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El reto de la salud mental infantil tras el doblete sísmico

Ya ha pasado más de un mes del trágico 24 de junio, día en el que miles de venezolanos perdieron la vida, resultaron heridos o quedaron afectados físicamente y emocionalmente por esta tragedia. De manera directa o indirecta, la sociedad venezolana sigue impactada por este evento catastrófico que marcó sus vidas; sin embargo, la pregunta es: ¿Cómo está afectando mentalmente este doblete sísmico a los niños, niñas y adolescentes?

Esta generación de jóvenes que sobrevivió al doblete sísmico, al igual que los adultos, puede padecer diversos trastornos psicológicos como estrés agudo, trastornos de adaptación y del sueño, ansiedad e hipervigilancia.

Es normal que todas estas reacciones ocurran tras un evento tan traumático de este tipo; pero los más pequeños, en este caso, pueden verse aún más afectados al no comprender la magnitud de los daños y poseer una menor capacidad para regular sus emociones en tiempos de crisis como la que acabamos de vivir hace un mes.

Al respecto, Ariagny Daboín, psicóloga clínica con experiencia en el área infantil, juvenil y educativa, precisó que los niños que se vieron afectados directamente por el doblete sísmico pierden la base de seguridad de su entorno. «Cuando un niño pierde su casa y su entorno por una tragedia como la que acabamos de vivir, no solo pierde un techo, sino que pierde una base segura, y lo que pasa a nivel psicológico es que, primero, su cuerpito está en máxima alerta», detalló.

La especialista y recordada Miss Venezuela Mundo 2021 destacó que, a nivel neuronal, la amígdala cerebral -que se encarga de regular las emociones- se encuentra activa constantemente: «Lo que quiere decir que el niño va a estar hipervigilante. Entonces, en vez de concentrarse en cosas de su edad, como jugar o estudiar, va a estar muy pendiente de lo que está pasando para poder sobrevivir de manera inconsciente», destacó.

Aunque la hipervigilancia y los diversos trastornos que presenten pueden perdurar durante semanas, hay otro riesgo que la psicóloga considera que puede afectar el desarrollo emocional de los infantes: la madurez temprana para ayudar a su entorno familiar.

«El niño pierde un poco esa etapa de la niñez porque tiene que crecer de cierta forma, ya que ve a su mamá o a su familia en ese entorno desprotegidos, con muchísimas cargas, y va a tener una necesidad, dependiendo de la edad, de ayudar», comentó.

Daboín fue tajante al asegurar que no todos los niños del país se vieron afectados directamente por la tragedia, pero, a los que sí, es difícil aislarlos inmediatamente de esta situación. «Hay cosas que no pueden evitar ver. Por más que se quiera aislar al niño de la tragedia, no es posible; por ejemplo, en el caso de los niños que están en La Guaira», puntualizó la licenciada en psicología.

¿Qué pueden presentar los niños a nivel psicológico?

La psicóloga clínica indicó que los síntomas o signos de alarma que pueden presentar son variados y dependen de la edad. «Hay comportamientos regresivos o inseguridad. ¿Cuáles son esos comportamientos? Que el niño esté repitiendo conductas que ya había superado, como no controlar esfínteres, o que empiece a jugar con juegos que ya había soltado y que usaba cuando estaba más chiquito. También están los terrores nocturnos, el miedo a la oscuridad y el llanto repentino en la noche», comentó.

Asimismo, la irritabilidad de los pequeños puede ser mayor debido a que su sistema de alerta está activado. «Esa amígdala no para y, al no tener la capacidad ni las herramientas para regular sus emociones, puede llegar a tener conductas un poco más agresivas», añadió.

La psicóloga Ariagny Daboín en contacto con los niños

Otra de las conductas que pueden presentar es el apego al cuidador, bien sean padres o representantes. «Pueden tener miedo a la separación, porque su adulto o cuidador es el que le provee la poca seguridad que siente. En las interacciones sociales, puede que el niño no quiera interactuar o se aísle un poco, y, por supuesto, que se generen más peleas o conflictos entre ellos», comentó.

Escolarización y el duelo

Luego del doblete sísmico, se suspendieron las clases de manera indefinida en varias localidades de Aragua, La Guaira, Caracas, Carabobo, Falcón y Miranda, entidades que se vieron considerablemente golpeadas por la tragedia.

Sin embargo, con el pasar de los días, las actividades académicas se reiniciaron progresivamente y el período escolar se extendió hasta el 31 de julio.

Daboín ve con preocupación este tema, ya que tras los sismos los niños van a tener una carencia a nivel educativo, indispensable para estabilizar sus emociones debido a la necesidad de contar con lugares seguros y retomar sus rutinas. «¿Cuándo se van a poder reescolarizar esos niños? No van a poder volver a su rutina y a sus lugares seguros porque muchas de esas estructuras fueron afectadas, y emocionalmente esto va a generar una carencia», añadió.

Vale acotar que, en zonas severamente afectadas donde el panorama educacional es complejo, el ministro de Educación, Héctor Rodríguez, anunció recientemente que los niños y adolescentes afectados por la catástrofe natural tendrán una atención especializada, tanto en lo médico como en lo pedagógico.

Por otra parte, Daboín comentó que la etapa del duelo es un proceso aún más difícil que pueden afrontar los niños, ya que a temprana edad algunos no tienen pleno conocimiento sobre la partida física de un ser amado o de su cuidador.

«Muchos niños en la etapa del duelo no tienen cierto conocimiento con respecto a la muerte y creen que, cuando alguien muere, esa persona en algún momento va a volver o se quedó dormida; muchos no saben cómo abordar esto a nivel psicológico», indicó.

Añadió que lo más probable es que se cometan errores a la hora de abordar a los niños con respecto a sus emociones, lo que «va a generar que a largo plazo somaticen todo lo que están viviendo, tengan dificultad para regular sus emociones, presenten más estrés o ira mal canalizada, y sufran síntomas como trastornos del sueño, erupciones en la piel y problemas estomacales, entre otros», concretó.

¿Qué hacer para ayudar a los niños?

Daboín comentó que los adultos pueden acudir a primeros auxilios psicológicos o atenderse con especialistas para tratar sus trastornos y demás desequilibrios emocionales tras los terremotos. No obstante, para los niños, su mejor refugio es el núcleo familiar, ya que allí radica la base de seguridad de sus primeros años de vida.

«A los niños se les puede dar seguridad y cercanía abrazándolos, hablándoles en voz suave y asegurándoles que están a salvo. Es muy importante escuchar, validar sus emociones, permitirles hablar sin interrumpir ni minimizar lo que están sintiendo», recomendó.

Asimismo, añadió que mantener rutinas simples y predecibles en medio del descontrol es importante para que puedan volver a la normalidad. «Que el niño vaya repitiendo algunas cosas normales, así sean hábitos de aseo personal o rutinas en el horario de despertar y dormir. Con los niños también es importante utilizar juegos, juguetes y cuentos, porque es la forma natural que tienen para gestionar sus emociones y expresar lo que vivieron», dijo.

También agregó que la honestidad es clave para que comprendan lo ocurrido. «Un niño no tiene que saber más de lo que necesita, porque no puede ayudar a resolver los problemas y es innecesario darle otra carga. Por ejemplo, hay muchos niños que dicen: ‘Es que mi casa se destruyó, ¿qué vamos a hacer?’. Es muy necesario que el adulto lo aparte del problema. ¿Cómo lo aparta? Diciéndole: ‘Sí, las cosas se destruyeron o se rompieron, pero así como se rompen se pueden reconstruir, y papá y yo (o la familia) nos vamos a encargar'», acotó.

Agregó que es fundamental liberarlos de esa responsabilidad, precisando que el no poder hacer algo para ayudar les puede generar problemas a largo plazo. «Tampoco hay que hacer promesas falsas. Por ejemplo, ahorita los niños están muy asustados pensando si va a volver a temblar o no. Decirle a un niño que no va a volver a pasar, y que vuelva a suceder porque es impredecible, le resta seguridad y confianza en el adulto; cualquier cosa que se le diga después perderá validez. Es mejor reforzar su autoestima desde casa, decirle que es valiente, que es muy fuerte, que no está solo y que puede contar con el adulto presente», comentó.

La flexibilidad del niño ante estas situaciones

Por otra parte, la psicóloga clínica explicó que aún existen riesgos latentes en el ámbito emocional de los afectados, como la revictimización. «Ahorita las personas están contando su experiencia y lo que vivieron en entrevistas, y muchas todavía están en congelación emocional o en estado de shock», agregó.

Añadió que muchas se desvinculan o apartan la emoción de la situación vivida, y lo que puede ocurrir es que más tarde se vean afectadas a largo plazo por esos testimonios.

Asimismo, la solidaridad ha sido clave en las primeras horas y semanas posteriores a la tragedia, algo que para Daboín es lo más hermoso que tienen los venezolanos. Sin embargo, existe otra realidad que pueden presentar estas personas: el síndrome del salvador. «¿Qué pasa con esto? Muchas personas están ayudando, moviéndose y haciendo lo que pueden para sentir una especie de anestesia y no exponerse a su propio dolor. Pero cuando esa euforia baje, llegará un vacío y una tristeza, y aquí es donde hay que estar más atentos para que las personas no colapsen», comentó.

Este mar de emociones también lo pueden presentar los niños y adolescentes, aunque destacó que ellos son más flexibles y pueden superar este tipo de crisis si son tratadas a tiempo.

«Hay algo que sucede con los niños y es que tienen una ventaja: el trauma puede ser igual de fuerte, pero ellos tienen más plasticidad y son más flexibles que los adultos. Su mundo es más pequeño y, si les vamos devolviendo progresivamente la rutina y los juegos, y hay un adulto para contenerlos y representarlos emocionalmente, el niño puede sanar más rápido».

La especialista concluyó resaltando que la familia y la atención adecuada que reciban tanto el niño como sus representantes son claves para superar emocionalmente esta situación.

«¿Qué es importante en el niño? Que esté acompañado, que poco a poco se le vaya devolviendo esa sensación de seguridad, de control, esa rutina y la escolarización para que se recuperen con mayor facilidad. Ahora bien, el adulto va a requerir muchísimo acompañamiento psicológico», sentenció.

RECOMENDACIONES DEL MINISTERIO DE LA SALUD

La Lcda. Melina Herrera, psicóloga clínica y directora de Salud Mental del Ministerio del Poder Popular para la Salud, informó a través de una nota de prensa de este ente gubernamental cuatro puntos importantes al tomar en cuenta para cuidar la salud mental de los niños, niñas y adolescentes:

1. Transformación de la dinámica familiar tras el sismo

De acuerdo a la directora, el evento sísmico generó un impacto emocional directo en el hogar, dividiéndose entre el miedo infantil, la evasión en jóvenes y el agotamiento en los cuidadores.

2. Respuestas biológicas y regresiones en la infancia

La pérdida de control de esfínteres, insomnio, mareos y el deseo de volver a la lactancia son respuestas biológicas esperadas para buscar seguridad.

«El niño busca refugio en lo conocido, en volver a ser pequeño para sentirse protegido. Para abordar esto se requiere paciencia, restablecer rutinas y, sobre todo, que los padres recuperen progresivamente su propio equilibrio, ya que los hijos absorben directamente el estado de ánimo de sus cuidadores».

3. Mecanismos de evasión en adolescentes y cómo abordarlos

Acotó que el dolor se enmascara con bromas en redes sociales y uso excesivo de pantallas; se debe promover la acción comunitaria para devolverles el sentido de propósito. «Hay que sacarlos de la pantalla y conectarlos con la vida real. Involucrarlos en actividades presenciales, como centros de acopio, tareas grupales o apoyo a familias afectadas, les devuelve el sentido de propósito y los ayuda a procesar el duelo de forma activa».

4. Agotamiento materno e importancia del apoyo comunitario

Y finalmente, las madres enfrentan hipervigilancia y niveles altos de cortisol por la adrenalina acumulada, por lo que la red familiar/comunitaria debe relevarlas en sus tareas. «Al igual que los socorristas, las madres activan una fuerza descomunal en la emergencia para salvar a sus hijos, pero ese nivel de adrenalina pasa factura».

LINO HIDALGO | elsiglo

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