Los Diablos Danzantes de la cofradía Devotos de Turiamo salieron este jueves 4 de junio a recorrer las calles del sector 23 de Enero de Maracay, para luego rendirse ante el Santísimo Sacramento durante la celebración del Corpus Christi del año 2026.

Simón Tovar, primer capataz de los Diablos Danzantes de Devotos de Turiamo, expresó con emoción su satisfacción por cumplir una vez más con las promesas realizadas, postrándose al Santísimo Sacramento del Altar. «Y él nos ha cumplido y, por lo tanto, aquí estamos dándole las gracias», comentó.
Tovar informó que la noche del miércoles estuvo sensacional, recordando que en dicha manifestación religiosa y cultural, que es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, los «prometeros» realizan una serie de rituales previos como rendir honor a los ancestros, ajustar sus cencerros, maracas y campanas en la cintura, y recibir las bendiciones o protección espiritual, como cruces de palma bendita, todo esto antes de ponerse las máscaras e iniciar el recorrido.
Luego, salen a media mañana del día de Corpus Christi a recorrer las calles de la localidad donde hacen vida. La cofradía de Devotos de Turiamo partió desde su sede, ubicada en la calle San Miguel, y se trasladó bailando hasta la iglesia de San Pablo Apóstol del 23 de Enero.
Hemos cumplido
«Estamos demasiado alegres porque hemos cumplido un año más con el Santísimo. Gracias a la prensa nacional y al público en general porque nos acompañan siempre», indicó.

Sobre lo realizado durante el día, el capataz, acompañado por más de 30 diablos, relató los detalles de esta tradición que se vive intensamente en las calles de 23 de Enero.
Al mitad de jornada, los diablos se rindieron, uno a uno, ante el Santísimo Sacramento, vestidos con sus característicos trajes y máscaras que colgaban. Concluida la rendición y el pago de promesas de todos los devotos, continuaron su recorrido para visitar los altares de varias familias que son devotas de esta tradición religioso-cultural.
Importante recordar que 23 de Enero no es el único sitio de Maracay donde los Diablos Danzantes celebran el Corpus Christi; también en el barrio La Coromoto realizan actividades. Aunado a eso, en las costas aragüeñas se vive con mucha intensidad la tradición, donde las poblaciones de Cuyagua, Cata, Ocumare y Chuao realizan rituales con sus marcadas características.
Contexto histórico
Es importante destacar que la tradición de los Diablos Danzantes está vinculada estrictamente a la colonización de las poblaciones originarias del continente americano por parte del Imperio español.

En este contexto, la tradición tiene sus orígenes netamente en la religión católica, cuando en el año 1264 el papa Urbano IV instituyó oficialmente la fiesta del Corpus Christi (Cuerpo de Cristo) para celebrar la presencia real de Jesús en la Eucaristía.
En la Europa medieval, especialmente en España (en regiones como Cataluña, Valencia y Andalucía), la procesión religiosa comenzó a acompañarse de representaciones teatrales populares llamadas autos sacramentales. En ellas, personajes disfrazados de demonios, vicios o monstruos danzaban en las calles intentando asustar al pueblo, pero terminaban arrodillándose ante la custodia sagrada como símbolo de sumisión.
Los españoles, en su proceso de colonización, utilizaron estas danzas y representaciones teatrales como una herramienta pedagógica de evangelización para los pueblos indígenas y, posteriormente, para las poblaciones africanas esclavizadas.
Fusión cultural
Con el tiempo, las tradiciones europeas, aborígenes y africanas se fusionaron, bajo el liderazgo de los esclavos, a quienes se les prohibía practicar sus religiones ancestrales. No obstante encontraron en el Corpus Christi una válvula de escape espiritual.

Reinterpretaron al diablo católico con la incorporación de sus propias máscaras sagradas, vestimentas rituales y, sobre todo, el golpe del tambor (la caja), transformando una obra de teatro estática española en una danza ceremonial colectiva y protectora.
Ya con el pasar de los siglos se constituyeron hermandades o cofradías que se organizaban formalmente bajo la mirada tolerante de la Iglesia, pero con una autonomía comunitaria absoluta. Se documentan los primeros registros escritos de promesas y agrupaciones en zonas como San Francisco de Yare y los pueblos de la costa de Aragua. El sentido del ritual cambió para siempre: ya no es solo una imposición colonial, sino un acto de fe, salud y resistencia; los danzantes (promeseros) pagan promesas individuales para sanar enfermedades o proteger a los suyos.
Y ayer, nuevamente los aragüeños devotos del Santísimo Sacramento cumplieron con sus promesas al salir como Diablos Danzantes, demostrando que es una tradición que se mantendrá con el tiempo a pesar de todas las dificultades de los tiempos modernos.
LINO HIDALGO | elsiglo
CJL
