradición no se ha perdido del todo».
La estructura de costos para los devotos se mantiene accesible. Los trajes infantiles parten desde los 5 dólares, mientras que los de adultos alcanzan hasta los 20 dólares. La talla 4 y la talla 6 concentran la mayor demanda, lo que evidencia un esfuerzo de las familias por heredar la tradición a las nuevas generaciones.
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Morales, quien atiende su local desde tempranas horas, aseguró que existe una brecha entre quienes preguntan precios y quienes concretan la compra, aunque confía en que el flujo aumentará.
Expectativa de repunte
Aunque la temporada comercial arrancó formalmente el sábado previo a la Semana Santa, el movimiento de compradores comenzó a intensificarse a partir del lunes santo. Los comerciantes identifican el martes y el miércoles como los días críticos, cuando la devoción pública se activa ante la inminencia de la procesión.
Carolina Morales detalló que «la gente espera hasta el último momento, pero cuando llega el martes en la tarde o el miércoles en la mañana, el local se llena». La comerciante confía en que las ventas repuntarán porque «la penitencia y el pago de promesas se cumplen con la túnica puesta, y muchos aún no la tienen».
La evidencia sugiere que la práctica de esta costumbre está en transición. La oferta general ha caído, pero los comercios especializados resisten con un flujo constante de clientes. La estabilidad de las ventas respecto al año anterior indica cierta estabilización del mercado tras una caída histórica.
RODOLFO GAMARRA | elsiglo
