En medio de ajustes económicos y decisiones de compra cada vez más calculadas, en Las Tejerías, municipio Santos Michelena del estado Aragua, la adquisición de productos de charcutería se mantiene como una práctica constante, aunque medida.

Comerciantes del ramo coinciden en que los ciudadanos continúan apartando «Un poquito» de sus ingresos para llevar a casa estos alimentos, que se han convertido en aliados silenciosos de la cocina diaria.
Entre vitrinas frías y balanzas que no descansan, el movimiento comercial revela una dinámica estable, con altibajos propios del bolsillo. Así lo explicó Jenny Gámez, trabajadora de un establecimiento ubicado en el Casco Histórico de la localidad, quien describió el comportamiento del consumo como «bastante regular».
«Hay días buenos y otros donde se vende menos, pero la venta siempre está. La gente no deja de llevar aunque sea un poquito», comentó, dejando entrever que, más que un lujo, estos productos forman parte de la cotidianidad alimentaria de los tejerieños.

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Entre lonjas y estrategias de compra
El mostrador no miente; lo que más sale son los productos rebanados. Jamón, queso amarillo, jamón arepero y mortadela encabezan la lista de preferencias, seguidos muy de cerca por la salchicha y el queso blanco duro, que también mantienen una alta demanda.
La lógica de compra varía según el momento del mes. Gámez detalló que durante fines de semana y quincenas el volumen aumenta considerablemente, con clientes que adquieren hasta tres kilogramos en una sola visita. En contraste, los días de semana muestran un consumo más moderado, donde las compras parten desde los 300 gramos en adelante.
«Cuando hay más dinero, llevan más cantidad. Pero cuando no, igual compran, aunque sea lo necesario para resolver», explicó.
Precios que se ajustan al bolsillo
El factor económico, como era de esperarse, marca la pauta. Los costos dependen del tipo de producto y la cantidad solicitada, pero parten desde los 3.000 bolívares por kilogramo, según indicó la vendedora.
Este escenario obliga a los consumidores a hacer malabares con su presupuesto, priorizando cantidad, variedad o simplemente la posibilidad de complementar otras comidas. La charcutería, en este sentido, se adapta a diferentes realidades; desde un desayuno rápido hasta un guiso improvisado que «Estira» el almuerzo.
Un recurso práctico en la mesa
Aunque no destacan precisamente por su valor nutricional frente a otros alimentos frescos, estos productos mantienen su lugar en la dieta local por una razón clave: Su practicidad
«De repente no son los más ricos en vitaminas, pero resuelven. Son fáciles de preparar, combinan con muchas cosas y ayudan a rendir lo que uno tiene en la casa», afirmó Gámez.
Esa versatilidad los convierte en una especie de comodín culinario, capaz de sacar de apuros a más de uno. Desde una arepa rellena hasta una pasta improvisada, la charcutería sigue presente en los hogares como una opción rápida, accesible y rendidora.
En Las Tejerías, donde cada compra se piensa dos veces, estos productos no desaparecen de las bolsas. Más bien se transforman; pasan de ser una compra abundante a una elección medida, de grandes cantidades a pequeñas porciones. Pero siempre están. Porque, al final, ese «poquito» reservado sigue alcanzando para darle sabor a la rutina.
DANIEL MELLADO | elsiglo
MG
