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Familia Paz Castillo Ramírez ha mantenido por más de 60 años la tradición del pesebre

La tradición del pesebre en Venezuela, conocida popularmente como «el nacimiento», es una de las costumbres más arraigadas y queridas de la temporada navideña. Más que un simple adorno, representa la renovación de la fe, el encuentro familiar y el recordatorio del inicio del ciclo decembrino.

Enriqueta de Paz Castillo Ramírez
fotos | JOEL ZAPATA

A pesar de que el mercado ofrece una vasta selección de nacimientos prefabricados, facilitando la tarea a las nuevas generaciones, aún existen familias que se aferran a la creación artesanal y detallada de su propio pesebre. Este trabajo manual no sólo honra la festividad, sino que también transmite un valioso legado.

Nuestro equipo reporteril tuvo el privilegio de conversar con la señora Enriqueta de Paz Castillo, habitante de la urbanización La Floresta, en Maracay, cuyo hogar se ha transformado en un punto de encuentro familiar. Enriqueta es la guardiana de una costumbre que ha perdurado por más de seis décadas, llenando su casa de un espíritu navideño único.

La señora Enriqueta relató como se forjó esta profunda tradición, que se ha mantenido viva durante 65 años. El origen está ligado a la unión familiar que formó junto a su difunto esposo, el señor Eliseo Paz Castillo, quien fue el principal impulsor de esta costumbre.

Eliseo, oriundo de San Francisco de Macaira, un pequeño y pintoresco pueblo del estado Guárico, traía consigo un profundo arraigo cultural. Este pueblo es conocido por su economía agrícola de café y cacao, pero también por su significativa devoción a las festividades decembrinas.

La influencia de su pueblo natal en la vida de Eliseo fue determinante para iniciar y mantener la tradición en su nuevo hogar. Enriqueta comentó con nostalgia, «mi esposo viene de un pueblo donde las fiestas de diciembre eran muy significativas. Y de ahí le viene a él su tradición de hacer los nacimientos. Yo tengo, yo creo que desde el 60, hasta ahora, que se ha hecho el nacimiento».

Lo que comenzó como un pequeño adorno se transformó en una compleja obra de arte que con el tiempo tuvo que adaptarse a las necesidades de espacio y tiempo. La elaboración del pesebre era un verdadero ejercicio de arte popular y paciencia. Enriqueta recuerda que la pieza no era estática. «Ha ido como etapa. Empezamos con un nacimiento muy pequeño que está guardado, después se ha ido evolucionando y más fácil de quitarlo porque la vida ha cambiado y es más apremiante».

El pesebre se convirtió en un legado que se ha cumplido con amor y unión familiar

Asimismo, enfatizó el carácter artesanal y único de cada año, recordando el esfuerzo creativo de su esposo. «Todos los años se hacía un portal diferente. Él mismo hacía las casas, todo eran muy artesanal». Este enfoque transformó el pesebre en una pieza viva y única cada temporada.

Antes de su partida, el abuelo Eliseo dejó un testimonio imborrable, una carta que es considerada un legado sagrado por la familia. Su propósito era claro; asegurar que su tradición, fuente de alegría y sosiego, continuara viva para las futuras generaciones.

En la carta dejó plasmado el profundo significado que el pesebre tenía para él y su visión para el futuro. El texto, cargado de sentimiento, invitaba a la unión y la fe.

Las palabras de Eliseo resuenan hoy más que nunca: «He querido en esta única oportunidad conservar algo que tiene para mí un especial motivo, y que en una u otra forma todo hemos compartido a través de los años para regocijo de todos lo que representa la renovación de la fe que nos une y hemos celebrado cada año en la vida. El pesebre en conmemoración del nacimiento de Dios que nos transmite la sensación de sosiego, armonía, tranquilidad, paz y amor al grupo familiar, en la que espero que conserven esa tradición. Dios les bendiga».

Desde que el padre de la familia falleció hace cuatro años, Javier Paz Castillo, hijo de Enriqueta y Eliseo, asumió la responsabilidad de ser el custodio de este hermoso legado familiar, uniendo a sus hermanos y a su madre en la preparación anual.

Para Javier, la tradición es un ancla a los mejores recuerdos de su infancia y a la figura de su padre. «Lamentablemente hace cuatro años falleció mi padre, yo me he encargado de mantener su tradición, porque el 24 de diciembre en la familia era lo más esperado».

Los recuerdos de las celebraciones son vividos y nostálgicos. En los años 80, la casa era un centro de actividad cultural. «En los años 80, cuando estábamos muchachos, hacíamos eventos aquí, hacíamos hasta teatro. Los nietos también hicieron teatro de nacimiento del niño. El 24 se hacían muchos intercambios, se hacía la cena y hasta ahora se ha mantenido, claro, con la cuestión país, ha cambiado un poco eso», resaltó Javier sobre la adaptación a la realidad actual.

Javier Paz Castillo

El proceso de creación del nacimiento es meticuloso y se inicia con gran antelación para asegurar su disfrute. «Yo empiezo a armarlo más o menos para finales de septiembre, octubre, de manera que tengo el mes de octubre para poder realizar el nacimiento para disfrutarlo más».

Del mismo modo, Javier explicó que cada año comienza con un nuevo diseño. «Lo primero que hago es mi boceto, más o menos, que es lo que yo quiero colocar. Lo más difícil es el río, porque el río hay que buscarle la caída, porque tiene una bomba que tiene bastante fuerza y luego se colocan algunas piedras».

A lo largo de los años se han incorporado elementos innovadores, como un teleférico que él mismo denominó «el pico de la Virgen, de la Señora de las Nieves, como el que está en Mérida», pero el valor primordial sigue siendo la conexión emocional que genera la tradición.

Javier también destacó la reacción de familiares y amigos que se encuentran fuera del país, al ver viva esta tradición familiar. «Lo más bonito para mí, del nacimiento, es mantener la tradición. Mucha gente me ha llamado de otros países llorando, recordando el pasado de lo que era esta tradición, que de verdad que muy poco se ve».

La fe venezolana también tiene un lugar especial en este pesebre, con la reciente incorporación de figuras que reflejan la devoción nacional. Entre ellas, se destaca la imagen de San José Gregorio Hernández.

Javier Paz Castillo expresó que la canonización del médico de los pobres lo llevó a incluirlo, para resaltar aún más la fe familiar. «Apenas vi la figura de José Gregorio Hernández, dije aquí falta alguien y lo coloqué. Tengo otra imagen que la estamos buscando, que es la segunda Beata de Venezuela, Susana Paz Castillo». Con ello, el nacimiento se convierte en un símbolo vivo de la devoción.

Para finalizar, Javier envió un mensaje de motivación. «Ojalá que este sea un impulso para aquella persona que se ha interesado, así sea algo pequeño. Porque hay un dicho que dice, cuando tú haces el nacimiento, no lo puedes dejar» y reforzó a su vez el mensaje de que «la familia es lo más importante».

Por su parte, la abuelita Enriqueta, con la sabiduría de sus años, invitó a la colectividad a retomar estas costumbres como un medio para fortalecer lazos esenciales en la sociedad. «Yo creo, que con la falta de valores, la falta de unión familiar, como se ha ido desligando todo, tendremos que volver otra vez a buscarnos».

Enriqueta visualiza el pesebre como un catalizador para la reconciliación y el sosiego. «Esto es como un reencuentro, donde se liman las perezas que tienen, que es lógico que tenga cada familia. Es cosa que se ha ido perdiendo».

Finalmente, la matriarca de la familia, conmovida por ver el legado de su esposo en manos de sus hijos, expresó su profunda satisfacción y la importancia de la fe en tiempos difíciles. «Tenemos que tener algo, tenemos que creer, tenemos que tener fe, que no se ve, pero sí se siente. Para mí es satisfactorio, ya tengo cuatro años que mi esposo no está, pero lo hemos conservado igualito».

MENSAJE PARA LAS NUEVAS GENERACIONES

Las tradiciones decembrinas son el alma de la familia venezolana, un tesoro invaluable que trasciende cualquier dificultad. Es por ello, que es fundamental que a pesar de los desafíos y las distancias, cada día se esfuercen por revivir y mantener estos momentos. El pesebre, las hallacas, las gaitas, son más que simples costumbres; son esencia e identidad y nos recuerda quienes somos, llenando nuestros hogares de ese calor único que nos caracteriza.

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Recuperar una tradición no requiere grandes recursos, sino voluntad y creatividad. Esta oportunidad es propicia para invitar a los niños y jóvenes a ser protagonistas en la elaboración de la cena navideña, en el armado del nacimiento o en la creación de adornos sencillos. Que la navidad se convierta nuevamente en un proyecto familiar, donde cada miembro aporte su amor y su tiempo. Estos momentos de unión no sólo forjan recuerdos imborrables, sino que además fortalecen los lazos familiares, creando un sentido de pertenencia irremplazable.

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