El diario elsiglo se dirigió al municipio Diego Ibarra, justo en el centro de Mariara, para conocer cuáles son las expectativas del sector comercial local sobre el venidero Día del Niño.

En este sentido, a pocos días de la celebración, el movimiento comercial en este municipio carabobeño refleja una compleja realidad donde la fe de los vendedores se enfrenta a un bolsillo ciudadano cada vez más contraído.
Entre estantes coloridos y ofertas de último minuto, los protagonistas de la jornada -los comerciantes locales- intentan descifrar una «zafra» que, hasta ahora, se ha mostrado esquiva. La razón de este clima de incertidumbre es multifactorial. No solo influye la situación país y el bajo poder adquisitivo, sino también el impacto anímico de eventos recientes, como los movimientos telúricos que han mantenido a la población en un estado de cautela, afectando directamente el flujo de compradores.

LA LUCHA CONTRA LA COMPARACIÓN
«Está fuerte». Para los vendedores que llevan años en sus puestos, la comparación con temporadas pasadas es inevitable. La comerciante María, quien se dedica a la venta de textiles infantiles, ofrece una visión honesta sobre la lentitud del mercado actual. «Oye, ¿qué te puedo decir? En comparación del año pasado a este, está un poco fuerte. ¡Estamos esperando! El día del padre tampoco fue muy movido. Pero algo logró vender», destacó.
También nos acotó María, que los precios de los conjuntos oscilan entre los 3.500 y 4.500, y que la demanda se ha concentrado en artículos de primera necesidad o descanso: «Como son las pijamitas, medias, ropa íntima y camisa del diario».
EL DRAMA DE LOS COSTOS DE REPOSICIÓN
Por otro lado, la comerciante Santa pone el foco en una de las mayores dificultades: la brecha entre el costo de la mercancía y la capacidad de pago del cliente. Para ella, la fecha está «pesadita» y que «hay veces que vendo, hay veces que no». Está en una encrucijada de quien intenta mantener un negocio a flote con márgenes de ganancia mínimos: Actualmente, en su puesto se pueden encontrar franelas desde los 3.000 bolívares, un precio que busca simplemente permitirle «sobrevivir».
LA ESTRATEGIA DEL «REMATE» COMO SALVAVIDAS
Ante la adversidad, pone a la mente a innovar y resurgir en forma de ofertas agresivas. Víctor Disón, veterano en la venta de calzado, reconoce que, «con la situación que está pasando y el problema que hubo también han bajado un poquito la venta». Haciendo referencia directa al temor generado por los sismos recientes en la zona. Pero su espíritu de lucha no de cae y apuesta por el volumen de venta sobre el precio: «Sí, claro ahorita para el Día del Niño viene una oferta, tengo propuesto vender shores, franelitas, chancletitas».
A pesar de los sismos y las dificultades económicas Mariara sigue hacia adelante. El centro del municipio no es solo un lugar de intercambio comercial; es un reflejo de la voluntad inquebrantable de su gente. Que buscan en cada oferta y estante colorido, la sonrisa de esos niños y esos padres trabajadores que contra todo pronóstico, buscan ese pequeño detalle para mantener la ilusión de lo más consentidos. Al final del día, el esfuerzo de estos comerciantes es también un homenaje al amor de una comunidad que se niega a dejar de celebrarles a lo más pequeños del hogar.
