Habitantes de los sectores El Valle y El Museo, del municipio Francisco Linares Alcántara, alzaron su desesperada voz de protesta frente a la crisis de insalubridad que ya cumple aproximadamente dos meses. Los residentes denuncian vivir sumergidos en la «podredumbre», una situación derivada del colapso crónico de la red de aguas servidas que, hasta la fecha, solo ha recibido la mirada indiferente y el abandono total por parte de los organismos municipales.

Promesas incumplidas y focos de infección
Daniel Requena, afectado, relató con indignación que hace aproximadamente un mes cuadrillas de la alcaldía inspeccionaron el área para evaluar los daños. No obstante, tras el diagnóstico inicial, los operarios jamás regresaron para ejecutar las reparaciones necesarias. Requena identificó que el origen del desastre se sitúa en un tramo superior de la calle, donde una tubería matriz obstruida mantiene las calles anegadas de desechos.

Esta negligencia ya tiene consecuencias tangibles en la salud pública. «Hay niños pequeños con enfermedades en la piel y cuadros gripales persistentes», denunció Requena.
Rostros de la tragedia sanitaria
Uno de los testimonios más crudos es el de Ricardo Morales, cuya salud se ha visto severamente comprometida por la exposición prolongada a emanaciones tóxicas y material orgánico. Morales contrajo una agresiva infección bacteriana que invadió su sistema respiratorio. «Se me metió una bacteria por la nariz», relató el vecino, quien hoy enfrenta un tortuoso proceso de recuperación.

Por su parte, Ligia Díaz calificó el panorama como «una locura», sumando a la crisis el colapso de otros servicios básicos. Díaz enfatizó que la falta de suministro eléctrico diario, combinadas con el calor extremo y el hedor insoportable, anulan cualquier posibilidad de calidad de vida.
Infancia en riesgo y ancianos vulnerables
La preocupación materna fue personificada por María González, quien describió el calvario de su hijo asmático ante la proliferación de mosquitos y los gases fétidos que impiden el descanso nocturno. Asimismo, María Pinto, adulta mayor de la comunidad, narró cómo debe realizar maniobras peligrosas, saltando entre piedras o sujetándose de rejas para transitar por las calles inundadas.

Pinto alertó sobre un inminente brote epidémico, reportando casos de ampollas en la piel de niños y adultos, además de infecciones urinarias recurrentes entre las mujeres de la zona.
Entre la Venapp y la desidia
A pesar de que los vecinos han agotado los canales regulares, incluyendo múltiples reportes a través de la plataforma VenApp, la respuesta de los organismos competentes ha sido nula. Esta falta de atención digital y presencial subraya la desconexión del Ejecutivo municipal con la realidad del territorio.
Llamado directo al alcalde
María Ojeda, también una de las más afectadas, ya que su vivienda se encuentra totalmente rodeada de aguas negras, describe la situación como insostenible, señalando que el olor hediondo se ha vuelto parte de su cotidianidad.


«Esto es un calvario, esto es horrible. Yo vivo encerrada porque eso hiede demasiado», afirmó Ojeda, quien además padece de condiciones de salud preexistentes que se agravan con la contaminación ambiental.
La denunciante explicó que el agua estancada ha bloqueado los accesos principales a su hogar, obligando a sus familiares a transitar por zonas de maleza para suministrarle alimentos. «Mis hijos tienen que meterse por el monte para traerme la comida porque yo no puedo salir», señaló María.
Finalmente, Zoraida Martínez reiteró que la paciencia de la comunidad se ha agotado. Hace un llamado urgente al alcalde de la jurisdicción, Víctor Bravo, para que solucione lo más pronto posible. A las autoridades les suplican que atiendan los reportes ignorados en la VenApp y procedan al destape inmediato de las cloacas, antes de que la crisis sanitaria derive en una contaminación irreversible.
JOHAMBERT PÉREZ (Pasante) | elsiglo
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