La calle María Teresa Toro, ubicada en el corazón del barrio Libertador de Palo Negro, se ha convertido en el máximo exponente del deterioro urbano en el municipio Libertador. Una obra de reestructuración del sistema de aguas servidas, ejecutada por la alcaldía, terminó por destruir la vialidad, dejando a su paso una capa de polvo sofocante en verano y un lodazal intransitable durante la temporada de lluvias.

Los residentes, atrapados entre las fallas de los servicios públicos y el más absoluto abandono, alzan la voz para exigir una intervención integral que ya acumula varios años de retraso.
UNA HERIDA DE CUATRO AÑOS
José Ortiz, vecino de la comunidad con más de dos décadas residiendo en la zona, asegura que el problema de la calle no es reciente. Según su testimonio, el deterioro se remonta a más de cuatro años, justo cuando comenzaron los trabajos de cloacas bajo la gestión del actual alcalde.
«Las calles están destrozadas desde que metieron la tubería. Quedaron llenas de huecos y escombros, y de eso ya hace más de cuatro años», denunció Ortiz.
El vecino explicó que, aunque se reconoce el esfuerzo por modernizar el sistema de aguas servidas, la falta de planificación dejó secuelas graves. Entre ellas, mencionó tuberías de aguas blancas rotas en múltiples puntos y bocas de visita colapsadas que requieren mantenimiento urgente.
EL LODO Y EL POLVO QUE NO CESAN
Otro habitante del sector, quien prefirió reservar su identidad, complementó el diagnóstico ofrecido por Ortiz. El residente explicó que la situación se ha vuelto insostenible tanto para la movilidad peatonal como vehicular, ya que la maquinaria destruyó por completo la carpeta asfáltica sin que hasta la fecha haya sido repuesta.
«Aquí se forma un fango terrible cuando llueve; uno no puede ni salir. Y cuando llega el verano, el polvo se mete en las casas y nos enferma», relató el vecino.
El hombre agregó que, aunque han visto cuadrillas de la alcaldía tapando fugas de agua potable de manera puntual, esas correcciones parciales no solucionan el problema de fondo: la calle sigue siendo un camino de tierra y piedras.
EL CLAMOR POR UNA SOLUCIÓN
Ambos testimonios coinciden en que la comunidad no se conforma con simples parches. José Ortiz fue enfático al señalar que la Alcaldía del municipio Libertador no puede darse por satisfecha con haber instalado la cloaca, ignorando el caos que dejó a su paso.
«Solucionaron un problema, pero crearon otro. Ahora exigimos que vengan a pavimentar de verdad y que verifiquen las tuberías de las casas, porque hay vecinos que tienen las conexiones tapadas», sentenció Ortiz.
RODOLFO GAMARRA | elsiglo
fotos | JOEL ZAPATA
