Una situación de emergencia se vivió en la avenida Universidad, a la altura del sector 9 de Caña de Azúcar, justo en la comunidad del Cicpc, municipio Mario Briceño Iragorry, cuando se registró una falla eléctrica tras la explosión de un transformador.

El incidente ocurrió aproximadamente a las 7:30 de la mañana, cuando un fuerte estruendo alarmó a los habitantes de la zona, que no solo los dejó sin energía eléctrica, sino que puso en riesgo la vida y los bienes de quienes transitaban por el lugar.
Graciano Araque, comerciante de la zona que presenció el hecho en primera línea, le relató a elsiglo el susto vivido: «Eso fue, yo pensaba que era aquí adentro ¡de mi casa! Veo el chispazo allá y veo a las personas quitándose de ahí y los carros también». La magnitud del evento fue tal que una guaya de alta tensión se desprendió, amenazando con incendiar un auto estacionado en la zona.
Ante el peligro inminente de que otros cables se encendieran, los residentes se vieron obligados a resguardarse en las islas de la avenida mientras esperaban una solución.
LOS CABLES SON VIEJOS
América Parra, vecina con 16 años de residencia en la comunidad, describió el caos inmediato: «Fue la guaya de alta tensión la que se cayó de broma no se prende el carro gris. Nosotros nos resguardamos, nos fuimos para allá para la isla por cualquier daño, por si se prendían otros cables». Concordando con el vecino Araque, Parra también destacó, que el estado de la infraestructura es deplorable: «Los cables son viejos y la ida de la luz hace problema. Los aires explotaron así, durísimo».
Esta falla no es un hecho aislado, sino la culminación de una problemática persistente.
NERVIOSISMO GENERAL
Luis Esteves, otro de los afectados, explicó la gravedad técnica de lo sucedido: «Hubo una sobrecarga en la línea y se eliminó una línea ahí, el golpe fue una sobrecarga y las líneas son de 220 voltios cada una». Esteves manifestó con frustración, que la falta de luz arrastra otros servicios básicos: «Se va la luz, se va el agua, porque nosotros tenemos conectada el agua a una bomba que tiene el servicio eléctrico. El promedio diario sin luz es de 5 horas».
Los ciudadanos del sector 9 de Caña Azúcar sienten una inestabilidad, ya que no es solo que se vaya la luz, es lo que eso genera en su hogar. El riesgo es quedarse con nevera, lavadora, perco o bombillos quemados. Más allá de esos daños técnicos, el ambiente en la comunidad del Cicpc es de un «nerviosismo general». Entre la falta de respuestas definitivas y el temor a nuevos incidentes, los ciudadanos se sienten vulnerables.
«Uno queda paralizado», sentenció Esteves, reflejando el sentir de una población que no solo exige la reparación de la guaya caída y el cambio de transformador, sino una inversión real en un sistema eléctrico que parece estar llegando a su límite.
YAJAIMAR OJEDA | elsiglo
