La tradición de usar ropa interior amarilla el 31 de diciembre en Venezuela tiene raíces simbólicas y culturales compartidas con otros países latinoamericanos, no tiene un origen único ni documentado con precisión, pero se cree que proviene de antiguas celebraciones relacionadas con el solsticio de invierno, donde el color amarillo -asociado al sol, el oro y la fertilidad representaba renovación, abundancia y buena fortuna.

En América Latina, esta práctica se consolidó durante el siglo XX como parte de los llamados agüeros o cábalas de fin de año y en Venezuela se volvió común entre familias que deseaban atraer prosperidad económica y energía positiva para el nuevo ciclo.
El amarillo, en este contexto, simboliza el deseo de comenzar el año con optimismo, éxito y estabilidad financiera. Algunas versiones del ritual recomiendan que la prenda sea nueva, que se regale en lugar de comprarse, o incluso que se use al revés hasta la medianoche para «activar» su efecto simbólico.
Yeni Cabeza, encargada de una tienda de ropa interior ubicada en un centro comercial de Maracay, comentó que aún hay personas que si buscan prendas intimas de color amarillo para recibir el Año Nuevo, «todavía hay personas que se acercan preguntando por la ropa interior amarilla», aseguró.
Yeni mencionó que prendas como boxers, pantys y brasiers en este vibrante color suelen ser tomadas como símbolo de suerte y abundancia.
Por su parte, Tanemy Rodríguez mencionó que las personas suelen usar ropa interior amarilla por estas fechas, «con la idea de atraer la prosperidad, la buena suerte, el dinero», sin embargo ella no participa de esta costumbre, ella en compañía de sus familiares cuando va a sonar el cañonazo agarra las maletas para que no falten los viajes y toma un puñado de lentejas para que haya prosperidad y abundancia, demostrando así las variadas costumbres que cada familia sigue para recibir el Año Nuevo.
UNA COSTUMBRE CADA VEZ MENOS FRECUENTE
A pesar de su popularidad en décadas pasadas, esta costumbre ha perdido fuerza en Venezuela por varias razones. En primer lugar, la crisis económica ha limitado el acceso a bienes de consumo como ropa interior nueva, especialmente si es de un color específico y poco común como el amarillo.
Además, las prioridades de muchas familias han cambiado: la preocupación por cubrir necesidades básicas ha desplazado prácticas simbólicas que antes formaban parte del ritual colectivo de despedir el año.
Por otro lado, el relevo generacional también ha influido. Las nuevas generaciones tienden a cuestionar o reinterpretar las tradiciones heredadas y muchas veces prefieren celebrar el Año Nuevo con costumbres más personales o influenciadas por tendencias globales. La pérdida de espacios familiares amplios, donde estas prácticas se compartían y reforzaban, también ha contribuido a su debilitamiento.
Fabiana Barros recordó como su mamá, su abuela y sus tías «tenían esa creencia» de atraer prosperidad y abundancia a través del uso de ropa interior amarilla, sin embargo, es algo que ella no pone en practica, «me pongo cualquier cosa o me combino con la ropa que vaya a usar», sostuvo.
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Barros acostumbra salir con las maletas porque a ella y a su familia les gusta mucho viajar, y para la abundancia y la prosperidad que no falten las lentejas en los bolsillos.
Aunque menos frecuente, la tradición no ha desaparecido del todo. En redes sociales y comercios locales aún se observa la venta de ropa interior amarilla durante diciembre y algunas personas la mantienen como un gesto simbólico o nostálgico. En ciertos casos, se ha transformado en una expresión más lúdica o estética que espiritual, adaptándose a nuevos códigos culturales.
En resumen, el uso de ropa interior amarilla el 31 de diciembre en Venezuela es una tradición que mezcla superstición, simbolismo y cultura popular y aunque ha perdido fuerza en el contexto actual, sigue siendo un reflejo de como las sociedades buscan esperanza y renovación al cerrar un ciclo y comenzar otro, así como las variadas y múltiples costumbres de cada familia para recibir el Año Nuevo.
EYRLEN NAREA CEBALLOS | elsiglo
