En una realidad donde cada oportunidad para generar ingresos cobra mayor importancia, los tradicionales dulces criollos venezolanos han encontrado un nuevo espacio dentro de la economía popular del municipio José Félix Ribas, en el este del estado Aragua.

Y es que, desde la «Maleta» de su vehículo, estacionado diariamente en el centro de La Victoria, Yuli Francés y su esposo ofrecen catalinas, suspiros, pan piñita, hojaldres con mermelada, cortados y otros productos típicos que, además de acompañar las meriendas de muchas familias, también se han convertido en una alternativa para quienes desean iniciar un pequeño emprendimiento con una inversión accesible.
Aunque el sabor casero y la tradición siguen siendo los principales atractivos de estos productos, en los últimos meses ha aumentado el número de personas que los adquieren al mayor para revenderlos en comunidades, escuelas, oficinas o pequeños comercios, encontrando en ellos una opción práctica para generar ingresos adicionales.
Yuli Francés, quien diariamente atiende junto a su esposo este pequeño punto de venta en pleno centro de la «Ciudad de la Juventud», explicó que la demanda de dulces criollos continúa creciendo, impulsada no sólo por su calidad y sabor, sino también por los precios accesibles que ofrecen al público.
«Muchas personas ya vienen directamente buscando comprar al mayor porque quieren emprender. Nosotros vendemos desde diez unidades en adelante y eso les permite comenzar un pequeño negocio sin hacer una inversión muy grande. Nos alegra saber que nuestros productos también ayudan a otras familias a salir adelante», comentó.

TRADICIÓN QUE TAMBIÉN GENERA OPORTUNIDADES
Los dulces son comercializados a partir de diez unidades por un costo de 680 bolívares cada una en ventas al mayor, mientras que al detal mantienen un precio de 750 bolívares, diferencia que permite a muchos compradores obtener un margen de ganancia al momento de revenderlos.
Catalinas, suspiros, panes dulces, pan piñita, hojaldres rellenos de mermelada, pan integral, tortas y cortados forman parte de la variedad que diariamente ofrecen desde la maleta de su vehículo, una modalidad de trabajo que les ha permitido acercar estos tradicionales sabores venezolanos a cientos de consumidores.
Francés aseguró que gran parte del éxito radica en que se trata de productos conocidos por varias generaciones, ideales para acompañar desayunos, meriendas o compartir en familia, manteniendo ese sabor artesanal que sigue siendo muy apreciado por los consumidores.
«Los dulces tradicionales nunca pasan de moda. La gente los busca porque son ricos, rendidores y mucho más económicos que otras opciones. Además, cuando alguien decide venderlos también está llevando un producto que ya tiene aceptación entre los clientes», explicó.
En resumidas cuentas, mientras continúan formando parte de la merienda diaria de muchas familias ribenses, los tradicionales dulces criollos también se consolidan como una alternativa para quienes buscan iniciar un pequeño emprendimiento con una inversión accesible.
DANIEL MELLADO | elsiglo
