Este sábado en la víspera del Día de las Madres, los centros comerciales del centro de la ciudad amanecieron con pasillos abarrotados. Sin embargo, el entusiasmo inicial se topó con una realidad: mientras algunos negocios celebran ventas récord, otros apenas sobreviven al fenómeno del «vitrineo».

Según recorridos realizados en centros comerciales locales, la afluencia masiva no garantiza ingresos. Los comerciantes consultados coinciden en que la demanda es selectiva y el precio domina cualquier otra fidelidad de marca.
Adriana Porte, encargada de una casa de perfumería en Galerías, calificó la jornada como «excelente». Explicó que las ventas superaron expectativas gracias a promociones agresivas como paquetes de tres perfumes de 30 mililitros por 5.500 bolívares. «El flujo de gente se ha convertido en venta efectiva», afirmó.
Porte detalló que trabajan con precios anclados a la tasa oficial del Banco Central de Venezuela. «En líneas específicas manejamos precios en bolívares para reducir la fricción cambiaria», señaló. La estrategia de volumen le ha permitido maximizar unidades por transacción.
Moda en crisis
El panorama es opuesto en el sector textil. Rhoiner Flames, dueño de una tienda de ropa y calzado de moda, describió sus expectativas «por el piso». Aseguró que las tiendas de moda enfrentan baja densidad de compradores a pesar del gentío en los pasillos.

«Esto es como un barco flotando a donde lo lleve la corriente», sentenció Flames. El comerciante indicó que han recurrido a liquidaciones de calzado y ropa como única vía para capturar a «la masa» que circula sin intención inicial de compra.
La luz, un enemigo oculto
Ambos entrevistados coincidieron en un factor crítico: las fallas eléctricas. Porte advirtió que el «tema de la luz» disuade la entrada a los locales y paraliza los puntos de venta. Flames agregó que un apagón en el momento clave aborta la transacción en el último minuto.
Para el domingo del Día de las Madres, proyectan cierres entre las 3:00 y 4:00 de la tarde. La reducción de la jornada obliga a optimizar al máximo las horas pico de la mañana.
La jornada evidencia la «paradoja de la afluencia» en Maracay: multitudes que caminan, pero pocas que compran. En un mercado impredecible, la adaptación en tiempo real se ha vuelto tan vital como el propio inventario.
RODOLFO GAMARRA |elsiglo
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